El mejor amigo del hombre es el libro

Lo siento pero, tal vez porque no lo tengo, tal día como hoy en el que se aconseja “la necesidad de leer” debo, si no rectificar, por lo menos asegurar a grandes voces que el mejor amigo del hombre, del ser humano, es el libro, y que perdone el perro, que hasta ahora ostentaba ese triunfo.

Es cierto que el perro es, no ya sólo el mejor amigo del ser humano, no sólo del hombre sino también la mujer, pues no faltaba más, pero también el libro puede adoptar ese calificativo. Es cierto, le viene como anillo al dedo, y sobre todo, me gusta escribir como hablo, aunque a veces me repita más que “una mala morcilla” como decía mi abuela Concha, es verdad.

sant-jordi

El libro te aguanta, te enseña, te ilumina en la oscuridad, te acompaña, te sana, te ama, te toma de la mano, y está siempre ahí, sin pedir nada a cambio. Ni siquiera el hueso del agradecimiento.

Servidor ha escrito, bueno, ha publicado, hasta la fecha digamos que veinte libros, que están aquí en mi biblioteca, que es la suya. Y me gusta verlos así, grandes y pequeños, algunos en piel, encuadernados artísticamente por un maestro de La Mancha, y parece ser que si tengo tiempo, ganas y luz, aún me quedan algunos por escribir. Antes recibía casi a razón de un libro diario, y es así que he regalado a mi pueblo, de Piñar, en los montes orientales de Granada, más de cinco mil, que ya han sido catalogados y están ya usados, como debe ser, en un instituto que lleva mi nombre verdadero de pila, que es Escolástico; compartan ustedes conmigo este secreto de mi “nacencia”.

También otra entrega de diez mil libros de mi biblioteca, son ya alimento para el alma de los barrios de la ciudad de Granada. Más aún tengo listos para guardar en cajas y enviar a la provincia entera granadina otros diez mil, porque vivo rodeado de libros, torres de libros, murallas de libros, que quiero que cumplan su misión fundamental de ser leídos. Por lo menos.

Los libros son respiración, alma, corazón y vida, como dice el bolero, y que fueron las tres primeras palabras de un prólogo, de aquel que se llamó La crónica de América, que primero se publicó día a día en el ABC, que todo hay que decirlo.

juan-goytisolo222

Hoy mismo, Juan Goytisolo recibirá de manos del Rey Felipe el regalo formidable de ser el premio Miguel de Cervantes de este año. Ocurrirá en Alcalá de Henares, como todos los días del libro, y a la hora que esto escribo -primera de la mañana del día veintitrés-, lo cierto es que no sé si acudirá el maestro, que vive en Marrakech, muy cerca de una de las más bellas plazas del mundo entero, vestido de trapillo, de a diario, sin el chaqué del protocolo; y si lo hará con la chilaba que tanto le gusta y que yo he usado más de una vez, tan cómoda por dentro como elegante por fuera, que a la mujer la hermosea. Hay verdaderas joyas en vitrinas, en maniquíes soberanos, pero es el caso, que el maestro Juan aseguró ayer que igual la llevaba puesta porque es su uniforme diario de allí dónde vive y escribe, mejor que nunca, por cierto.

juan-goytisolo

A mí me ha causado siempre una gran satisfacción entrevistar a los grandes del libro de mi tiempo. Por darles unos datos de urgencia a vuelapluma, o mejor a vuelablogs, les contaré que he entrevistado a Hemingway en Madrid, a Pablo Neruda en París, cuando era embajador de Chile, en su casa de Isla Negra allá al fondo del océano, donde me dedicó un libro suyo, los poemas del amor, del capitán. Hermoso, pero hermoso de verdad, con su pluma de tinta verde:

– A Tico Medina, que siempre me trae España cuando viene-.

Y era verdad, porque hasta tan lejos, al fondo de Chile, le llevé una botella de aguardiente de Rute y una ristra de chorizos de Ronda que me costó un enorme trabajo pasar por la aduana. Y también nombres de los pueblos de España, que él me los cambiaba como si fueran cromos de la palabra por otros de América…

Conversé con Miguel Ángel Asturias, premio Nobel, también, en su estudio de la ribera del Sena en París: “Aquí me tiene, trabajando en lo mío, con mi camisita de indio con un Quetzal en la espalda”.

Claro que también, en la guía de los Nobel tan sólo, hablé largo y feliz con Cela, don Camilo, muchas veces y en muchas de sus casas. Y conocí, aunque no pude dirigirle la palabra, a través de un cristal, a don Juan Ramón Jiménez, en la clínica de Río Piedras de Puerto Rico donde agonizaba, y me miró con aquellos profundos ojos negros suyos.

biblio

Viví aventuras hermosas con Gabriel García Márquez atravesando todo Centroamérica, desde México a Panamá.

A don Octavio Paz, en su terraza de la calle de la Reforma de México D.F, donde ¡HOLA! es un éxito todas las semanas y donde aquel día que hablaba con el premio Nobel, una paloma le cayó en la mano, contaminada de muerte.

Escritores grandes, de libros a veces pequeños. Tal vez olvidé algún nombre a esta hora del recuento… y otros muchos más, algunos escondidos, luminosos, geniales, como Vicente Aleixandre en su casa de la calle Wellington de Madrid, hoy olvidada; o el Nobel, también, don Jacinto Benavente, un pequeño tan grande en su casa de campo de Galapagar, viento anochecer Madrid. Y…

Tampoco hay que pasarse.  Y de entre todos, el libro aquel, no voy a decir el autor, que me dedicó el último suyo ya siendo Nobel.

– Al  joven periodista…

– Puede usted escribir reportero, si lo desea.

– Vale, así lo hago. A Tico Medina. ¿Tico viene de Vicentico?

– No, señor. Viene de Escolástico.

Movió la blanca cabeza, y añadió:

“… que hace de una pequeña noticia, una gran noticia”.

La única y gran verdad de mi vida. Y por eso a veces recuerdo aquello que me dijo un día, en su ático de Buenos Aires que no llegó a ver premio Nobel, ni falta que le hacia, ciego de ojos blancos, como los cantores Tuareg del Sáhara, que me confesó:

– A veces, me levanto y acaricio el lomo de mi enciclopedia británica, y tengo la sensación de que estoy acariciando la espalda de la mujer amada.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer