¿Por qué estuvo la Reina de España en Malasaña?

Como casi todo el mundo sabe, Malasaña es un barrio muy popular de Madrid. Y según se ha publicado estos días atrás, se trata también del barrio más republicano de la ciudad.

Bien. Como muchos ya han sabido, la reina Letizia hace unos días visitó de noche -aprovechando que el Rey, su marido, estaba de viaje oficial en Berlín- el barrio de Malasaña. Juvenil, brillante, discutido e indiscutible de la capital de España.

Como el tema, no sé por qué, ha sido a veces controvertido en distintos medios más o menos conservadores, y aunque yo no soy un cronista Real, faltaría más, que soy, a mis años, muchas más cosas, con más o menos acierto, el caso es que después del largo fin de semana, he llegado a una conclusión.

La Reina de España estuvo en Malasaña por dos razones, tal vez tres. La primera es porque le dio la real gana, nunca mejor dicho, y además podía hacerlo. La segunda, porque tiene el cuerpo, y el alma, de una dama de esta generación y quería, otra vez, demostrarlo. La tercera, por una razón histórica, más que histérica, creo yo, se trata de lo siguiente:

Malasaña se llama así porque en una de las calles de este hermoso lugar madrileño nació hace muchos años una mujer llamada Manuela Malasaña, hija de un obrero humilde. Parece que les estoy contando un cuento, pero es verdad que el día 2 de mayo del  1808, cuando Madrid entero se echó a la calle para arrojar a las tropas de Napoleón de su geografía, luchaban aquellos españoles por su libertad. Y el emperador francés ya tenía puestos los ojos, y los soldados, en la capital de España.

manuela

La modistilla Malasaña caminaba por una de esas calles cercanas al cuartel donde residía el ejército español con base en Madrid, cuando, así se escribe la historia, fue detenida por los franceses, que ya estaban en los alrededores del sitio intentando el asalto a la base militar donde, por cierto, estaban a punto de echarse a la calle dos militares españoles, Daoiz, un capitán andaluz, y Velarde, un valiente militar santanderino.

Para luchar contra el “gabacho”, como se decía en la terminología rebelde de entonces. La muchacha Malasaña, que cumpliendo con su misión de modistilla, llevaba en su bolsillo unas tijeras de coser, fue detenida por eso tan solo. Portaba armas en su ropa. Madrid siempre ha sido muy dada a la historia de las modistillas, entre otras razones, porque es tierra de muy buenas costureras y muchas de ellas trabajaban en casa ajena y, por lo tanto, probaban a domicilio.

Total, por hacer breve el cuento -aunque yo no estaba allí, nada más que cuento historia-, que fue hecha presa, e inmediatamente después, maltratada y fusilada. También se hizo público en un manifiesto francés que había ayudado a su padre a cargar los mosquetes de los rebeldes españoles del cercano cuartel.

En la revuelta, de aquel día del 2 de mayo, que Madrid celebra con gran orgullo desde hace ya más de dos siglos, más de doscientos años, murieron los dos grandes soldados españoles, Daoiz y Velarde, que hoy están en la plaza corazón del barrio, en mármol blanco, representados desde hace mucho tiempo, inmortalizados por el escultor Plaza años después.

El monumento se levantó en homenaje a los españoles que dieron su vida por la libertad de su pueblo frente a los franceses, bajo un arco de ladrillo, que reproducía con fidelidad la puerta del cuartel de los héroes. A la plaza se le llamó desde siempre la del Dos de Mayo, y al barrio cercano a Chamberí, donde tienen ustedes su casa, el de Malasaña, en honor y memoria de la niña que dio su vida en defensa de su pueblo. En esa plaza, y a la sombra de ese hecho histórico, mi esposa y yo hemos llevado durante algún tiempo a nuestros nietos a correr entre los jardinillos, entre las mesas de los jubilados, cuando aun no era más que eso, un parque para que jugaran los niños, y pasearan los últimos vagabundos de la historia contemporánea de nuestra capitalidad.

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Luego se convirtió en el barrio Malasaña, donde ya por dos veces ha acudido doña Letizia, si bien antes lo hacía con cierta frecuencia, más o menos cuando era la corresponsal, digamos, de un barrio obrero de Madrid, en el que vivió hasta que el entonces Príncipe la enamoró, siendo ya periodista y presentadora del telediario de Televisión Española, noticia que servidor de ustedes, dio, en su momento, el primero, en el programa de Terelu Campos, con ‘T de Tarde’, en Telemadrid, varias veces la ‘Te’, de Terelu, de Telemadrid, de tarde y de Tico, que es el nombre abreviado del de pila de su seguro servidor.

Con su pelo a lo bob, que están usando tantas mujeres de casi todas las edades, el miércoles, día 13, elegantísima, rompedora, casi transparente, la Reina de España apareció, de pronto y sin avisar, aparentemente sólo acompañada por un discretísimo servicio de seguridad, en Malasaña y. más aun, en un bar llamado ‘La Bicicleta’, que ya estaba antes de que acudiera doña Letizia, y le sirviera una cerveza a morro, después de consultar la carta, aquel camarero que se ha hecho famoso de la noche a la mañana y que le dijo, aquello de “le sirvo, aunque no soy monárquico, sino republicano”, frase que naturalmente ya ha dado la vuelta al mundo.

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La Reina, como en su día tuvo también un corazón ligeramente a la izquierda, que todo el mundo lo sabe, sonrió y se sentó en una esquina, junto a otras tres amigas, muy buenas, que últimamente le acompañan cuando hace estas salidas imprevistas, siempre solo si el Rey no está en ese momento por razones de Estado, siempre. Es más, aquella misma mañana había asistido, presidiendo un acto de la Guardia Civil, el mismo en el que había acudido años atrás vestida de traje negro y mantilla, como exige el protocolo de la Familia Real Española en ese tipo de actos.

Todo esto para decirles, que de esta manera, la Reina, digo yo, hizo gala de su madrileñismo, aunque sea asturiana, tan cerca del día 15, San Isidro, en la que sin embargo no la vimos vestida de castiza con su pañuelo de seda en la cabeza, su clavel reventón en el pecho, llevando el compás del chotis madrileño de Agustín Lara. No hacía falta.

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Su Majestad, oportuna, actual, acudió a su cita con la modernidad madrileña brillando, en la primavera histórica de un grito de libertad inolvidable. Y lo hizo con valor que es una forma del amor, porque en unos días, muy pocos, irá hasta París, el corazón de la entonces Francia invasora, acompañando a su esposo el joven Rey, que sí que es madrileño, en la que habrá de ser su visita de Estado, cuando hace poco hubo que suspender por el trágico accidente de avión de los Alpes aquella primera cita con la historia, a las puertas mismas del Eliseo. Esta es la Reina, que enamora a los españoles, esta niña de Malasaña, que como aquella, lleva la tijera de su sonrisa, en el  poncho de seda, sin una sola joya encima, eso sí, peinada a la francesa.

Por cierto, ella fue la que pagó la cuenta.

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