Se llamaba María del Dulce Nombre y era de Triana

Se lo dije un día hace ya muchos años:

– Niña, el primer sacrificio que hiciste en tu vida fue ese, cambiarte de nombre. El tuyo de verdad era formidable. Único. Y encima o además, aceptaste que te llamaran folclórica cuando tú eras y eres una cantante total.

Ella te miraba con sus ojos de niña que era capaz de hacer que se movieran por dentro como si fueran de pilas y sonreía como diciendo:

– Lo que tiene una que hacer, hijo mío, por el arte flamenco.

Y se quedó con lo que se nos ha ido. Marujita Díaz. Aguantó en el circo de la vida hasta anteayer mismo como quien dice porque estuvo en el ‘Sálvame’, que la salvó del olvido, como a tantas otras con su presencia aunque fuera para hablar de sus pies cuando aún mantenía hermosa su cabeza. Se ha ido a los ochenta y tres veranos, cuando ya lo que Lola Flores llamaba “el cangrejo negro” la habitaba. Siempre quiso estar enamorada, incluso cuando yo la conocí por primera vez hace no sé cuánto tiempo en aquella feria mundial de Nueva York en la que España estuvo presente y ella fue del brazo de su marido -su marió, con acento en la o como ella decía- ni más ni menos que Antonio Gades.

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Viví con ellos en el Waldorf, no sé cuánto tiempo, cuando Barbara Hutton, la millonaria americana, una de las  mujeres más ricas del mundo, visitó la feria asombrada con el pabellón español y pidió ver una de aquellas maletas únicas que parecían bordadas a mano, en piel de potro, por los presos del penal de Ocaña de la posguerra. Estaba allí servidor de ustedes cumpliendo con lo suyo, contar lo que viviera. Tomó una de aquellas joyas en sus manos y dijo:

– Me la llevo.

Alguien le preguntó tímidamente:

– ¿Y a dónde se la enviamos, señora?

Y ella dijo rápida:

– Ahora mismo, y como esta maleta y su serie entera, me envían a partir de mañana a mis almacenes, cien juegos. Las quiero vender en todo el mundo.

Miguel, que era el delegado de España en la feria, un gran embajador de urgencia, se atrevió a decirle la pura verdad:

– Señora Hutton, aunque sus almacenes son los mejores – creo que eran los Woolworth, y eso lo digo yo a boleo- en eso tardaríamos un año como poco. Son artesanía pura.

Cierto. Siempre conté que lo más curioso de esta historia es que las hacían los presos para los que la libertad de viajar estaba prohibida por ley, y la maleta era un símbolo indiscutible de la huida legal. Ya el mismo Somerset Maugham, escritor del siglo pasado, escribió antes de irse: “Quisiera que cuando me fuera del todo hicieran con mi piel una maleta para poder seguir viajando por el mundo”.

Y a lo que voy. Que viví con ella -entonces eran ellos dos- una larga semana. Les puedo asegurar que siempre estaban en su habitación, en la suite del hotel. El amor vivía con ellos todavía. Luego se separaron el bailarín y la de Triana “porque el matrimonio no había sido legal del todo”. Marujita, que a mí me gustaba decirle Maruja porque el diminutivo la hacía más pequeña artísticamente, y cuando escribí las memorias de Lola, me envió un memorándum cuando no había tuiteres de esos, diciéndome:

– Que dice Marujita, que cuando tengas tiempo, a ver si te animas a escribir lo suyo, que ella tiene mucho que contar que nadie sabe.

Por ejemplo, yo sabía que no le importaba que la llamaran folclórica porque lo era y porque cantaba todo “lo que le echaran” y con la mejor voz del mundo. Era cierto. Grabó no se cuantos discos, cantó con toda su fuerza, bailó hasta la yenka, tuvó unas piernas formidables y, además, nunca perdió su acento. Por lejos que estuviera.

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“Yo sé – acostumbraba a decir a los leales, que siempre los tuvo – que no soy de las “mi arma” que son tres, “Lola, Carmen y Paquita”, pero me da lo mismo porque me siento de Triana hasta el tuétano de los huesos“. Ganó dinero, no pasó hambre, aparte de las fatigas del olvido que son las más malas y que ella devoró con ansia en la última etapa de su vida. Creó un personaje, brillante en el cine, en la televisión, pero sobre todo el de Marujita Díaz; el suyo, que gustaba a los españoles incluso sin conocerla del todo.

