Sevilla, cuando la calle del infierno es un cielo

Dice la universal copla de Los del Río: “Sevilla tiene un color especial…”

Y lleva razón. Pero más aún el color especial de la capital de Andalucía, cuando llega abril, que además, cerrada la Semana Santa -nunca del todo porque dura todo el año-, empieza a levantarse de una vez, algo que durante el tiempo que se fue se iba haciendo poco a poco. La puerta de la Feria de Abril en el sevillanísimo barrio de los Remedios. O sea, lágrimas y sonrisas, del llanto al canto. De la saeta a las sevillanas, que ya estaban en el aire del Guadalquivir desde hace meses.

Yo he visto levantarse la Puerta de la Feria a lo largo de los días. Cada siete más o menos, acudo a la cita con Juan Imedio en Canal Sur para hacer la crónica real, más o menos, en el programa Aquí y ahora, y desde el AVE, en Santa Justa, hasta el estudio a las afueras donde se hace en directo el programa a la hora de pasar por los Remedios, ahí que he visto poco a poco, mucho a mucho, cómo iba creciendo la hermosa puerta, que abre la gloria bendita de esa fiesta única en el mundo que ya acaba de empezar y que durará hasta el domingo, cuando Sevilla se despierta, y tarde, porque es el lunes de resaca y se tienen ojeras hasta en el carnet de identidad como dicen los flamencos.

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Imagínense ustedes que, por ejemplo, Carlos Herrera, que estoy deseando que llegue el otoño para volver a escucharle donde sea y como sea, y que es el más sevillano del mundo -aunque haya nacido en Almería y se haya convertido en ciudadano universal- se ha hecho de un piso al otro lado de la feria, allí mismo y durante todo el año, para poder vivir su “madrugá” especial, volviendo a dormir, si es que hay que dormir, después de la gran celebración.

Sin tener que moverse mucho, porque el cuerpo ya le ha dado alegría suficiente para cargar las pilas un año. Por cierto, que Carlos, brillante hombre de negocios, acaba de inaugurar un hotel que es una joya, una estación con Francisco Rivera donde hay un andén antiguo, precioso, lleno de cosas lindas… en fin, que la feria de la vida sigue, que no es poco, y que buena falta que hace para que los cuerpos se alegren.

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La Feria de Abril de Sevilla, con más de un millón de bombillas, aparte las estrellas que parece ser que este año van a dejar verse. Las estrellas digo, del cielo, que las del suelo ya se están viendo circulando entre las 1.050 casetas, a la que añadimos hoy la nuestra de papel, de este blog, donde volverán a escucharse las sevillanas, a beber de las fuentes, alegres y discretas, del rebujito, ya saben, vino dorado del sur con la alegría de lo fresquito. En fin, que tampoco voy a ir a lo tópico –típico- de siempre, y que dure mucho que será buena seña.

Alguna vez, en estos últimos años, he bajado hasta Sevilla para dar cuenta, sobre todo, de aquellos nombres de brillo que de una u otra forma, en carroza, en calesa, a caballo o a pie, incluso con los tacones de aguja en la mano o las alpargatas de cáñamo o de esparto, llenan de vida ese cansancio rico de los huesos felices, aunque solo sea por unos días.

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¡Aquellos días de la Duquesa de Alba! La gran protagonista siempre, que este año no ha podido estar, pero sí su sombra luminosa, aunque dicen que han visto a Carmen Tello, mi casi comadre, con una sonrisa más triste de lo habitual, “porque echo mucho de menos a Cayetana”. Y aquellos días, hoy en blanco y negro de Ava (Gardner), que siempre salía de noche, como el más bello vampiro, y cuando la Kennedy, con mantilla a veces, o cuando envuelta en un mantón de manila, la princesa, – este año se vuelve a llevar el mantoncillo, de ajustarse a la cintura- etc, etc…

Y las sevillanas sonando, que yo puedo decirles que todos los años hay estrenos, la música de siempre, la letra, diferente. ¡Ay! aquellas noches de las del Pali, para este cuerpo entonces gentil, o las de María del Monte, siempre en la cresta de la ola, cantando, sintiendo y viviendo…

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En fin, que termino, este jueves volveré a verlas, pero desde fuera, camino del estudio. Pero en la calle, al paso, al peso, al poso, veré esta Sevilla que siempre tiene un color especial

Pero más aún estos días. El AVE baja que parece una carreta del Rocío de acero y sol. Va lleno de sombreros planos, trajes de gitana -este año se llevan mucho los lunares, los colores, para las calores…- y  hay muchos de los que bajan con los votos puestos, y porque no les dejan subir al caballo en el vagón de los equipajes… Japoneses con una flor en la oreja, americanos con un brillo sideral en los ojos…

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Y si es de noche, pues Sevilla tiene un color más que especial, espacial. Porque desde el alto aire se ve como un ascua encendida, luminosa, esa ciudad mágica que se llama Sevilla, y se lo dice a ustedes quien es nacido en Granada. Y que tiene su Corpus Cristi, pero esa, como a veces digo, es otra historia que llegará en su tiempo. Ya mismo, claro.

  • Soy seguidora de algunos blogs de Hola, de moda, por supuesto, y me encanta pero éste me parece genial por muchos motivos; primero porque sus entradas seran tan interesantes como todo lo que escribe su autor y seguro tendrá mucho de literatura, cultura, sociedad….. Mi mas sincera enhorabuena, lo seguire dia a dia, por eso le pido que escriba mucho, muchisimo, porque hacen falta periodistas de su categoría que nos deleiten y nos “recuperen” la buena costumbre de LEER. De nuevo ENHORABUENA!!!! de todo corazón.

  • Que bien lo hace, Maestro…..pero que bien lo escribe. Pido a Dios que le guarde muchos años para tener el placer de seguirle leyendo.
    Que no mueran los buenos periodistas y brindo por esas maravillosas crónicas sociales que de su puño y letra, he tenido el privilegio de leer.
    Todo un placer y mi más sincera ENHORABUENA. Gracias Maestro !!!

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