Gracias, Grecia

De todas formas, a pesar de todo, si es que tiene culpa: gracias, Grecia. No es por jugar a las palabras, que lo es -como diría Mota, con el que me río tanto siempre-, sino porque este momento que vivimos, que incluso soportamos, quiero decirle a Grecia lo que ya redondea el titular de mi post de hoy.

Porque Grecia es protagonista desde su casi desesperación. Cuando se habla incluso de volver al dracma, que sería dracmático, sino porque Grecia, al menos para mí, tanto ha significado, tanto ha sido, tanto sigue siendo. Recuerdo siempre.

Primero: ¡Nos parecemos tanto! En el fondo y en la forma.

Cuando hace ya muchos años, fui por primera vez a Grecia, en aquellos aviones de la Olympic, que eran de Aristóteles Onasis, al que tuve el gusto de conocer, y de entrevistar incluso aquel día en el hall del hotel fabuloso acompañado de la silenciosa, al menos aquella mañana, María Callas, aunque se lo contaré otro día, Uno de los grandes griegos por uno conocido, y que fue en su día el hombre más poderoso del mundo, porque fue el más rico y el más envidiado, también por que se llevó de calle a Jackie Onasis, viuda de JFK, y se casó con ella, etc…

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Aristóteles Onasis

Pues además de Aris, bien que me acuerdo, hay más, esta es la lista: Que Grecia es más que unas ruinas gloriosas coronando la colina de los dioses.

– ¿Es la primera vez, señor Medina, que viaja usted a Atenas?

– La primera.

– No será la última. Ya lo verá. Grecia es más que un templo encima de una montaña.

Cierto. Lo era. A una tierra, la que sea, lo que la hacen son sus gentes, los que la habitan, los que escriben, los que hacen el yogurt, o aquel viejo capitán de barco, con el que hice el recorrido del canal de Panamá, ahora de enorme actualidad, desde la ciudad hasta Colón, y que me regaló al final, al saber que era español, del país donde vivía la reina que se había casado con el joven, entonces, Rey de España, don Juan Carlos…

– ‘Y quiere usted que desde su habitación pueda ver, sin moverse de la cama, el Partenón, allá arriba, con el desayuno…?

– Quiero, quiero, claro que quiero.

Y lo vi, nada más llegué, que ya no cerré el balcón nunca. Abajo el ruido de la calle. Atenas es una ciudad ruidosa, bicicletas, coches, griterío, discusiones vendedores, alguna guitarra griega suelta…

Grecia, inolvidable. Prohibido traerse un cascote bajo el columnario, en pie, berenjenas bien ricas, tan bien hechas, almendras, canciones…

El sirtaki, ese baile suelto que me enseñó a danzar con poco éxito, las cosas como son, Anthony Quinn cuando escribía sus memorias para ¡HOLA! con el corazón en la mano, por todo el mundo, recordando aquella película del griego… ¿recuerdan?

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Anthony Quinn

Siempre los recuerdos. De los recuerdos vivo, por eso estoy aquí, con ustedes otra vez. Como siempre. Demi Roussos, el de la larga túnica, el redondo de la voz tan fina que se nos acaba de ir hace muy poco, -todo lo mejor se va cuanto antes, o “los dioses, sobre todo los griegos, que había tantos, mueren jóvenes…”

Aquel día de Melina Mercuri, tan bella, eternamente bella, la trágica única, confesándome en aquella terraza sobre el Egeo.

– Ninguna mujer más hermosa en el mundo, de las que conozco, que Antonia…

– ¿Antonia, dice?

–  Sí, serás el único que no sabes que Antonia es Sara Montiel.

Era, es verdad. Y Theodorakis, el gran músico, siempre de negro, el del Oscar del sonido, sentado frente al mar azul, tirando a verde, haciendo sonar solo para mí, a Falla, mi casi paisano del sur.

Con la cabeza de gran melena al viento. Y cerca, también, Irene Pappas, la  gran trágica que hacía como nadie los papeles de Federico, doña Rosita, por ejemplo…

Grecia hermosa, maestra. En cualquier esquina, país de  los cinco sentidos, quizá seis. ¡Aquel libro de mi juventud lejana, del poeta Kazantzakis..!

Los aromas de los mercadillos, aquel helado de arándanos en Mykonos, en lo más alto, aquel sabio de los perfumes, y…

– Venid, que vais a conocer el pelícano más retratado del mundo.

Y en las callejas tan parecidas a las nuestras del sur, la foto con el pájaro grande, del pico largo y duro, más retratado que aquellos que te quitaban el pescado grande de las manos, en el mar de Cortes, en cabo San Lucas, donde se amaban las ballenas…

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Melina Mercuri

Todo va saliendo poco a poco, paso a paso. Cristina Onasis devorando, la pobre niña rica, los dulces, todos, de aquella confitería de Ronda, el Rolls blanco a la puerta, cuando escapaba de la clínica alemana de Marbella, donde pretendía adelgazar como fuera. “Hasta los disgustos me engordan”, me dijo un día en el Marbella Club, cuando aún vivía don Alfonso de Hohenlohe, mi viejo amigo… avísame, conde, cuando por fin pongáis en pie su estatua de recuerdo…

Grecia, de la isla Skorpios, cuando la leyenda decía que el hombre rico del pelo blanco, que se casó con la Kennedy, guardaba ni más ni menos que el secreto del cadáver, hibernando decían, del presidente asesinado en Dallas… Las hermosas mentiras del mito, siempre. ¡Tantos en Grecia…!

Y las islas, y el aire templado y azul. Y los redondos minaretes de las ermitas donde rezan, ¿rezan los jóvenes popes de la trenza entre iconos dorados…? Atenas, pobre y maravillosa. Y la familia real, ya fuera de la geografía de su pueblo, los helenos, los últimos, en su casa grande de las afueras de Londres, aquel día que recibieron al periodista que venía de ¡HOLA! para saber de ello, después del exilio, que ahora han vuelto a los viejos palacios medio derruidos del Peloponeso…

Así que hoy, para Grecia, cuando cae sobre el antiguo, no el viejo, pueblo sabio de los siglos que tanto nos enseñaron, hasta allí, donde se derrumba el euro, y han cerrado casi todas las puertas de la esperanza, todas siempre menos una, este largo abrazo y aquellas palabras del músico vagabundo Quinn, cuando vestido con el traje de rayas, todavía, bailaba bajo la tormenta, rayos, truenos y relámpagos, y de los dioses que son más fuertes, gritaba bajo la lluvia, en la arena de la playa, aquello que es casi una ley de vida para muchos, incluido yo…

– ¡Mi vida es un desastre! ¡pero no cabe duda, dioses, que es un fa-bu-lo-so- desastre!

  • Grecia,Grecia,Grecia, un sueño concerla!!!!!mar de Cortes, en Ojo de Liebre, un santuario de ballenas, donde se pueden tocar, acariciar y hasta besar, a la ballena Gris!!!!!! Gracias Don tico por escribir de México, y recordarnos lo bello qué es!!!!

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