Serrat, vuelve cuanto antes, Nano

Aquel hombre que dormía cerca de mí, al otro lado del pasillo en el avión de Iberia que nos traía desde tan lejos, pero tan cerca -desde México-, levantó la ventanilla de la preferente en la que volvíamos y un resplandor inmenso nos envolvió, nos cegó, cerramos los ojos. Él miró hacia fuera con la mirada entornada y en voz muy baja dijo, sin volver la cara al periodista:

– Es el Mediterráneo.

Y se le abrió la sonrisa, ese aire suyo de niño travieso tan conocido. Y a media voz, cantó la primera estrofa del mar que acababa, otra vez, de descubrir.

Yo soy del Mediterráneo…

Con su levísimo acento catalán, feliz, en casa. Otra vez Joan Manuel volvía a su origen, del que nunca salió por que siempre lo cantaba.

Lo he recordado con él alguna vez aunque nos vemos poco, pero le escucho mucho.

Fue hace poco en Córdoba, en el patio del Churrasco de la Judería. Junto a un pozo, con una copa de vino -no suyo-, y cerca de Rafael, el tabernero califal. Me gusta más que llamarle restaurador, que me suena a los que trabajan en los muebles viejos que bajan del desván de la casa para ser puestos en pie de nuevo.

Joan Manuel lo miró al trasluz elevando la copa, como en una ceremonia habitual. Lo movió suavemente como quien lo baila, y después lo llevó a la nariz, no sé si por este orden, pero como quien sabe lo que hace. Después lo llevó a los labios finos, despacio, lo meció en el paladar y por fin, lo fue bebiendo despacio, muy despacio.

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Cerró los ojos y pronunció bajo el árbol limonero lunar, cerca de  aquella foto de Manolete con una copa en la mano, en la bodega:

– Está muy bueno…

– ¿Se parece al tuyo?

Se sintió señalado, elegido. Como quien sabe.

– Hombre, como el mío todavía no, pero no pierdo la esperanza.

Por que hacía vino con el preciosismo y la emoción con que escribe las canciones, con la solera con la que las canta. Fue cerca del gran olivo milenario, cerca de la Facultad de Letras, a la vera de la estatua de Maimónides, el sabio que tocaba el arpa en Medina Azahara.

Desde entonces no he vuelto a verlo. Antes sí, y con frecuencia entrevistas en la tele, en la radio, para ¡HOLA! incluso, y sobre todo mucha cita en América, por ejemplo en la casa de Pepe, aquel de Buenos Aires que nos ofrecía aquel vino chileno que tenía de nombre El Diablo. No sé si un día estuvo incluso el Papa. Sí, el Papa Paco de hoy cuando sólo era un vicario en uno de los barrios obreros de la ciudad más europea del sur de las américas. Íbamos juntos al Canal 13, le veía cantar en el Colón, como los grandes, y salir casi en hombros. Una noche acudí a verle, junto a Atahualpa Yupanqui, con el que cenaba a veces la mejor pizza del mundo, cerca del cementerio de la Chacarita donde estaba enterrado Gardel…

En fin, recuerdos, recuerdos. Hace poco supe que había vendido su hermosa bodega del Priorat, en Cataluña, su planeta, aquel paisaje de uva crecido al pie de la casa grande, campesina. “Debes saber que yo, aunque Mediterráneo, fundamentalmente soy más bien campesino, agricultor”.

Llegó a conseguir un vino que, si no era como su voz, no se puede triunfar dos veces en casi lo mismo. “Beber es cantar, beber es vivir”… Yo no bebo nada de nada desde hace diez años, les advierto, aunque hubo un tiempo en que llegué a saber mucho de vinos, palabra, -un vino excepcional que se vendió con dignidad por todo el mundo del racimo-.

Se le veía feliz en el paisaje en el que estaba su casa en el campo, vendimiaba y cantaba con su esposa, tan bella, con sus dos hijos: Quico, que es músico de la sangre, y Candela, su hija, que lógicamente ha salido artista, y buena, en el cine, en el teatro, en la tele… donde haga falta.

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Luego el susto del cáncer y la escapada feliz hacia la esperanza, nos metió el susto en el cuerpo. Tiene setenta y dos años creo, nació en noviembre del cuarenta y tres y, por ejemplo, su saeta, aquella que escribió Machado, don Antonio: “Quién tuviera una escalera…” se ha multiplicado, y se sigue haciendo millones de veces.

Es serio, divertido, todas las cosas juntas, poeta, músico por supuesto, no engaña, es verdadero y puede vivir con lo justo. La última vez que nos vimos, por ahora, fue en un estudio en Madrid donde grababa uno de sus últimos álbumes. El de ahora se llama algo así como “Antologia del desorden” y es una escalivada preciosa de  todo, o casi todo, lo que cantó. Una vez leí, no sé dónde, quizás en México donde le adoran y le lloran cuando le sienten.

“Si Dios cantara, lo haría como Serrat”.

Los que están más cerca de él le llaman el Nano y le quieren como a un niño inmortal. Tiene que cuidarse. Incluso cuando la voz se le rompe, entonces la aflamenca a su aire, convirtiendo una columna de ceniza, de  cigarro, en una iglesia románica…

En fin, que nos dicen que debe descansar su voz, que no puede regresar ahora mismo, que tiene la garganta quebrada -por lo visto se llama “una traqueo laringitis aguda”-, que necesita silencio y resposo.

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Así que nos quedamos sin tenerlo en directo, ya con el pelo casi blanco pero el mismo gesto rebelde, en Madrid y en Zaragoza estos días. Y es una pena por que estábamos celebrando sus cincuenta años en la música, medio siglo ya. Pero las mismas entradas que ahora no se usaron, se podrán presentar en septiembre, cuando vuelva restablecido, en pie, a ver que pasa. Incluso el concierto general de México, que ya estaba enmarcha y todas las entradas vendidas. Así que a esperar a que pase el verano.

– Cumplire mis compromisos amigos. Tengo tanta gana de estar con vosotros…

Dicen que dicen que ha dicho. Así que sombrero panamá -pero de campo de verdad-, la guitarra cerca. Envuelto en el  paisaje antiguo del Priorat donde vive, donde pervive, a veces una idea y una línea de música.

El planeta espera, Joan Manuel, a que llegue el otoño, que está al caer. Mientras tanto, acudo al vinilo aquel que un día me dedicaste de tu puño y letra y que guardo con aquel otro de Neruda en su propia voz cantado, aquellos cantos de amor del viejo marinero. ¿Recuerdas, niño del pueblo seco, el mar -la mar-, al fondo?

De cambiar el nombre del Mediterráneo… yo le pondría, sin que me temblara el pulso, Serratterráneo.

  • Hermosísimo artículo sobre el amado Juanito. Yo tengo la esperanza de que podrá volver a cantar muy próximamente. Ojalá pueda hacerlo este fin de semana en Valencia. Aunque también hay que tener en cuenta que para que ello ocurra debe esperarse su total recuperación. El apresuramiento es mal consejero. Pero, claro, tanto él como su público, estamos ansiosos. El, de volver a sentirse en buenas condiciones y eso sólo lo puede comprobar subiéndose a un escenario; y sus admiradores – cuando suspende alguna actuación -, se sienten algo defraudados y, en principio, no entienden que deben esperar y ser pacientes y comprensivos. Muchas gracias.

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