Aline de Romanones, la condesa que fue espía

Me llaman para decirme que Aline Griffith, condesa y viuda de Romanones, mejora de su mal del tabaco de tantos años fumando. Y lo hace en Marbella, donde su hijo, uno de sus tres hijos, es presidente de ese lugar único donde en su día vivió de paso la señora Obama, y que es una maravilla en el paisaje de la Costa del Sol. Entre su balcón de la villa que mira al mar, al pie de las palmeras más esbeltas del planeta, bajo su pamela, elegantísima… Todo lo que se pone Aline se convierte en una especie de prenda única, que sólo ella sabe llevar como nadie, o también a veces acudiendo a la clínica Quirón, donde se somete a una revisión lógica a la que ha llegado por culpa suya.

“Las espías fuman mucho”, me dijo una vez cuando hablamos largamente para ¡HOLA! hace unos años ya. Por eso, a veces tose mientras lee, que es una de sus pasiones, o escribe, que es otra de las formas de divertirse, porque si hay una mujer en este momento y en este país que tenga más cosas que contar que ella, no es posible encontrarla.

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Aline, que reconoce, porque su nombre está en las enciclopedias, creo que noventa y cinco años -muy bien llevados por cierto- es, sin género de dudas, una de esas damas de la gran élite planetaria capaz de brillar con luz propia en cualquier lugar en el que se encuentre. Y sobre todo por cuanto ha vivido, y más todavía por lo bien que lo cuenta, porque escribe muy bien, que no en vano. Además de periodista de escuela, es autora de muchos libros en los que ha contado gran parte de lo que ella ha vivido, aunque es el momento, que aquí le digo, y le envío hasta donde se encuentre, que creo que está escribiendo otro libro nuevo, y ya de entrada best seller asegurado.

Si bien debo decirle:

– Querida condesa de Romanones, ¡ay el día que te decidas a contarlo todo, pero todo, todo de verdad! No pierdo la esperanza, porque quiero celebrar contigo tus primeros cien años, con ese resplandor tuyo, de una era que se va, como más o menos se llamaba tu reciente, por ahora, libro de memorias.

De todas formas, lo que ya sí puedo decir es que hemos charlado, varias veces, quizá muchas, condesa de Romanones. Aquel Luis, elegante, discreto, buena gente, un señor entre mucho señorito, al que yo conocí a tu vera en tu casa del Viso, que aunque he subido esas escaleras, a veces cubiertas por las hojas secas del otoño, hasta llegar allí donde tú estabas junto al hermoso jarrón chino, etc, etc…

Lo cierto es, querida Aline, que tanto así, como en Nueva York, cuando acababa de salir otro de tus libros, o incluso en esa finca única, ese cortijo extremeño, que es Pascualete; donde también escribiste aquel otro de historias, que a mí me gusta más que ningún otro de los tuyos

Por cierto, condesa, que aún no he dado las gracias por esa colección de quesos, que son, eran, como joyas de la naturaleza, que habéis conseguido entre tú y los tuyos, tu hijo Juan, creo, que sea uno de los postres, a veces los aperitivos de las mejores mesas de Europa y América. Gracias, los repartí entre mis cuatro hijos y mis cuatro nietos, como si fuera en una testamentaria de las joyas de la corona.

Aunque para joyas, tú, condesa, que bien que recuerdo aquel collar que me dijeron que te regaló la duquesa de Winsdor, aquella dama misteriosa con la que estuvimos, ya lo he contado aquí, en la noche que el bailaor Antonio les ofreció en su estudio de la avenida de América… en Madrid.

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La duquesa de Windsor

Si habrá sido Aline, que era de la CIA antes de que naciera la CIA, y con el sobrenombre, o apodo, en la compañía de Tigre, que más bien debía haber sido pantera porque a veces, cuando enciende un cigarrillo y te mira a los ojos parece más que la presa del safari, la cazadora, ya que les debo informar que la fotografía más elegante que yo he visto en mi vida, vestida de cazadora, a la antigua usanza, es la de Aline bajo una encina de su cortijo. Formidable. Digna de ser firmada por Coco Chanel, por dar un nombre.

No en vano, en su tiempo, – nació en Nueva York, cosa que no todo el mundo puede presumir de ello- Aline fue modelo, y con mucha personalidad, que son las que siguen siendo modelos en su propia vida, que en el fondo es una pasarela difícil y comprometida. Aline vivió tras la Guerra Civil española, aquí, en el que se habría de convertir su país, y cuando se casó, un dato para tener en cuenta, la Condesa de Romanones fue vestida con el blanco Balenciaga de la leyenda.

Hizo un gran servicio para su país, Estados Unidos, en un sitio clave como era la España del cuarenta. En la jerga de la CIA, también le llamaban el espía Bush, y su casa palacete de Madrid tenía línea directa con la misteriosa sociedad del águila calva en los Estados Unidos. Su matrimonio fue feliz, y los personajes que pasaban por sus casas eran los más brillantes de la época.

Ella misma ha contado muchas veces, además de en sus novelas, que tenían mucho de verdad, de autobiografía, que aprendió a manejar el cuchillo, y no sólo el de caza para los jabalíes, sino el de la política internacional, y que sabía cómo se manejaba un arma de fuego, que en muchas ocasiones tuvo que llevar en el bolso. Fue la espía de rojo de la película y mantuvo, y guarda, su personalidad, su sonrisa, y recuerdo que un día hablamos de la gente que conoció a lo largo de toda una vida de condesa y de espía, de modo que siempre con ella, uno escasamente tenía que preguntar, porque ella era una gran protagonista de su apasionante historia tanto en el amor como en el secreto de su oficio verdadero.

De todas maneras, uno de los personajes más importantes de su historia ha sido y sigue siendo Carlos, el chacal, aquel que estuvo a punto de asesinar en la distancia al presidente Degaulle. Y no todo el mundo puede decir lo mismo. El personaje, venezolano, vivo todavía, está en una de sus apasionantes historias. Me gustaría mucho, volver a besar su mano, con o sin anillo, que la mayor parte de sus joyas las subasto en Sobesthy, creo, y que eran muchas y rutilantes. De todas formas, le queda el tesoro de su queso, el de Pascualete, donde ella gustaba tanto de retratarse como una hacendada australiana entre sus ovejas.

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