¡Feliz cumpleaños! La barra de labios cumple un siglo

Tenía que escribir hoy, una disciplina que me he impuesto y que me sirve sobre todo de terapia de otras muchas cosas aparentemente más importantes, pero de pronto, me gustan más los cumpleaños que las necrológicas, – mira por donde, leo que medio mundo está celebrando, a su manera, a su forma, el cumpleaños de la barra de labios.

Inmediatamente he creído que lo que hoy debe primar en esto que se llama nota de actualidad, es que la barra de labios cumple cien años, aunque hay expertos en el tema que aseguran que cien son pocos y estudiosos que afirman que ya estaba allí, en la feria de Amsterdam de hace ciento treinta y cinco. Tampoco me importa mucho, porque sé de la mejor ley, que es la de los arqueólogos, que cuando descubrieron la momia de Cleopatra,  la emperatriz que acariciaba serpientes mientras sonaba el arpa de sus eunucos, ¡ya llevaba los labios pintados!

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Sé que cualquiera de mis compañeras de blog habrían tratado este tema, con más profundidad y conocimiento que yo que jamás uso la barra de labios, al menos hasta ahora, pero es el caso que desde mi propia vivencia, a lo largo de más de medio siglo de oficio, tengo algo que decir y que contar sobre el suceso.

Porque les puedo decir que, después de mucho tiempo en esto, he llegado a la conclusión, tampoco muy luminosa, de que “tus labios hablan de tí. Son tu tarjeta de visita, de presentación. Dime cómo te pintas los labios, y te diré quién eres”.

O por lo menos, cómo eres, que no es poco. Porque por ejemplo, ese objeto, que tiene maneras de misil y forma de lápiz, y de las dos cosas tiene, porque puede ser demoledor y al mismo tiempo una firma en el rostro, a mí me ha servido de mucho.

Como por ejemplo, aquel día que Gloria Swanson, a la que entrevisté en televisión española – la de “El crepúsculo de los dioses”-, me escribió en el espejo del camerino “ahora vuelvo” porque había quedado con ella para entrevistarla. O aquella entrevista con el lápiz de labios de protagonista con aquella primera dama de la comedia musical, entonces llamada revista, que fue Queta Claver, en ese teatro cerca de Malasaña donde actuaba tarde y noche con éxito indudable, no sólo por su talento de actriz, sino por su talante de vedette mostrando aquellas largas piernas dentro de la media negra de entonces, que se llamaba dupont. Y lo que es la vida, en una de las casas del dueño de la firma, que era riquísimo, en la playa de Varadero de La Habana entrevisté, en pantalón náutico, al entonces comandante de revolución, Fidel Castro.

Cosas, muchas cosas que contar. Por ejemplo, de la boca de Marilyn Monroe, a la que quisimos tanto y que tuvo en jaque a millones de enamorados por el mundo, y que se pintaba los labios “según la persona que venía a verla”, aunque en el caso concreto de los dos Kennedy, el presidente y su hermano, no se los pintaba, por razones obvias como se dice ahora. Dado que es un artículo que, como ustedes saben, no diría yo que “mancha mucho”, que manchar precisamente no es el verbo, sino denuncia, cuenta, canta mucho, que no es lo mismo, de ahí que se hiciera millonario un judío llamado Levy que inventó el lápiz labial que no dejaba huella. Aunque hace poco se ha publicado, en uno de esos artículos feroces y demoledores, que Marilyn, antes de dormir, que a veces lo conseguía, dejaba la dentadura postiza en un vaso con agua que después escondía bajo la cama.

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Destructores de leyendas, que irán al infierno seguramente cuando de este mundo se marchen. Pero nada ni nadie podrá contra el lápiz labial que dicen, con insistencia, que también lo usaba en su día Evita Perón a la que yo tuve el gusto de conocer asomada a la ventana del Alhambra Palace cuando vino de visita oficial, y la vimos, unos muchachos de pantalón bombacho que estábamos cerca envuelta en un visón, espectacular, mientras los gitanos del Sacromonte la esperaban en las cuevas del Albaicín para cantarle y bailarle la copla aquella.

Qué tiene la zarzamora

Que a todas horas

Llora que llora

Por los rincones.

Ella que siempre reía

Y siempre partía

Los corazones.

