Con Jane Fonda en el hotel Ritz

– La señora Fonda le está esperando. ¿Me permite que le diga una cosa?

– Usted dirá

– Pues que vaya suerte que tiene usted. La mejor actriz de cine del mundo, le espera. Está en la suite de la segunda planta, que usted conoce bien, señor Medina.

– Desde hace mucho tiempo, y además, ya sabe usted mejor que nadie que siempre que he venido, ha sido no como huésped, que ya quisiera yo, sino profesionalmente.

– Porque usted lo quiere así, que si no con mucho gusto le invita la casa.

La verdad es que el hotel Ritz de Madrid es uno de los únicos en el mundo, y lo cierto también es que allí el periodista había tenido muchas entrevistas lo largo de muchos años de oficio. No quiero cansarles ahora haciendo la lista de oro, pero bastantes de la élite mundial. Eso sí, siempre ahí arriba, lo mejor de lo mejor, y lo digo hoy, precisamente hoy, cuando también es casualidad, van y compran el hotel Ritz de Madrid los chinos y los árabes por más de 120 millones de euros. Ajusten cuentas.

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Lo que sí es bueno recordar es que hoy, que vuelvo a pisar las silenciosas alfombras, miren por dónde, se me acechan los recuerdos, Grace de Mónaco, pero cuando ya era Princesa de Mónaco, antes no le dejaron estar porque era solo Grace Kelly actriz de cine. A James Stewart, enorme actor, tampoco le dieron cuartelillo porque era actor de Hollywood, y se las ingenió el flaco luminoso vistiéndose de general del ejército del aire americano, que era lo que había sido en la Segunda Guerra Mundial.

Pero la puerta se abre, suavemente, y una mujer de rostro dorado, sí, el sol de la gloria del cine dora de otra manera, y aparece el rostro espléndido de una mujer de más de 70 años, quién lo diría, hace de esto -estamos en el quince…- diez años, no quiero hacer números, aunque asegura que tiene 77, por que las mujeres tienen, como dice mi amigo el sabio gitano del Sacromonte, tres edades al mismo tiempo, claro: La que dicen, la que tienen y la que representan.

Que no es una afirmación machista, ni mucho menos, porque se puede también trasplantar a los hombres, bueno, pues la puerta que se abre y ahí está, Jane, la hija del legendario Heny Fonda, casada varias veces, y separada también, rebelde, dos Oscar, dos, no sé cuántos Globos de Oro y un Emy, capaz de hacer reír y de hacer llorar al mismo tiempo, preciosa, porcelana, pura, intelectual, incapaz de hacer callar, ni por su marido, el último, por entonces, Turner, el rey de la cadena más fuerte de televisión de los Estados Unidos…

– Usted dirá. ¿Cómo dice que se llama?

Le digo cómo. Deletrea, no me atrevo a decir, que paladea mi nombre a duras penas. Es muy americana, tiene los mismos ojos mareantes que tenía su padre, creo que color canela. La recuerdo ahora mismo en Barbarella…

– Usted está aquí por ¡HOLA!, ¿no?

-Sí, señora

– No me llame señora que me hace más vieja

 – Usted no será vieja nunca- no le añadí yo, entonces, como cuando eran mis tiempos feroces- aunque lo sea.

Pero es verdad, no es una vieja dama, y precisamente hoy lo digo, porque además hace unos días ha sido la reina total de Cannes, donde más se envejece del Mundo. De un año para otro, como no te cuides, un  siglo te cae sobre los hombros. Jane Fonda, que te mira con sus ojos glaucos, como los de los gatos de angora, casi uno de cada color, un color para cada momento, para cada pregunta, o mejor dicho, para cada respuesta.

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– Es usted la que me tiene que decir, que acaba de publicar su libro de memorias… ¿lo cuenta todo, señora?

– Le insisto en que debe llamarme Jane, tan solo Jane, por favor. Pues sí, he hecho docenas de películas, tengo…

Y me cuenta en un instante su vida, muy difícil llevar en el puño el Sol, se lo digo, y cómo hay que traducirlo, ¡maldito idioma inglés que siempre se me dio tan duro, con la falta que me hizo!

