Miguel Bosé, padre de cuatro hijos, de blanco y con coleta

En noviembre del 84, ajusten cuentas como siempre digo, porque yo soy muy malo para hacerlas, entrevisté largamente en Milán, que era, es, la tierra de su  madre Lucía Bosé, y la que el eligió para “confesarse” Miguel Bosé, que ya entonces, según la  fecha oficial tenía… Vamos a ver, Miguel Bosé, uno de los grandes de la personalidad que uno ha conocido a lo largo de su vida, debe tener ahora, si nació en abril del 56 y en Panamá… pues va a cumplir 60 años.

No importa. Lo acabo de ver este fin de semana pasado con María Teresa Campos en su ‘Qué tiempo tan feliz’, comentando que vuelve a aparecer con su raro resplandor de siempre, Miguel Bosé, ‘Papito’, con un nuevo disco, espectáculo musical, para todo el mundo, titulado ‘Amotur’, y que veremos en vivo y en directo muy pronto, en España, para empezar la gran gira.

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Siempre fue un gran luchador, pero es que además no tenía más remedio. Era hijo de dos leyendas que, además, se caracterizaban por eso, por nadar siempre contra corriente. Miedo nunca, personalidad a fuerza de talento, actitud, en el filo de la  navaja siempre.

Les puedo decir que la primera vez que le vi fue en la cuna en la casa de Somosaguas de sus padres. Sí, en la cuna, arropado, dormidito, con un  capote de paseo, que le había diseñado y firmado, ni más ni menos que don Pablo Picasso; su padrino. Además,  su padre era Luis Miguel Dominguín, uno de los toreros más elegantes en el ruedo, y en la calle, aquel que toreaba con Manolete la tarde de la tragedia en Linares en agosto del 47. La calle decía que él era, de alguna forma, en gran parte, “culpable” de la muerte del torero cordobés porque le llevo hasta un límite imposible en la plaza. Tanto fue así, que años después le acusamos, en el programa de televisión ‘Juicio sumarísimo’ -que hacíamos en la televisión única en blanco y negro, Yale y yo- de esta manera tan directa.

– Se le acusa a usted, don Luis Miguel Dominguín, de ser el culpable de la muerte de Manolete.

Él se estiró, en un rictus muy suyo, el cuello de a camisa impecable y respondió sin alterarse.

– Están ustedes mal informados. Yo no me llamo “islero”, mi nombre es Luis Miguel González Lucas.

Muchos años después, en lo alto de la finca La Virgen, en Sierra Morena, donde paseaba con él -la ermita de la Virgen de La Cabeza al fondo-, él iba vestido de cazador de safari y había recibido la llamada de arriba, según me dijo, como San Pablo, para lo que tuvo que caerse del caballo, como él, y de pronto, se detuvo escopeta al hombro y me preguntó.

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– Dime la verdad, ¿qué te parece mi hijo  Miguel como cantante?

Y yo le respondí, a bote pronto, entre las zarzas y las jaras de la espera.

– Me parece extraordinario. Tiene una enorme personalidad, y además es natural, es hijo de dos leyendas. Ya me dirás. No tenía mas remedio. ¿Re hubiera importado que eligiera en vez de la música el camino del toro?

– Pues no. Claro que no. Pero lo importante es que sea diferente, distinto, que sea artista, y si no -apretó el gatillo sobre la inmensa laguna de más de diez mil hectáreas de Sierra Morena.

– ¿Sabes lo que te digo? Que sea lo que quiera, pero que lo haga bien.

– Es que tiene mucha responsabilidad ser hijo tuyo y de Lucía…

– A él le tira más, siempre, la madre, Lucía…

Era verdad, ¡cómo no! Lucía es extraordinaria, además de bella, que es otra cosa distinta de guapa, es que es sensacional, la dama azul, hasta el pelo pintado de océano, mediterránea de nacimiento pero diosa griega en el fondo, coleccionista de ángeles,  tenía que ser madre de un arcángel como Miguel, porque los que viven cerca del cantante le llaman Miguel, sobre el Luis Miguel.

La última vez que hable con la Bosé fue en la casa de América, en la Cibeles, donde dicen que aún hay fantasmas. Es un viejo palacio cuidadísimo, en el corazón de Madrid. Me habló de su hijo, “¡cómo iba a hacerlo!”, decía ella sonriente, intrépida, después de poner en pie el mágico disparate de su Museo de Los Ángeles, casa única de la flor de la maravilla, que no sé lo que habrá sido de ella aunque la recomendé a Córdoba, que tiene coronado su paisaje en lo más alto por un San Rafael, ángel de ángeles, como casi todo el mundo sabe.

