Carolina y las 16 plumas de ganso

Carolina Marín ya es leyenda. Con lo temprano que era ayer, y domingo, a las siete de la mañana, hora de España, y ya estaba despierta, levantada incluso, esta vieja nación que es la nuestra, la española, esperando ver cómo ganaba esta niña de veintidós años nacida en Huelva, en su Campeonato del Mundo de Bádminton de tan lejos, en el quinto pino de Indonesia.

O sea, que esta misma mañana de agosto; todos, sin excepciones, somos:

Primero, de Carolina Marín.

Segundo, posibles jugadores de bádminton, que aunque sabía que era algo hermoso, fuerte, juvenil, que te hace mejor en el cuerpo y en el alma, no tenía uno la idea total, fresca, cierta. Es como el tenis pero más ligero, con menos complicaciones. Creo yo, así dicho a la primera, y que me perdonen los expertos.

Porque esta niña, porque es casi una niña, en sus reacciones, aunque tiene el resplandor de los gigantes, Carolina Marín ya es -y por dos veces seguidas que no es frecuente- campeona del mundo de su especialidad. La raqueta que en ella tiene la forma de la guitarra -puesto que es de la tierra de los grandes del duende- y la bola, que está hecha, y he sido informado sobre el particular, de dieciséis plumas de ganso.

Porque es una pelota ligera como de golf, que necesita de una agilidad especial, una cierta belleza de ballet para manejarla, por encima de la red. En España ya está funcionando, y bien, lo que pasa es que ahora se va a convertir en un deporte masivo, algo que pasó a ocurrir, con Rafa Nadal y el tenis, aunque algunos ya sabíamos de él después de Manolo Santana. A partir del otoño, ya lo comprobarán en sus propias carnes. El bádminton será el deporte de este invierno, y si no, al tiempo.

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El milagro que convierte a la persona que lo practica en un alado, bailarín de ballet de El Lago de los cisnes, lo acaba de hacer con su manera de jugar, pero también con su modo de ser y de estar esta muchacha de Huelva, a la que su padre hace unos años, le planteó la gran verdad:

– Sé, hija, que te gusta mucho el flamenco. Esta es una tierra grande, en la que hay gente que canta como Perlita de Huelva y como Paco Toronjo que es el mejor cantaor de fandangos del Alonso, del mundo. Pero veo que te gusta también el deporte. Es hora de elegir para empezar a entrenar en lo que sea.

Y Carolina eligió, parece ser que sin mucho pensarlo, aunque ya hacía pinitos en lo del arte flamenco, el deporte, la raqueta, el vuelo ágil, elegante, pero fiero a la vez, de la paloma del bádminton.

Y se convirtió sin hacer más largo el cuento, en lo que es hoy, la mejor, y por dos años consecutivos en la tierra de las mejores. Para ello, ha entregado su vida entera, incluso eso que se llama a los veintidós agostos, la alegría y la cercanía de los amigos. Lo ha dado todo en una entrega total hasta el tatuaje pequeño que lleva en su mano izquierda -porque es que no hay más verla, zocata, jugando- son los cinco aros olímpicos, en versión mínima. Además sonríe de verdad, se arregla el pelo como Nefertitis, y por si fuera poco, lleva encima el anuncio del aceite Carbonell, que es del sur por encima de todas las cosas, como ella.

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Habla huelvano -esto es como los de huelva, pero con un acento oceánico-, sonríe como si se riera al mismo tiempo y ya ha aprendido a morder el oro de las distinciones, como hace su ídolo personal, que es Rafael Nadal, que fue el primero, o el segundo en ponerle una felicitación urgente. Incluso cuando ganó ayer domingo, tan lejos, en Yakarta, se tiró al suelo como el de Manacor, al mismo tiempo que lloraba. Me da la sensación, no sé por qué, de que lo que lleva al cuello es una medallita, quizá de la Virgen de la Cinta, la patrona de Huelva, a la que yo he pregonado cuando tenía casa en la Antilla, en Lepe, que se levantó temprano también en domingo para ver a su campeonísima.

También le mandaron felicitaciones, por ejemplo, cómo no, los Reyes de España, que ya mismo empezaran a que jueguen a bádminton las infantas, y si no al tiempo, porque es un deporte bello, ligero, que fortalece las  piernas y la imaginación al mismo tiempo. Dice Carolina, -hoy en todos los medios como ayer desde primera hora- que lo que más le gusta de lo que hace es que le divierte hacerlo y que hay que estar ahí desde el principio, dispuesta a ganar, que es como sale ella siempre. Le piden ya en España, los niños sobre todo, autógrafos, y se siente feliz sacando a relucir la bandera española en cuanto le es posible, incluso, como ayer, que se la ató a la cintura tipo falda larga oficial indonesa.

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Mañana a primera hora, ya estará llegando a España. En Huelva ya la esperan con los brazos abiertos, claro. Huelva luminosa y siempre recordada. Ya es su heroína total. Y lo merece. Por su constancia, por su humildad. Por su fuerza, y sobre todo porque “sabe lo que quiere”, habla un inglés, magnifico, y es, caminando, un cisne en una pasarela. Se cuida, se sacrifica, ah, y tiene novio. Es muy fuerte, también mentalmente. Desde el principio del partido último, Carolina salió a ganar.

Y se pudo comprobar, si acaso dos equivocaciones en una hora de partido, que nunca se hizo interminable. Debo agradecerle a Carolina, que además tiene nombre de princesa, una cosa por encima de ninguna otra. Sé que en el dieciséis ganara en la olimpiada de Río. Lo sé. Lo digo con tiempo. Pero es que ayer, en la mañana, me harté de llorar. Ni lo del himno, que era la misma música con otra letra, enturbió mi llanto. Porque yo lloraba lágrimas de felicidad. Niña Carolina, ¡hacía tanto tiempo….!

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