– ¿Ha tenido usted memoria para contar todo en su autobiografía, que se llama precisamente, ‘Memorias’?

– Todo lo que recordado, sí, claro que, sí.

– ¿Lo bueno, y lo malo?

– Todo lo que he recordado créame…

 Sonríe, sin dejar un solo instante de sentirse bajo los focos. La veo ahora mismo gritando, en los tiempos hippies, contra la guerra de Vietnam…

– Jane. ‘Yein’…

– Así, así

– ¿Por qué se ha salido usted del plano?

Le traduce la chica que viene de la editorial.

– ¿Cómo dice? ¿Que me he salido del plano?

– Del plano no… del ramo…

– ¿De qué ramo?

– Del de rosas que hay encima de esta mesa en la que hablamos…

Se lo cuentan. Y acepta el cumplido con los ojos, preciosos, muy abiertos, como instalada en el asombro.

– Oh… es un requiebro

– Pi ro po… en español se dice piropo

– Ustedes los españoles son muy galantes… Es muy lindo lo que usted me ha dicho

Sin embargo, por recoger el hilo de la conversación, le pegunto:

– ¿Qué es lo más bello que le han dicho en su vida?

Se coloca de perfil como un plano de aquellos que su marido el director francés, le hizo en Barbarella, donde estaba bárbara, precisamente.

– Oh, sí. Verá…

– ¡Le han dicho tantas cosas…!

– Cierto, pero mire, ninguna como esta que me acaban de decir… “Te quiero yaya, te quiero mucho”.

– ¿Y ha sido hace mucho, Jane Fonda?

– Hace muy poco, y ha sido uno de mis nietos

Suelta una carcajada, más que cinematográfica, real. Pero hay se ha desnudado sin desnudarse. Lo ha dicho todo en una frase, es orgullosamente abuela.

Debo terminar mi retrato de hoy.  Aun le hago algunas preguntas más, pero por este post basta. Jane se retrata en pie con un perro en brazos, un perrito de retratar, más que un perro de aguas, un perro de Hollywood. De pie está espléndida, creo que hace mucha gimnasia. Le he vuelto a recordar a su padre, al que conocí en Almería haciendo de ‘cowboy’ cuando Almería era Hollywood.

– Jane, ¿me permite darle un beso a la española?

– ¿A la española dice?

– Sí, son dos, uno en cada mejilla, ya sabe… nada profundo, porque un beso es un beso…

Mueve la cabeza, como quien regaña. Y me firma el libro de sus memorias. ‘Love’. Jane.

jane

¡Cómo pasa el tiempo! En la fiesta mundial del cine en Cannes, volviendo la cabeza, de perfil, insisto, como de oro, ha vuelto a merecer el titular de Jane, la reina ha vuelto.

Y es verdad. La reina en el exilio, es cierto, pero las reinas, nunca dejan de ser reinas.

Como nunca dejan de ser galantes, los plebeyos, los que son galantes, claro. Y entre ellos, orgullosamente me encuentro.

  • Inmejorable y maravillosa actriz, una de las pocas que van quedando de la época dorada de Hollywood. Eran muchas, muy buenas, irrepetibles, como Jane Fonda a quien agradezco haber podido disfrutar de magnificas películas. Dios la colme de felicidad en los años que le quedan de vida. Gracias, Jane.

    De Tico Medina sólo puedo decirle que el es también uno de los pocos periodistas, buenos, buenos que quedan. Siempre he seguido sus trabajos con interés y admiración.
    Gracias y le deseo todo lo mejor. Con admiración y afecto. Celia

  • Que gran mujer se supera día a día y van pasando los años
    y los que nos gusta el cine y las actrices de verdad nos parece
    una auténtica eina.
    Gracias Tico por tu maravilloa entevista nos hemos sentido
    al leerla como si hubiéramos estad contigo.

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