Niña Chabely no te importe que te llamen ‘machupichu’

Niña Chabeli, hija de Isabel Pantoja a la que, digan lo que digan, le pese a quién le pese, quiero tanto. Verás, te veía casi todos los días, si es que estaba de pie. Siempre con mi dolor a cuestas, niña Isabel, Isabel II como te dicen a veces todos, o casi todos, las tardes a pie de obra viendo Sálvame.

Porque yo soy un forofo de los programas. Espantan la angustia que nos rodea y sobre todo me enseñan que, aunque sea sólo por dinero, que no es poco, aún quedan luchadores que están ahí a la vista de todo el mundo, con sus miserias y sus grandezas, haciendo lo que pueden hacer, incluso lo que deben hacer, por sobrevivir.

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Así que niña Chabeli, que no sé si es con uve o con b, si es con i latina o i griega, lo que quiero decirte es algo que me quema el viejo corazón que aún me habita. Verás, como quizá tú recuerdes, aunque eras muy niña todavía, este reportero te hizo aquel reportaje que fue portada de ¡HOLA! hace tanto tiempo, cuando tu madre, Isabel, te trajo desde Perú como niña deseada.

Y desde ese preciso instante, creo que fue en vuestra casa de la Moraleja, ganada y no heredada con el aire de la copla de tu madre, te quise, niña, a mí manera sin que tú lo quisieras, sin que lo supieras, sin que te enteraras. ¿Y sabes por qué? Pues porque yo ya conocía y amaba a tu país, desde aquel primer día que subí a Machupichu hace ya tanto tiempo. Tantos años. ¡Cuántas veces lo abre contado!

Verás. Viví en Lima, bajo las panzas de burra de las nubes grises. Me asomé a los balcones de las plazas del virreinato. Entrevisté a los Jefes de Estado de tu pueblo en el viejo palacio, aquel donde había un retrato de Túpac Amaru, el primer gran dios humano de vuestra historia, padre de la guerrilla.

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Busqué a María, la alemana que se ocupaba de limpiar todos los días con una escoba las señales únicas de lo que yo llamé “el cuaderno de los dioses”, el candelabro, el mono, el águila, que sobrevolé jugándome la vida, fui hasta paracas, bebí el té de coca, de allá arriba, en Cuzco, en Arequipa, en…

Entrevisté a Vargas Llosa, uno de los mejores escritores de nuestro tiempo, en su casa de Lima, busqué la casa de aquella que canto “desde el puente a la alameda”, visité el Museo del Oro, las iglesias españolas, navegué tu Amazonas, escapé del sendero luminoso al que yo llamé el “sendero tenebroso”, y visité un día por fin, Machupichu, donde vivieron los dioses incas, sobre el río Rurumbamba, en aquel trenecillo que subía desde Cuzco, cusco como ahí decíais, hasta lo más alto, los cerca de dos mil quinientos metros de piedra y luna de ese lugar mágico, magnifico, único, agotaría los adjetivos, que convirtió mi vida de transhumante.

En dos mitades, así de claro, niña. Antes y después de Machupichu, que la vi por dos veces en un mismo día, una mientras caía la noche sobre el pueblo divino por donde a veces, divagaba una llama la vieja montaña de los incas… Y de amanecida también. Cuando la luna, ardiente, quieta, casi roja, de plata encendida, daba paso al altar del sacrificio, a un sol, espléndido, inmortal. En la tierra de los seres humanos, aquel lugar divino, que te dejaba para siempre la marca de lo inolvidable…

¡Machupichu niña!¡Machupichu!

Me hubiera quedado allí para siempre. Hasta aprendí quechua cuando yo ya conocía el aimara, las dos lenguas de tu viejo pueblo, de tu antigua sangre, derramada… ¡ay si yo hubiera podido estar allí presente aquel día en que el Inca señaló con su mano la altura a la que llegaría su oro si merecía la libertad del conquistador!

