Yo, y Lennon

Perdonen si me pongo por delante, y pido perdón porque todo ha sido por buscar el titular necesario. Más aún si les descubro que el protagonista de nuestra historia de hoy es uno de los más grandes personajes de la última historia de la creación del planeta en el que vivimos, o mejor, sobrevivimos.

Me refiero a John Lennon, cuya primera esposa acaba de morir. Ha sido noticia estos días la muerte en Palma de Mallorca, donde vivía prácticamente ignorada, de una mujer llamada Cynthia Powell, quien fuera la primera esposa de aquel que en su día me hizo titular en la primera página del diario Pueblo de entonces con: “Hoy he conocido al Profeta”.

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John junto a Cinthya Powell

Era un título arriesgado y más en aquel tiempo. Merecía la pena. El verdadero corazón de los Beatles, que en la música estaban siendo reconocidos como los mejores de la historia, llegaba a España, para hacer una película a las órdenes de un director de mucho brillo, Richard Lester. Y más aún la historia que iban a contar: John hacía de un extraño soldado de la segunda guerra mundial. La verdad es que pocos sabían que a él le interesó particularmente la historia porque su padre había sido desertor cuando fue soldado en Normandía.

John aceptó el papel, se vistió de soldado con un arrugado traje de campaña, unas botas altas y bajó hasta el cinematográfico desierto de Almería, que ya había sido el escenario natural de muchas películas. Tanto es así, que en su momento también titulé en otra ocasión Al este está el oeste, porque casi todas las grandes películas de vaqueros de entonces se rodaban allí, aparte de Lawrence de Arabia, entre otras muchas.

A lo que voy, que a veces tiene uno tanto que contar que se le va, como dice el refrán, “el santo al cielo”. Fue en 1966, ajusten cuentas, casi cincuenta años de distancia de hoy, pero aquí está brevemente la historia de aquel encuentro inolvidable, para mí histórico.

Se había concertado la entrevista, no fue fácil, no era habitual que ninguno de los Beatles las concediera, menos aún John, el más enigmático, formidable, histórico en el tiempo de lo histérico, personaje de la fama de la época.

La cita durante el rodaje, ya veriamos donde. Lo cierto es que llegué a una tierra que me era particularmente querida y en la que a ver si había suerte y se podía conseguir la exclusiva, cuando una exclusiva era de verdad -y perdonen por la redundancia, una exclusiva.

De pronto, primera hora de la mañana, un hombre, un soldado desaliñado con unas gafas redondas (ahora se llevan pero entonces sólo se habían visto en Gandhi), alto, con los cordones de las botas militares desanudados. Venía caminando solo pero tenía resplandor, lo escribí entonces (en mi vida lo he dicho muchas veces, existe en las hemerotecas), venía hacia mí con una extraña sonrisa.

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– ¡Es Lennon¡

– Sí, es Lennon, y trae en la mano un plato de lata de los de la mili.

No había ni donde sentarse. Hay por ahí una foto que no encuentro (¡me he mudado tantas veces¡) en la que se nos ve a los dos, un soldado sentado en una silla de campaña de tijera, y un reportero de jersey alto, negro, y chaqueta de ojo de perdiz sentado como un  árabe que reza en el suelo, en la arena del desierto casi africano.

Menos mal que había una traductora. La suya, muy británica, muy de cine y muy buena. Hablamos un rato, digamos que casi una hora. Aunque me habían dado media de contacto, fue generoso conmigo. Me sorprendió que aquel hombre tan grande fuera tan humilde, tan sonriente. Claro que entonces aún no había aparecido en su vida esa misteriosa mujer japonesa, Yoko Ono, que tanto influyó en su vida posterior.

Tenía Lennon un largo flequillo que había convertido en una prenda muy personal, tanto que creó escuela, moda, en el mundo entero. Recuerdo que mientras hablábamos y luego caminábamos por el inmenso plató almeriense, John golpeaba, musicaba algo que llevaba dentro, como era habitual en él siempre estaba componiendo. Llevaba el son. Incluso también me viene a la memoria mi único aliado, que como yo era granadino, le hable del compás con acento en la a y de las palmas de los gitanos de las cuevas de Granada.

Después supimos que estaba componiendo entonces la hermosa canción Strawberry Fields, que fue un éxito enorme y que aún hoy es una canción que es casi un himno de culto para la gente de aquella generación. Ahí llevan ustedes una de las fotos inolvidables de aquel día del sesenta y seis. Estuve a punto de ir con él al Manzanilla de entonces en su Rolls-Royce blanco, el que yo ya había visto con Anthony Quinn, con Claudia Cardinale, con el increible Lawrence de Arabia… producción lo alquilaba siempre que había una estrella fulgurante en su agenda.

Aún no había conocido a una muchacha rubia llamada Cinthya con la que se casaría, matrimonio al que ella ya llegó (entonces era hasta noticia) embarazada de John que le dio un hijo, el heredero hoy de su nombre, su apellido, la fortuna de aquel que fue uno de los más grandes de su tiempo, hasta su muerte de cinco tiros en el día ocho de diciembre del 1980, cuando el Beatle, volvía de su trabajo a una casa que es hoy un museo a la memoria.

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En la horrible casa de Central Park donde siempre hay flores a la puerta. Aquel día, que está bien cerca de mí, en que el mundo se paró al conocer la tragedia -un tal Chapman le disparó a bocajarro, por que sí- yo estaba lejos. En la ambulancia que le llevaba inútilmente hasta el Hospital Roosevelt, dice la tradición, ya la leyenda, que John dijo una sola palabra, respondiendo a la pregunta de un policía que le acompañaba junto a la camilla:

-¿Pero es usted de verdad quién creo que es?

Y el respondió cubierto de sangre:

-¡Yeah!

Hoy Almería, que es una tierra hermosa y agradecida, le ha dedicado un museo y hasta la formidable historia de una película de Trueba. Yoko sigue viviendo, y sorprendiendo, bajo su enorme sombrero negro -no es fácil aguantar el luto de un mito- en el mismo lugar donde vivieron juntos, Ono y John. Yo desde entonces, hace medio siglo, llevo las gafas redondas parecidas a las que llevaba Lennon.

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Aquel soldado que chupaba un Chupa Chups mientras hablaba y llevaba el son en la tierra del compás mientras miraba al mar. Soldado rebelde que ya nunca, ni cuando volvió mas tarde con los suyos a cantar con los Beatles en la plaza de toros, olvidaría a España. Y que a mí con las fotos de aquel día, me hizo importante ante tres generaciones: la mía, la de mis hijos y las de mis nietos. Uno de los hijos de mis hijos me preguntó con gesto incrédulo:

Agüelo Tico, ¿es verdad que conociste al Beatle John Lennon? Mi profe de matemáticas, dice que tu hablaste con él, ¿es cierto?

Ese viejo retrato que no se pone de color sepia nunca y que hoy he querido compartir con ustedes cuando se habla de la muerte desconocida de aquella mujer a la que más amó un día, a la que le dio un hijo y que se hizo bajó el sol de España al que tanto amó, tanto que se le quemó la piel en el intento.

  • Solo un comentario Tico: los Beatles actuaron en Madrid y Barcelona el 2 y 3 de julio de 1965, casi año y medio antes de que John estuviera a Almería para rodar la película, y no después, como dices en tu post. Y como curiosidad, John ya estuvo en España en abril de 1963, de vacaciones con Brian Epstein, en Torremolinos, mientras el resto de los Beatles estuvieron en Santa Cruz de Tenerife. Y volvió de nuevo con Yoko en 1971, a Palma de Mallorca.Un saludo.

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