Adiós Jesús, compañero, adiós…

Se nos fue en silencio, como le gustó vivir últimamente. Le gustaba pasear por su jardín, cerca de Madrid. Fue mucho más que “aquel que subió a los españoles a la Luna, donde -le dije un día- ya muchos estábamos”. No fue el inventor de la televisión, no, pero sí la cambió a su manera. La cámara, desde el blanco y negro, le quería, cosa que no pasa con todos, por ejemplo conmigo, que llevo más de cincuenta años en el invento y cada día salgo más feo por más que me maquillen.

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Tenía personalidad, le conocí mucho. Quería haberle escrito una carta hoy mismo, aquí, pero veo que todo el mundo ha caído en la misma metáfora. Vale. Lo respeto, pero lo amplío. Fue un periodista, primero en el papel, conmigo, él cerca de mí o yo a su vera. Hacíamos juntos, en el diario Pueblo, él la última, que se llamaba Macth Hermida, junto a Forges y Manolo Alcalá, aquel espléndido reportero que se nos murió hace unos años.

Servidor hacía la última del primer cuadernillo, con Manuel Summers, día a día, todos los del año, peleando, tan cerca el uno y el otro, aunque al final, a la caída de la mañana, nos encontrábamos al pie del ascensor esperando sorprendernos el uno al otro. O sea, insisto, éramos combatientes en el mismo circo. Gladiadores en la misma arena. Mucho tiempo. Unos días ganaba él, incluso algunos ganaba yo, eso me da un especial conocimiento sobre él.

De ahí mi tristeza en el día de hoy, cuando su cuerpo está presente, en los alrededores de Madrid. No sé a estas alturas si Hermida ha pedido que arrojen sus cenizas al océano de donde, como él mismo contaba, tenía un sabor amargo:

– Porque mi padre, que era un hombre que de la mar vivía, el Atlántico, me devolvió solamente su canasto de pescador y su sombrero.

Cuando llegó a la tele, él, que era un hombre nacido en el periódico de papel, entendió enseguida que ahí estaba su destino, aunque al final se abrazó a la radio para seguir contando. Cuando Hermida subió al español hasta la Luna, contándola a su manera, el documento más visto en este día de hoy, el contador de historias que soy emergía del mundo prehistórico, de Mindanao, donde los humanos aún no conocían el hierro y donde desayunábamos orquídeas como coliflores, como lechugas, y dormíamos con arañas como el puño de la mano.

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Jesús miraba a la cámara como nadie, bajo aquel flequillo, en el tiempo en el que Los Beatles lo habían hecho popular, pero era el suyo un tupé que no llegaba a tupé, y que llegó a formar parte de su figura. Pero mandaba su palabra, a veces tajante, a ratos un grito, a veces un susurro. Dicen que se le veía poco por su barrio, que estaba en San Juan de los Reyes, y el otro día le recordé cuando vi aquella casita blanca que tuvo en los primeros tiempos, Las Cuatro Plumas, en el campo de Cartagena.

Era culto, de la sangre como decía el poeta, y de los libros. A las personas, las escuchaba, a las gentes del otro lado de la ventana de platino, las seducía. Le gustaba filosofar y me dicen que hasta hace poco se le veía como en el otro mundo, a su aire, con un sombrero rojo y su perro al lado. Nieves Herrero, que junto a su esposa Begoña, que tanto le ayudó estando a su lado, ha conocido los últimos momentos de Jesús.

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Fue una de “las chicas que inventó”, hasta crear un pequeño ejercito lindo y fuerte de comandos de la noticia como Mariló Montero o María Teresa, por dar dos nombres tan solo. Nieves, que antes me llamaba todas las noches de Fin de Año al filo del tiempo nuevo, asegura que los últimos días del maestro de Huelva estuvo cerca de él y que “no supo hasta el final que estaba tan malito”. Cierto. Nadie ha sabido que se iba, hasta que se fue del todo. No era muy amigo de los espectáculos. Su entrevista con el Rey emérito me pareció, a mí particularmente, estupenda. Era largo en sus preguntas, siempre duro en la jefatura, a mí me echó dos veces de dos despachos distintos en Antena 3 por baja audiencia. Creo. Llevaba razón, pero le recuerdo entrando al despachito con las manos en los bolsillos, sonriendo, como siempre, para decirme:

Ticolás -que es como me llamaba para no tener que decirme Tico que me mermaba, ni Escolástico como es mi nombre verdadero…-, ya sabes a lo que vengo.

Siempre contaba que yo ponía siempre sobre mi mesa una retahíla de cosas que me separaban de los demás. Llevaba razón, me conocía muy bien. Por eso, él sabía.

– Vete recogiendo eso, que mañana viene el que te sustituye con otro programa nuevo.

Eran los gajes del oficio. No llegamos a querernos, porque no llegamos a conocernos del todo. Pero era un maestro y como un maestro lo estamos despidiendo. A veces alguna confidencia profunda, que no recuerdo. Más de veinticinco años juntos, no revueltos. Escribía muy bien, como un filósofo de la arena. A veces en la noche le escuchaba en las veinticuatro horas finales de Radio Nacional, con música de Los Beatles siempre de fondo.

Anoche quise llorar pero no pude. ¡He llorado tanto…! Tampoco quiero hacer otra cosa que enviarle este abrazo. Me ha gustado su actitud desde el silencio, lo comparto, maestro. Hoy te digo maestro. Y espero que ahora que has visto la Luna no desde abajo, sino desde arriba, hayas comprobado que son mucho más hermosas las arenas de tus playas del descubrimiento donde a veces se que caminabas con los zapatos en la mano.

Te vas como una leyenda, y eso es bueno, difícil de superar, Jesús Hermida. Pero eras mucho más, hiciste más cosas que eso a lo largo de toda una vida. Yo, ahora te lo digo, te admiraba, pero no te tenía envidia. No. Por eso, querido, nunca te lo había dicho, maestro Hermida, que te vas de todo esto, tres años menos que yo, casi una vida, te aviso. Te advierto. Nos veremos pronto, muy pronto.

  • Querido Tico,como siempre me ha encantado tu artículo,retratas como nadie a los personajes que por crecer. Juntó a ellos nos llegan a ser tan familiares que su marcha nos duele tanto.solo hay una cosa que no estoy de acuerdo contigo y que no me ha gustado nada, ” ese nos veremos pronto “” ,será nos veremos dentro de mucho tiempo,un beso gran maestro.Adela

  • Tico, nunca he escrito en tu blog pero hoy no tengo más remedio… Hace años que te leo y cada vez me gustan más tus artículos, palabras, son poesía pura. Y espero que tu aviso a Jesús no se cumpla. Necesito leerte aún muchos años más.

  • Es usted un maestro. A mí me encanta escribir. Por eso leerle es toda una delicia. Se nos fue un grande, español, y andaluz como usted y como yo. Es una pena que vayan yéndose las leyendas. Solo espero que a usted aún le quede mucho que escribir, y mucho que decir porque me encanta verle en el programa de Juan y medio. Se nos marchan los grandes, don Tico, espero que no se cumpla su profecía en mucho tiempo, sería demasiado duro. Un afectuoso saludo de una malagueña a la que le ha encantado su artículo. Arte!!!!!

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