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Machupichu, nena, ¡lo más grande de lo más grande! De todo lo que había visto para contar por el mundo entero, incluso siendo como soy, un nazarí, nacido al pie de La Alhambra de Granada. Y ahora, resulta que cuando quieren hacerte daño, dicen que te dicen, siempre hay malditos sueltos, machupichu, como si te hirieran cuando te enaltecen. Y además, forma parte de tu paisaje, de tu sangre misma, porque cuando te veo, ahora ya rodeada de valientes, de héroes del plasma, me alegro de haberte conocido.

Pobre niña, madre, rodeada de gigantes tatuados, de toreros que todo lo expusieron, hasta el toro del olvido, de perdedores vestidos de ganadores… Ay mi niña, ¡deja que te llamen machupichu! ¡Ya quisieran ellos!

En mi libro de la Crónica de América, que a veces encuentro en las librerías de viejo como dije el otro día, seiscientas páginas que recogían un cercano largo viaje de un año por toda América, cuando era jefe de reporteros de ABC, desde Usuhaihia hasta el río Grande, y que después hice libro y ya no tengo ni uno. Pues ahí está la narración de aquellas horas en el hotel abierto al milagro, envuelto en la niebla de aquel lugar, prodigioso donde no es sólo lo que se veía, sino lo que se sentía, lo que te rodeaba y a la vez te atrapaba para siempre.

¡Qué alegría de que te llamen machupichu! Niña con el rostro de terracota, madre e hija al mismo tiempo, dos veces hija de de leyendas al mismo tiempo, de allá arriba la primera, de acá abajo la segunda. Por si no sabías de dónde vienes, ya sabes de donde, de Viracocha, y el que quiera saber quién es, que lea los libros de viaje y de la gran aventura de España en América.

Beso tu frente, pequeña, del color de la canela. De la canela en rama donde arde la orquídea salvaje encontrada en el fondo de la cueva donde se guardaba la leyenda del dios de los incas. Tu abuelo, por parte de padre. No te olvides.

    • Bravo! Bravo Sr. Medina!
      Soy Peruana y jamas lei algo tan espectacular sobre mi pais. Mil gracias por esas expresiones tan reales y cautivantes sobre mi Peru.
      Efectivamente, Chabely no tiene porque sentirse mal cuando la llaman asi, al contrario, deberia hinchar su pecho de orgullo.Ojala venga por aca y haga el recorrido del cual usted habla y asi, quizas, empiece a querernos y no sentirse insultada.
      Bravo, otra vez.

  • Excelente el post pero olvidaste mencionar a la Pacha Mamma….la Madre Tierra que une a todos los habitantes del planeta. Esta chica necesita de alguien que la sepa guiar por el camino del bien. Disfruto mucho tus escritos. Un cordial saludo desde America.

  • Desde Argentina, eres maravilloso !!!! Tu manera de escribir y de sentir las cosas.Maravilloso !!!Què emociòn debe ser saber que tus escritos los leemos en todo el mundo.

  • Me encantaria visitar este histórico y magíco país!!! Solamente usted Maestro Tico tiene la magía de escribir como lo hace, hojala y lea este blog la hija de Isabel Pantoja, ésta muy desorientada.

  • No he podido todavía visitar ese mágico lugar al que si he leído y visto en fotos,reportajes,etc.
    Pero desde luego que te llamen por su nombre no es un insulto aunque así lo pretendan si no mas bien para sentirse orgullosa,a la vez que demuestra la ignorancia que como insulto lo consideran.

  • Sr. Tico Medina, que linda semblanza a mi querido Perú.. me siento aun mas orgullosa de mi país al cual visitaste y conoces bien porque has vivido acá y amas mi Perú.
    Mencionas los balcones coloniales de las plazas de Lima, las Líneas de Nazca, Paracas, Arequipa, el Cuzco donde se encuentra el maravilloso y mágico Macchu Picchu, hasta la gran Flor de la Canela de Chabuca Granda… sencillamente eres increible, adorable, .. Que envidia (de la buena) por Chabeli a quien le dedicas estas blog, espero que lo pueda leer y sentirse bien encontar la brújula en su vida… Ojala pronto se anime y visite su tierra natal, se va quedar maravillada……

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