¡Atención, atención! Vuelve Carlos Herrera

Lo aviso, con tiempo, aunque estoy seguro que ustedes, dado su inmenso conocimiento de lo mediático, ya lo saben.

Vuelve, pero ya, quien tan agradables, tan importantes nos ha hecho las mañanas de los últimos años en Onda Cero. Don Carlos Herrera, por si fuera poco, premio Mariano de Cavia último, en el ABC, uno de esos Oscar de los medios de comunicación con el que más de uno sueña, por ejemplo, este servidor de ustedes, desde hace más de medio siglo.

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Y vuelve en la Cope osea, podríamos decir, en un titular segundo, que vuelve como “Rey de Copes”. Claro que sí, ya hay expectación, y mucha. Arden sus “fósforos” de toda la vida en eso que se llama el ardiente fuego del retorno del líder. Pero es que ojo, oído, que no es sólo, que lo es, el “number one” en lo suyo, que yo de la radio sé casi todo teniendo en cuenta que mis maestros, en esto, han sido los maestros de cuadrilla: Bobby Deglané, Luis del Olmo, Encarna Sánchez… y el mismo don Carlos Herrera al que deberíamos tratar de don, no sólo los que le conocemos, sino los que pertenecen al ejercito desconocido de los leales de este gladiador de la palabra, que es don Carlos, nacido en las ardientes tierras de Almería, en Cuevas de Almanzora, donde vino al mundo uno de los más grandes poetas del sur…

En fin, que aquí esta, ya, a partir del otoño, el día uno de septiembre para más señas, Carlos Herrera, el “Houdini” de las ondas, que hace lo que le da la gana de hacer, sin que solo se note su ausencia que no es poco. A veces, como el otro día, nos vemos en algún sitio. Últimamente nos hicimos un “selfie” de esos, en el Ritz, donde atendíamos a un compromiso digamos que social con Granada, que le quiere tanto, y luego coincidimos en el AVE, que el venía desde Miami donde había conocido, como el que va de paso, a una Princesa India, pero de las de verdad. Y sé de muy buena tinta que, cuando pasó por la Habana, Fidel se quedó con las ganas de conocerlo personalmente, porque, de la otra manera lo escucha por las tardes… Si es que no está dando una cabezadita el comandante a la sombra de las moreras donde últimamente estudia el ir y el venir de los gusanos de seda en el primer tiempo de su vida laboral.

Carlos, don Carlos, yo le hablo de usted como hacen los compadres, en el sur, que hasta he tenido la inmensa suerte de hacer el retrato sonoro, al pie de la Alhambra, bajo el Albaicín, cerca del Darro, que es el río donde aún se encuentra oro con la ciencia de la paciencia y un cernadero. Bueno, pues ahí le presente, que no hacía falta, con un acróstico cerca del Palacio de los Cordova, que entre otras cosas es donde una noche hace algún tiempo, hicieron el amor, según propia confesión de los protagonistas, don Clinton y su esposa Hillary que ya les he contado que será la próxima Presidenta de los Estados Unidos de América.

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Dicho lo cual, una vez que recogió su Oscar del turismo granadino, una escultura bellísima de los viajeros románticos en Granada, Carlos se subió al estrado y en un gesto muy suyo, brindó la faena taurinísima de su tarde, más bien crepúsculo, a los ángeles sueltos que se habían reunido invisibles para escuchar sus palabras. Porque da gloria escucharle, porque como escribe muy bien, pero que muy bien, don Carlos, dice con estilo lo que piensa y en muchas ocasiones, cada día más, expone su ingle a la cornada actual, que a veces es más grave que la herida misma, de modo y manera que le debe acompañar siempre el médico de urgencia de su sonrisa. O sea, que de ser torero, sería como aquel Pepín Martín Vázquez que casi siempre bordaba un duende sonoro manchándose la taleguilla.

