Columba, la mexicana que puede ser la Primera Dama de los Estados Unidos

Hace, como siempre digo, muchos años, en el palacio del gobernador de Florida en la ciudad de Tallahassee -que entonces veíamos con cierta frecuencia en una serie de televisión con Don Johnson, el que fue marido de Melanie-…

Bueno, pues aquel día en el palacio de los limpios arcos y el agua rumorosa, en Florida, entrevistábamos para nuestra ¡HOLA! al gobernador Jeb Bush, hermano del candidato a presidente que poco después fue. Hijo además del presidente al que yo conocí, si bien fugazmente, en dos ocasiones: una cazando en la casa de Falcó, cerca de Talavera, y otra cuando fue a rendir pleitesía en la capilla, donde resposaban sus restos, a Simón Bolívar. Acto emocionante aún hoy para mí, en el que titulé aquel encuentro -eran otros tiempos-,“el día que el águila inclinó la cabeza ante el cóndor”.

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En fin, que también conocí al viejo presidente, aún hoy vivo, que de vez en cuando emerge para decir alguna que otra cosa de cara a la política mundial y que me pareció un hombre alto, de enorme responsabilidad, al que gustaba mucho España y sobre todo la perdiz. Pero al que hoy me refiero es a Jeb Bush, que se ha presentado como candidato a la próxima elección de presidente de los Estados Unidos de América, ¡cualquier cosa!

Es por eso que hoy recuerdo, y bien, a aquella mujer morena -“marrón”, decía su marido entonces-, que colgaba del brazo de Bush hijo, porque el mandatario medía casi dos metros y, aunque ha mermado un  poco, sigue teniendo el aire de un jugador de baloncesto de la NBA, de aquellas damas que responden al viejo chiste gitano de: “Es tan bajita que para darle un beso a su marido en la boca, tiener que hacer noche en el ombligo”.

Y ustedes perdonen lo que dice el dicho, pero la historia es que se llama Columba -nombre muy mexicano-, y que es por eso que su marido le llama sencillamente Colu. Aún hoy se le sigue llamando así, y la verdad es que sus rasgos la identifican.

“Nací pobre, en una casa de adobe, hija de un bracero mexicano, analfabeto como yo en mis primeros años, no tuvimos en mucho tiempo agua corriente en nuestro hogar”.

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Ésta es, por lo tanto, lo que se llama una vida de novela. Sus apellidos son García Muro y la historia es muy sencilla: el hijo del líder norteamericano la conoció -muy jóvenes los dos-, y aquello que ella misma me comunicó en español aquel día, ofreciéndome un titular a las primeras de cambio, era:

“Él estudiaba en mi país, era un chico muy alto, muy guapo, con mucho pelo, como entonces estaba de moda, y lo nuestro fue un amor a primera vista“.

Y hasta hoy. Un amor largo, duradero. Jeb Bush, candidato hoy a presidente, como su padre, como su hermano, sigue hablando, me aseguran, un castellano magnífico -si bien sin perder su acento americano-, y es hoy, además de un político bueno, un buen candidato de su partido, a luchar contra, entre otros, líderes como Hillary.

Al viajero le regaló la llave del Estado de Florida y hasta dio un pase a un toro al aire para demostrar que estaba entre “los nuestros”. La foto de la pareja el día de su boda tenía un punto de originalidad: él tan alto, tan de la época hippie, tan yanqui; y ella pues, daba la sensación de que era poco menos que una niña vestida de primera comunión.

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Hoy la historia, es esta misma mañana, y ella se muestra feliz, con sus hijos ya en edad de ejercer de por sí los más diversos y brillantes oficios.

Y dos cosas más: tiene posibilidades de ser en su día, o sea, apartir del año que viene, la Primera Dama del país más poderoso del mundo, con lo que se convertiría en la mujer más fuerte del planeta tierra, y me consta que es lectora de ¡HOLA!.

Un día entrevisté a otra Primera Dama que fue tambien esposa de un presidente del país de la bandera de las barras y las estrellas. Se trataba de Nancy Reagan cuando acompañó en su visita a Madrid, en viaje oficial, a su marido. Aquella tarde en el Palacio Real del Pardo, donde fueron hospedados, en la que apareció sonriente con los brazos abiertos, los guaruras -o guadaespaldas- escondidos tras las espesas cortinas de la que fue la casa del Jefe del Estado español, y que nada más vernos nos dijo sonriente en nuestra lengua:

– ¡Oh, hola! ¡Es un festival!

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En cualquier caso, me atrevo a decir que la próxima presidenta de los Estados Unidos, que es más que Primera Dama, será Hillary Clinton -si Dios quiere-. Entre otras razones, porque es mi deseo que vuelva a Granada como nos prometió en la plaza del Albaicín, viendo caer la tarde frente a la Alhambra hace años. De todas formas, si fuera Jebb Bush el nuevo presidente, ya tengo el título -tengan en cuenta que ya es dinastía, como en el caso de los Kennedy- y es este:

El gavilán y la paloma.

  • Toco madera Sr Medina! (Con permiso de Rafael) y no una sino infinitas veces. Dios no permita que ni un Clinton mas se convierta en presidente de los EUA. Este pais lo que necesita es volver a sus origenes y que un hombre o mujer que respete a sus ciudadanos y sobre todo la Constitucion se convieta en su presidente. Saludos!

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