1826 25 agosto 1979

Lo cierto, y a lo que voy, es que durante un largo fin de semana trabajamos juntos en una especie de larga confesión o minimemorias, Miguel Bosé y yo. Fue en un hotel formidable, del que además robé un calzador de madera precioso. Íbamos a comer a las mejores pizzerías del Mundo, visitábamos museos, hablábamos bajo los últimos y únicos arcos romanos, él siempre de blanco como un caballero templario luchando contra sus demonios -que todo el mundo los tiene- y los de los demás. Era un torrente de imaginación, la gente volvía la cabeza a su paso, casi como un ángel transparente, y en voz baja, susurraba.

– ¡Es el ‘figlio de Luchia’…!

Era más cosas, siempre lo fue. Ama los perros y los libros. Y al mismo tiempo, es capaz de hacer un buen jamón, que posee hasta una buena camada de cerdos. Le gusta mucho más que Andalucía, y lo sé, Extremadura donde ha tenido negocios, con amigos leales, y cercanos como por ejemplo Alejandro Sanz. Tiene un valle de cerezos, cerca de donde lo tiene, Ana Rosa, la reina de la mañana de la televisión y reportera extraordinaria a la que admiro mucho y a la que este año le han otorgado la Cereza de Oro, merecida. Miguel Bosé, ahora mismo se me viene a la memoria del anciano druida que soy, cuando me dijo aquello que fue titular en sus memorias tituladas ‘Milagro en Milán’, como la peli inolvidable.

– Quiero tener un hijo cuanto antes. Y sobre todo, quiero tenerlo con una mujer que después desaparezca de mi vida y me deje a mi hijo, a solas, para siempre.

Era una sorprendente declaración de principios y de finales también. Y ha hecho realidad su sueño, porque tiene cuatro hijos, cuatro, Diego, Tadeo, Ivo y Telmo, de los que aún no existe, que sepamos, una sola fotografía.

Viajamos por Italia buscando paisajes de fondo. Por ejemplo, visitamos Bergamo, el pueblo italiano en el que había nacido el Papa Juan, el papa aquel al que llamaron el párroco del Mundo y que la primera vez que puso su pie, calzado con la sandalia de seda en la silla pontificia, se ajustó la mitra, el gran campesino y preguntó preocupado.

– ¿Y esto no se caerá con mi peso?

Retratamos a Miguel en aquel palacio bellísimo, grandioso del que era propietario el rey de las maletas del mundo entero. Salones, espejos, fuentes de mármol, se encontraba Miguel como en su sitio. Nada le venía grande. Igual que en la casa de su familia, en aquel roquedal de Extremadura, con las paredes de azules, donde su hermana tenía una casa rural para quedarse de por vida.

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 Es valiente, mucho, y ahora sigue de blanco druida, ama a sus perros, tiene sus gallinas,  esta grande, con la coleta puesta, más de torero que de político, que aquellos días me confesó que había días que se vestía de torero en la soledad de su alcoba. Escribe novelas o quería escribirlas, usa gafas para ver, a veces de medio punto, ama la soledad, dichoso el que puede disfrutarla, y yo creo que en el teatro, y a ser posible en Mérida, haría un Julio César, indiscutible. Le gusta hacer cine, a su manera, y recuerdo aquel día que confesó:

– Me hubiera gustado ser madre…

Un día estuvimos a punto de pelearnos por una casa vieja en Trujillo donde crecían las ortigas hasta llegar a las veletas. Se ha criado y ha crecido entre artistas y artesanos. Yo mismo tengo un cuenco de cerámica que hicimos con un dibujo de una margarita pétalo a pétalo, en el horno del escultor Otero Besteiro, Natalia Figueroa, de Raphael, Lucía Bosé y yo…

Hay un dato que lo dice todo. Luis Miguel González Bosé, nacido en Panamá hace casi 60 años, cambió de sitio legalmente su apellido. Por escrito, oficialmente y desde entonces se llama en los papeles.

Miguel Bosé, González. De profesión: Genio. A mí me alegra poder seguir llamándole ‘Papito’.

  • Me encanta Miguel,

    Para mí es el artista por excelencia, el único, el inimitable, el creador, el compositor, la voz sensual, el carisma, el saber reinventarse…….y un largo etc…………

    Lástima que en su concierto en Madrid hayan puesto el precio tan caro a las entradas de grada…lo digo por si llega a alguien……ya sé que lo fija la empresa, pero con los sueldos de hoy en día somos muchos los que nos tenemos que perder el placer de verle y escucharle por este motivo…

  • Estoy de acuerdo com Laura, en México también los ponen muy altos,es el amor platónico de mi hija, y siempre se queda con las ganas de ir a sus concertos. Don tico: gracias por compartir sus grandes experiencias e increibles.

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