Y perdónenme por el símil taurino. Carlos Herrera, que es capaz de anteponer los langostinos de Casa Bigote y que ve el amanecer de la ría de San Lucar de Barrameda, como pocos, ha creado, además de una forma de vivir y una manera de hablar, un estilo que en la radio se llama, como en la arquitectura, el estilo “herreriano” que es decirlo bello y valerosamente. Hacer sonreír, a veces con una navaja jamonera entre los dientes.

Tiene el aire de un señor, nunca diría un señorito, que acaba de jugarse media vida, porque la otra media la necesita para sus negocios que guapamente, desde su altura, es capaz de conocer como es la gente, toda, la que le escucha, desde el Capitán General hasta la joven quinceañera. Y es por eso temido y querido al mismo tiempo, no sé si por ese orden. Acaba de cumplir digamos que los cincuenta, y tiene la sabiduría de un viejo druida de los Andes.

Le gustan mucho las américas, sabe de flamenco, por que el flamenco es un sentimiento más de muchos de los que viven de él, y es capaz de sobrevivir a un atentado criminal, que se convirtió, menos mal, en humo, ente otras razones porque fue una bomba en una caja de puros, y el rey se ha colgado de su brazo en más de una ocasión incluso después de haberle dicho que no le gusta, al rey padre digo, que se apoye en su bastón. Y sé de buena, buenísima, fuente que a veces suena su teléfono, y al otro lado escucha la voz querida del emérito:

– Soy Juan Carlos…

Tiene capacidad de síntesis, cosa que no es fácil como ustedes estarán viendo en este daguerrotipo de hoy mismo y estoy deseando que vuelva a las ondas, como se decía antiguamente. Cuando estaba en La Cero, que en alguna ocasión fui subanderillero – ¿o fue en radio nacional maestro Carlos? – Total, que escribo de él en nuestro blog que me dicen, por lo menos, que se busca en casi todo el mundo, cosa que me dicen las admirables chicas del equipo bloguero de HOLA.com con una cierta pasión, cosa que ya no me permite mi viejo corazón ya tan usado.

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Pero digo lo que siento y espero un día próximo sentarme a comer con él en ese hotel, también suyo, que es un museo vivo además, y en el que intentaremos arreglar el sur, que buena falta que le hace. Y él conoce, cómo porque lo siente desde sus seis sentidos, que él tiene uno más, como los grandes de Almería. Tanto es así, que si se lo propone, que se lo propusieron en su día por ser, entre otras cosas, una de las personas más populares de Andalucía – que popular es distinto de famoso, porque famoso puede haber muchos, por conocidos, encontrados, y popular es otra cosa más de cerca, más de la entraña misma de los humanos- digo que podría ser, por lo menos, alcalde de Sevilla. Y si no al tiempo.

Pero mientras tanto, escuchémoslo, cuanto antes mejor, porque así por lo menos, las mañanas, pase lo que pase fuera, nos serán más agradables, más nuestras. Y por que él, lo sabemos, dirá por su boca lo que nosotros no tenemos, a veces, sitio donde gritar, llorar, o reír a carcajadas que es tan sano para el cuerpo, y para el alma incluso.

Así que de la misma forma que hubo en la dinastía real un don Carlos, también llamado el hechizado, este, nuestro don Carlos, también llamado “El hechicero”. A ver si pasa el verano lo más rápidamente posible y yo reúno el dinero, que pide por su casa sin estrenar todavía, el ex Duque de Alba por amor don Alfonso del que sabemos tan poco. Aunque no se vea el mar, pero cerca de este capitán de los sentidos, todos, que es don Carlos, de hierro su apellido y de jázmin su palabra. Y de esta forma en el otoño, su palabra nos volverá a traer la primavera.

De nada don Carlos Herrera. Es lo único, que me queda, la metáfora, que mejora con los años aunque nunca llegaré a ser como San Alvite, que sé que está en la cabecera de su cama.

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