Katia Loritz fue más que una de ‘Las chicas de la Cruz Roja’

Tal vez sea incorrecto el título del post de hoy. Quizá habría que decir “además de una de Las chicas de la Cruz Roja”, que fue, una de las películas más vistas, más taquilleras de su tiempo.

Tanto hace que muchos de ustedes ni habían nacido siquiera, pero hay que recordar, claro que sí. ¡Qué sería de mí sin la memoria! Me viene al recuerdo que un humorista formidable de mi tiempo, Evaristo Acevedo, inolvidable, en su tarjeta de visita, decía: “Periodista. Barrendero de melancolías”.

Sí, claro, a veces uno no es más que eso, aunque me gusta mucho, lo otro de “escribo de las melancolías, pero sin melancolía”.

Da tristeza. Pero hay que aceptarlo, a veces la tristeza es bella, como en este caso concreto en el que recordamos a Katia Loritz, que se nos acaba de ir a todos los de mi quinta.

Era, fue, en efecto, una de las inmortales Chicas de la Cruz Roja de entonces, Concha Velasco, -superviviente excepcional- acaba de comentar en los periódicos de hoy mismo.

– Tenía cáncer de pulmón, pero no quiso operarse, aguanto hasta el final, eso sí, pintando.

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Y pintando bien, que hasta en su exposición, primerísima, aquella del Hotel Pez Espada de Torremolinos –su dueño de entonces, el banquero Fierro, el viejo, nos regaló a los asistentes una caja de cerillas con las cabezas de oro- ya fue un éxito. Porque Katia, que tenía unos inmensos ojos verdes y que decían que era sueca, y alemana, pues ninguna de las dos cosas, porque era suiza, y antes de la interpretación tuvo una educación en las bellas artes.

Era, además, una mujer a la Belluci, ahora de inmensa actualidad por lo de su película con el último James Bond, pero que además, tenía serenidad -Katia digo-, una belleza tranquila y unas piernas como ahora se dice “de escándalo”, por lo que en la escena y como intérprete de la comedia musical, que entonces se llamaba a escondidas “la revista”, pues tuvo un gran éxito, aunque cantaba más bien a su aire. O sea, regular. Pero llenaba la escena con su porte, su aire de europea guapa, su fuerza escénica.

Hizo además, muchas películas en su tiempo, y tuvo una hija, Patricia, que es una muy buena actriz de teatro, y de lo que le echen. La casta.

Katia, además de una mujer de gran personalidad exterior, fue una muy buena pintora, tanto que expuso y mucho, sobre todo últimamente, después de retirarse de la escena. A mí, me sorprendió, que aquella dama, a la que había que besarla en la mejilla, las dos, levantando la mirada, fuera además tan buenísima artista plástica.

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Tanto que creo que entre mis escasos logros en los titulares, hay uno sobre ella: KL. Actriz concreta, pintora abstracta. Que no sé si en verdad me lo dio Yale, extraordinario reportero cordobés, que en paz descansa, padre, por cierto, de Julia Navarro; la gran escritora de novelas que tiene un best seller.

Que tampoco era para tirar cohetes, pero vaya. Katia, que en la abstracción era como si explotara los colores que había en su paleta. Era una actriz, culta, aparentemente distante pero no, porque era sencilla y cercana. Cuando se la llamaba por teléfono, allí estaba, recibiendo a los periodistas. Yo le hice muchas entrevistas en la radio, en la televisión, creo que en ¡HOLA! también, porque en ¡HOLA! siempre tenía sitio. Además de por la belleza exterior, porque sabía decir cosas y decirlas bien, aunque con acento suizo. Tanto es así que en las películas la doblaba una de las damas de mejor decir del momento español; María del Puy, que era compañera mía en la tele, muy buena presentadora y actriz de teatro.

Katia se ha ido a los ochenta y tres años, y la última vez que la vi era pelirroja. También fue morena, y rubia, y siempre era guapa y un poco misteriosa, como si guardara algún secreto, cosa que por otro lado no tiene nada extraño, porque todos tenemos un secreto, algunas tienen más sin confesar.

Siempre daba un titular y hacía de bella europea en las películas policíacas donde tuvo gran éxito. Así que desde aquí, adiós, querida Katia, importante en tu vida como actriz, como en tus silencios, como pintora.

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Fue una sorpresa su aparición en el mundo de lo plástico. Recuerdo ahora mismo uno de sus últimos bodegones, formidables. A veces hablaba de su país de origen, Suiza, pero sin nostalgia. Amaba España y se quedó entre nosotros. Me gusta, y a la par me entristece, recordarla hoy que se nos ha ido. Pero me alegra hablar de ella, además de que fuera una de aquellas Chicas de la Cruz Roja de la película de Salvia, una bella dama, que se quedó en nuestro país para siempre. La entrevisté por última vez en su casa de Madrid hace algún tiempo. Por cierto, que yo  bajaba de la entrevista, y una alta autoridad de la cultura, en España, subía las escaleras. Nos dimos la mano en el descansillo, y me dijo:

– Vengo a comprarle un cuadro a Katia, es una pintora formidable.

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