Julio en julio

Ayer, miércoles uno de julio del dos mil quince, el nombre de Julio Iglesias, porque no hay más que un Julio, a secas, que es el nuestro, a pesar de que hay muchos que se llaman Julio y a los que les pido inmediatamente perdón. Bueno, pues ayer Julio Iglesias volvió a resucitar.

Cuando calla Julio Iglesias, lo dice quien bien lo sabe que escribí sus memorias hace ya algunos años, Julio Iglesias entra en el cielo y el infierno, lo hace como duermen los jaguares. Esto es, siempre con un ojo abierto.

Es uno de los especiales, de los grandes, que ha conocido uno a lo largo de su vida, que ya está en los setenta, aunque no los demuestra el tío. El otro día ya le vieron con la toga y el birrete, tipo Vargas Llosa, en la escena triunfal de su nombramiento de honor en la universidad norteamericana de Berkeley, en los Estados Unidos de América, donde habita aunque tiene casa españolísima en el sur de España donde además, cuida de sus  propias gallinas y le tienen puesto nombre y apellido a sus tomates….

Bueno, pues de pronto, resulta que en la tele aparece la noticia. Julio Iglesias, hospitalizado urgentemente en una clínica de Nueva York por problemas de corazón.

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Así que de nuevo, Julio, porque él lo ha querido como siempre, su cabeza es ferozmente consciente de su sitio en el mundo. Ayer, hoy y siempre en la actualidad, alarma y avisa que algo ha ocurrido en el finísimo cerebro de nuestro artista más universal, y más si se trata de su corazón.

Así que manos a la obra. Me puse a trabajar en ello. Por lo pronto hablé con mi hijo Ignacio, que trabajó como asesor con él poco tiempo, pero lo suficiente como para ordenar las coordenadas de la noticia. Poco después vino la confirmación esperada.

“Una revisión médica a resultas de un dolor lumbar. Ha sido operado felizmente y tras unos días de reposo ha vuelto a su casa de Miami. Eso sí, todos sus conciertos en Europa han sido suspendidos hasta nueva orden”.

No había pues motivo de alarma. A Julio Iglesias le duele y mucho la espalda. Y no de ayer mismo, sino de hace medio siglo, cuando siendo un muchacho sólo soñaba con ser, que no era poco, portero del Real Madrid.

Pero un desgraciado o afortunado -quién sabe el destino lo que hace- accidente de coche en una carretera cercana a la capital, hizo que tuviera que plantearse la vida de otro modo. Su padre, que era un estupendo doctor ginecólogo en Madrid y que había ayudado a traer a no sé cuántos niños al mundo -yo le llame en su día “pastor de cigüeñas”- le regaló un nuevo futuro: una guitarra. Le transformó la existencia.

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No haremos más largo el prólogo. Hasta llegar donde hoy está, es decir, un triunfador mundial en lo suyo, y en todo aquello que se propone, un estupendo padre de familia numerosa y un cantante que ha vendido cientos de millones de discos a lo largo de toda su vida.

Pero deben saber algo. Julio sufre físicamente mucho. Lo sabe bien su fotógrafo más cercano y buenísimo, Jesús Carrero; el único que por demás es capaz de retratarlo como él quiere.

Julio cuida su imagen, su perfil, su retrato físico, como el químico el interior del que es su dueño y señor. Pero sufre mucho, todos los días; todos los que sube a un escenario o cuando va en uno de sus aviones, o cuando bebe una copa, poca, del mejor vino del mundo, o cuando se fotografía bajo las palmeras de sus islas preferidas.

Él sabe que yo le conozco bien. Aparte de que he vivido con él mucho tiempo, o acompañándole cerca en los mejores hoteles de la tierra, o por ejemplo, aquel día que tomamos él té con los hombres azules del Sahara. Hoy día de extraordinaria actualidad.

Como resultado de aquel accidente, Julio Iglesias debe estar constantemente, siempre, aliviando su dolor, que es inmenso aunque parezca que bajo su traje de alpaca negra que se viste como un torero hace con su traje de luces, en el caso de él, como un traje de cruces, y no es la primera vez que acudo a esta metáfora, no hay más que un cuerpo triunfador.

Ganador diario de la pelea con el mismo que él conoce y soporta, y le hace cada vez más grande en lo que es su lucha interior. Julio se cuida, sobre todo cuando Miranda, la mujer a la que más amo, lo lleva o casi le ordena, la revisión inmediata. Los huesos envejecen y se lo dice a usted, quien sabe de esto y más cuando ya no tiene uno dieciocho años ni para amar, ni para sufrir.

Bonita foto de archivo de Julio con Chábeli, Enique y Julio Jr

Así que Julio ha acudido al médico, y el médico le ha internado en la clínica. Parece ser que ha sido operado de algo lumbar que le fastidiaba más de la cuenta y Julio se repone. Su corazón, a veces tan grande aunque no siempre se lo dice a ustedes, quien bien conoce el tamaño  y el peso de su corazón, ya está a punto.

Nunca dejo de estar a punto. Su avión, el último, le espera, su mujer le ama y sus hijos ya tan grandes, como pasa el tiempo, le rodean. No sé si sabrá que escribo este blog y que no es la primera vez que hablo de él, pero lo que sí sé es si se entera igual me llama esta noche, dios sabe desde donde como hace cuando él quiere, de cuando en cuando.

A mí me alegra dar la noticia de que el sabio conocedor de los corazones, sobre todo de las mujeres del mundo, mantiene el suyo. En la línea triunfal de los triunfadores. Esto es, con las pulsaciones del corazón de un muchacho que sigue enamorando y sembrando el amor por el mundo, cuando canta.

De nada Julio Iglesias, mi viejo amigo…

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