Ayer me llamaron de Sálvame para decir que si “podía acercarme a contar algo de ella”. Les respondí que no. No por decirles que no, ni mucho menos, ya que soy de los que dicen que me gusta el programa por lo que enseña del ser humano y porque aprendo con él todavía. Les aseguré que desde hace muchos años no sabía de ella a no ser por la televisión, que además, hacía crecer la audiencia. Aguantaba un primer plano hasta el último día. Hace muy pocos en los que se la veía ya herida por el rayo del adiós.

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Todos los medios están hoy escribiendo de ella cuando escribo mi blog. Era casi de mi quinta la niña aquella que se llamaba María del Dulce Nombre, para quién la vida al final, la soledad a veces sólo compartida con su perro, fue un caramelo amargo.

Adiós a Maruja, que pocas veces habló mal de nadie, ni siquiera de ella misma. Era, lo dijo Jorge Javier ayer, que por cierto anuncia su segunda novela para dentro de poco y que espero con emoción, porque lo he dicho en su propio programa que es nuestro Truman Capote, ya que lo dice todo, incluso lo más duro, con ternura y ferocidad al mismo tiempo…

Luego se casó con aquel galán eterno que era Espartaco Santoni y del que ella a veces confesaba: “es el hombre al que más amé”. Salió con muchos, pero entró con pocos y no es por hacer una frase. Entrabas en su casa, me han contado los conocedores, y aquello era la celda palacio de una mujer en la soledad, con más tiempo de lo normal para pensar. Para recordar. Se ha escrito también hoy mismo – no tuvo hijos- por los sabios del crepusculario que tuvo una vida tormentosa y sola.

Siempre pasa lo mismo con los seres humanos que al final sólo podían dormir con sus recuerdos, pero era buena amiga y sobe todo, su obra permanece más que sus amores. Discos, muchos, teatro por las provincias, la radio, en sus documentos, siempre estaba ahí Marujita al otro lado del teléfono. Por sus días y tardes en la televisión. Hasta el final mantuvo de pie su voz de cristal. Es terrible pensar que estos días, por el tema de la gran bandera del otro día en la mañana de Pedro Sánchez, se volvió a poner en antena, en la radio y en la tele, a Marujita cantando aquello de:

– Banderita tú eres roja, banderita tú eres gualda

La gente de mi tiempo creía que decía “tú eres guapa” y aceptaba el cambio. Esta canción se ponía casi todos los años en los desfiles militares, y a mí me la colocaron el día que los legionarios de tres tercios en el Sahara me hicieron soldado de la patrulla de los puertos más lejanos del desierto, cerca de lo que se llamaba entonces Villacisneros, donde había un cementerio en la duna pura, un campo santo móvil, y donde resposaban los japoneses que pescaban en el océano cercano y que colocaban en vez de cruces, sus muñecos…

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Aquel lugar inolvidable donde asistí al entierro del brazo tatuado de un legionario de Ronda que perdió en un ataque suicida. Le acompañé mientras sonaban las tristes trompetas cuando lloran junto a él, en primera línea, como el que entierra a un niño, dentro de una cajita blanca…

Tantas cosas tiene que contar Javier Villán que ha contado hoy en El Mundo en “La entrevista que no quiso hacer”. Es formidable. Se la recomiendo. Demuestra que Maruja estaba llena hasta la boca de vida. Lo que pasa es que con la vida siempre, siempre está lo que nunca me gusta escribir, la muerte. Para el sitio en que se quede este puñado de amapolas del campo, que son las palabras, allí donde se quede. Bastará con que se escriba en su epitafio: “Por lo que nos alegró la vida a todos durante tanto tiempo”. Parte de esa alegría está en los cincuenta años de vida de ¡HOLA!. Adiós Maruja, adiós niña.

  • Una pedazo artista y LIBRE, creo que por justicia divina tendria que tener un homenaje post mortis. Se lo merece y mucho. Tiene un curriculum en peliculas, discos, teatro y canciones que ya quisieran tener muchos artistas(VER WIKIIPEDIA), y lo más injusto es que no tenga ninguna medalla, cuando otros por el 5% de su curriculum tienen varias medallas por ser de un partido politico.

  • He visto la pelicula “La Pergola de las Flores” y he estado investigando de esta actriz, ha hecho de todo, muchas peliculas, obras de teatro, programas de televisión y muchas canciones. En mi pais una artista tan grande como esta le hubieran hecho un monumento de grande como una catedral, pero he investigado y esta en el olvido. No es justo

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