De vez en cuando, como habrán comprobado, uso de un verso para romper lo que en su día llamaba Gabriel García Márquez el plomo de la crónica…

Luego, la vida me dio la oportunidad, jugándomela por cierto, la vida digo, de buscar “el cadáver de Evita Perón”, la líder del pueblo argentino, hace tantos años por todo su país, desde el corazón de Buenos Aires hasta el Mar del Plata. Y lo encontré, y está en las hemerotecas, aquella mujer dorada y transparente que murió de cáncer, y que aún no ha sido beatificada, a pesar de su escabrosa vida, entre otras razones, porque ni el Papa de hoy, que es generoso, y además argentino, se lo ha planteado siquiera.

Dicen que se pintaba los labios. Es verdad. Incluso cuando no podía ni levantar la mano, cuando agonizaba. Entonces ordenaba, que le dieran siquiera un “toque” porque el pueblo quería verla triunfadora y no perdedora.

Y es verdad. El labio pintado, mejora generalmente, la imagen. Es una bizna de vida incluso en el paisaje pálido de un rostro atribulado. Yo he visto hombres con los labios pintados, y en el cine y en la tele incluso se aconseja porque una boca triste, en su color habitual, no aguanta un primer plano. Se lo dice a ustedes quién aún hoy tiene que especificar antes de salir a un plató, con acento en la o, hace unos días en Sevilla, en el programa “Aquí y Ahora” de Juan y Medio:

– La ojera si, por favor, me la difuminan un poco…y lo demás, como salga.

Antes me pintaban con un pincel, ahora usan la brocha gorda en su trabajo conmigo. Es natural. Antes me arreglaban, como un retablo, que es el dorado ese maravilloso de las iglesias antiguas. Después, me trataban como una puerta de la edad media y ultimamente, me hacen brillar, un milagro, como una carroza. Son grados, que usan entre sí, las expertas a las que estoy atento y agradecido.

Ahora se llevan mucho los labios “como una puñalada en el rostro”, sobre todo en las chicas de pelo frito, a ser posible rubias. También hay labios valientes, en rosa, que son como si se hubiera merendado la dama una rosa, de las que te mandan a casa de vez en cuando por un suceso extraordinario. Además, la moderna cocina asegura que las rosas se comen, aunque hay que tener mucho cuidado con las espinas que es algo que generalmente acompaña al largo tallo de la rosa.

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También hay hoy, labios azules, sólo para criaturas valientes, y además labios verdes, incluso labios blancos, que están más en la línea de las chicas vampiro, que las hay, claro que las hay, y lo digo con todo respeto. También he podido comprobar, a lo largo de los años claro, que hay sabores en los labios pintados. A manzana, a fresa, a naranja, a limón, a hierbabuena, y pienso, sólo pienso por dar una idea, que sería bueno, por ejemplo, ofrecer a las posibles compradoras, pintura de labios que tuvieran por ejemplo, por ejemplo…

Sabor a Gere, que por lo visto ha enamorado a una gallega que vive en la costa italiana, y que debe ser un experto en la materia, o sabor a ese personaje al que admiras, por ejemplo, a un escritor conocido o a un futbolista inmortal, idea que le ofrezco, al comisionado que lleva el tema de la imagen de Ronaldo, que además se cuida mucho, y me consta, y del que se ha hablado tan poco, e insisto en el asunto, porque ha regalado más de cinco millones de euros, creo que son seis, a los niños damnificados de Nepal; lo que hago público para general conocimiento. Debo dar las gracias y por escrito, a Clara Méndez de El País, que leo todos los días, y que ha escrito sobre el tema y a mí me gusta dar el nombre de las fuentes, quizá porque he nacido en Granada y el tema del sonido del agua es tan importante para mí.

Tengo dos nietas, y una de ellas, ya descubrí el otro día que llevaba un pinta labios en la mochila camino de Europa. Es un síntoma.

No le hacía falta, la verdad y no es pasión de abuelo, pero está ahí, ya. Forma parte de la vida de la mujer. Incluso en las valientes mujeres soldados españolas, que buscan bombas en oriente. Bombas sin explotar, listas para la muerte. Cuentan que Diana de Gales, que fue en su día buscadora de bombas escondidas en una tierra de niños mutilados, no se atrevió a pintarse los labios ese día exactamente. Le pareció innecesario. “Es como si fuera desnuda”…dicen que dijo…

Lo dicho. Dime cómo te pintas los labios y te diré quién eres. O, lo dicho, o cómo quieres ser, que a veces es lo mismo.

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