Aquel domingo plácido con Plácido Domingo

Fue en Nueva York, la verdad es que yo forcé, queriéndolo, el que la cita se consumara en domingo. Acompañaba el periodista en este caso concreto a Valerio Lazarov, el inventor del zoom más valiente de la Televisión Española, con el que llegué a trabajar incluso. El rumano de la melena de violinista que asombró la España de los primeros días de la tele.

Habíamos llegado a, digamos, la ciudad de los rascacielos -que siempre fue y sigue siendo la capital del mundo en tantas cosas-, para dar fe de un encuentro fabuloso: Julio Iglesias, que mejora de su nostalgia lógica después de haber sido uno de los mejores del mundo en lo suyo, y Plácido Domingo mano a mano cerca del Central Park y en aquel sitio fabuloso, aquel restaurante ruso de los de verdad, donde se devoraba el caviar, el verdadero, el persa gris con cucharones de plata rusa, y el vodka era de los de curar heridas de la guerra de Crimea. El ambiente de violines, de oficiales rusos, que demostraba claramente que los militares soviéticos, en los ratos libres, aprendían de los inmortales y además, pues era aquel encuentro una manera de ofrecer a los españoles -en España- que podíamos presumir de dos gigantes y que no sólo eran jugadores de baloncesto, aunque los Gasol todavía eran un proyecto catalán, o sea, español por más señas.

Dicho lo cual, la cita se  realizó, y de ello dimos constancia en su momento y tiempo. Estará en los buenos archivos de la Televisión Española, donde está también gran parte de mi vida y de mis dos muertes, que cuando llegue noviembre, día uno y dos, les contaré porque me morí dos veces, dos, en América y frente a las cámaras de televisión. Lo que pasa es que luego “resucité” dos veces. Pero esa es harina de otro costal. Se la contaré cuando llegue el momento.

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Aquel día era domingo, y bueno, no llovía en Central Park pero el cielo estaba como hoy que escribo: gris panza de burra, como algunos días los cielos de ese paraíso que siguen siendo las Islas Canarias en las que me morí por tercera vez, historia que me hace pensar que guardo el alma del gato en mis entrañas.

A lo que voy.

Sentados en aquella mesa redonda del fondo, rodeados de cámaras y espejos y cristales de Venecia en el techo, todas las luces encendidas. Los rusos, camareros, vestidos de cosacos del Rin, y los violines sonando… Empezamos hablando de  nuestras cosas, que eran las de España en aquel momento, hace no sé cuántos años.

Había, claro, un piano en un rincón y en uso, un piano de los de cola, de los mejores, para grandes conciertos. A los rusos les gusta mucho usar el piano en los postres y bailan incluso sobre sus teclas las viejas canciones, por ejemplo -la vida es un puro tópico-, aquella danza del sable que más de una vez tuvimos que ensayar en nuestros colegios de provincias, en el día de la entrega de diplomas.

Vale.

De pronto Julio, en esa media voz suya excepcional, mágica, que aún le permanece, como le pasaba a Sinatra -por dar un ejemplo y sin ánimo de comparar-, empezó a cantar. Mientras Plácido, sentado al piano negro, solemne, iniciaba una música que en este momento no recuerdo, aparte de que tengo un oído indigno de mi nacimiento andaluz, además de mi amor a la copla tantas veces demostrado… cuando pierdo la vergüenza y estoy en el sur.

Julio, paladeando lo que cantaba, como siempre con el mayor de los gustos, enamorando, inició su participación. Valerio había dicho “estamos grabando” y aquello era una divinidad.

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Y de pronto, Plácido Domingo fue a la par, que hacía sonar el piano levantando su voz, primero un surtidor, arriba, arriba, hasta llegar… ¡a convertirse en un torrente! ¡Un alarido de música, una torre de voz, un solo que ni Pavarotti -del que aún no sabíamos todavía-!

Y ¡de pronto empiezan a romperse, a desprenderse, las lágrimas que colgaban de  las cien lámparas del techo, como un temblor de tierra, como un terremoto que hacía vibrar hasta los espejos de la sala!

Era Plácido, sonriente, cantando lo que fuera, se rompieron los relojes de las paredes, se levantaron del suelo las alfombras de San Petesburgo que pisábamos… ¡Y después el silencio más cruel! Diría yo, la verdad desnuda y verdadera. Y en aquella tesitura, la voz de Julio Iglesias que pregunta a la española, mientras los camareros recogían los cristales del suelo:

– Plácido, maestro… Dime cómo se hace eso.

Plácido, que mantiene la misma voz, o mejor, que aquel día. Plácido, que más de una vez me dijo aquello de:

– La verdad es que con lo único que sueño, como buen madrileño, es con ser alcalde de Madrid.

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Es un viejo amigo. Ahora Salzburgo, que es la cuna de la música sin género de dudas, le ha rendido el homenaje que quizá Madrid no le haga. O sí. El paisano, nacido en la calle Ibiza cerca del Retiro, con el que he vivido yo además aquellos días posteriores al terremoto de México donde se le vio arrancar las piedras con las manos para encontrar a los suyos. El forofo del Real Madrid ha celebrado, lejos de la capital donde nació, sus cuarenta años cantando en la historia de la música y es, sin género de dudas, el mejor en lo suyo, cantando en solitario o en solidario, dirigiendo orquesta, paladeando la zarzuela, degustando el bolero español, que ejerce de español, monstruo total, el cabello blanco al viento, la barba cuando haya que dejársela, enamorando a quien con él trabaja en el escenario, convirtiendo la ópera en un pasodoble de bolsillo para él.

Plácido, escribo en lunes recordando aquel domingo maravilloso e irrepetible. No es fácil  reunir el mismo día a un cóndor y a un jilguero cantando en la misma jaula. Escapados del mítico Central Park donde aquel día precisamente Greta Garbo y su amante española sudaban juntas bajo sus chándal de seda, corriendo sin ser descubiertas por las avenidas, llenas de vagabundos y de niños, del parque más hermoso del mundo.

  • Cuando paso lo del terremoto en la ciudad de México, Plácido Domingo fue la persona más solidaria para los Méxicanos, y sí como lo dice usted levanto piedras con sus manos y todos los Méxicanos lo miramos!!! también lo recordamos y lo queremos mucho. Mí sueño es ir ha un concerto de él pero desafortunadamente, los boletos no están há mí presupuesto y esta semana se presenta!!!! en Valle de Guadalupe, en Éncenada, Baja California, México. A una hora de mí casa!!! qué tristeza!!!!

  • EL ESPAÑOL MAS IMPORTANTE DEL SIGLO XX Y XXI
    PLACIDO TE HE SEGUIDO POR TODAS PARTES DEL MUNDO
    CUANDO ERAMOS JOVENES HASTA EN UNAS VAQUILLAS QUE ORGANIZARON LAS TRIPULACIONES DE IBERIA EN SAN SEBASTIAN DE LOS RIOS
    TAMBIEN ESTUVE EN TU CUMPLEAÑOS EN EL REAL,REMOVI A TODO MADRID PARA PODER TENER UNA ENTRADA.

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