El mar, la mar

Amo el mar, aunque un día aquel marinero arrugado que parecía arrancado del libro de don Ernesto, me dijo:

– Señor Medina, diga usted mejor la mar, que es como lo decimos los pescadores de toda la vida, diga la mar, que es su nombre verdadero. La mar nos da la vida a los marineros, la mar nos da “el pez nuestro de cada día”.

Fue en isla de Graciosa, cuando yo tenía casa en soledad en Corralejo, al norte de Fuerteventura, que se llamaba y se llama – les hablo de hace más de medio siglo -, La Ballena, porque allí mismo el enorme mamífero murió bajo un sol inmenso en aquella duna interminable, y ahí se quedó hasta que se convirtió en una escultura colosal de la que sólo me queda ya, además del recuerdo -siempre el recuerdo -, un par de fotos increíbles en el cráneo del animal, que fue portada de aquel libro que a veces palpo como si fuera le foto de un hijo.

mar2

La mar siempre me llama, siempre su caracola azul, a veces blanca. Porque en una de esas grandes playas, hoy donde se doran los americanos, estuve a punto de perder la vida en la marea alta de un día de Santiago, cuando la mar poderosa nos llevó a los tres hasta más allá de la vida, así como que la misma marea nos devolvió a la orilla, cerca de esa casa como abandonada en la que hoy juegan los niños de un gran hotel cercano de no sé cuantas estrellas.

La mar, la misma que me convirtió en un hijo de la espuma, aquella marea salvaje me resucitó y me dio la vida que tengo, de nuevo, una nueva vida.

La mar me apasiona. Soy nacido a la sombra de un castillo nazarí bajo un olivo casi del sur, soy hijo de la tierra, pero también de la mar que estuvo a punto de ser mi tumba… pero fue mi cuna. Ya había sentido la llamada de la mar que sienten más que nadie los nacidos en el surco, en la tierra. Leí muy pronto Moby Dick, y a un perro que tuvimos en el monte le llame Acab como el héroe infinito de la pata de marfil de la ballena.

Acaricio ahora mismo el colmillo del cachalote que un día fue mi barco varado en la más hermosa de las arenas del mundo. Tengo un tatuaje, de los tiempos en que tatuarse era pecado, en mi brazo derecho. El profesor King, aquel día hace años en Ciudad Juárez, y que tenía tatuada hasta la lengua, me preguntó:

– ¿Y qué le dibujo, gallego?

– No soy gallego, soy andaluz. Quiero un barco de vela, ¿usted ha visto alguna vez el barco de la escuela de la Marina española el Juan Sebastián Elcano?

– Sí, un día fondeando en Seattle hace poco.

– Pues ese quiero pero en el brazo derecho.

– ¿Tamaño especial? ¿A toda vela y con oleaje?

Adelante.

Me tatué mi barco, que me permanece. Ha resistido a todo y sobre todo me indica de dónde vengo, pero tal vez mañana a dónde voy. He pescado un tiburón en las aguas de la Gomera – con la ayuda, claro, de los mejores pescadores de las islas -, para contarlo después de vivirlo, que es mi sino, mi destino. Vivir para contar. Se llamó tiburón tres, porque fue a las tres de la tarde, y el tiburón hembra soltó 33 pequeños hijos que echamos a la mar, que era su mundo, vivos. Conservo la hilera de sus dientes.

He conseguido en el mar de Cortés, al norte de México, donde se aman las ballenas, un pez vela inmenso -con ayuda siempre-, que ha viajado por el mundo conmigo. Lo primero disecado, naturalmente. Era un trofeo de más de cien kilos que azuleaba en la pared. Cuando el tiempo cambiaba, olía.

Con dos sierras de pez me hice dos lámparas para la mesilla de noche, conseguí el casco de un buzo antiguo, tengo una discreta colección de barcos, alguno tan hermoso como aquel que me trajo de la cárcel de Cartagena de Indias, donde un día estuve a punto de quedarme a vivir para siempre, un preso por el asesinato de una mujer a la que amaba.

Botellas de barco de Valparaíso con su leyenda a mano, el caparazón de la inmensa tortuga laúd que me traje del río tortuguero en Costa Rica, pescada a mano con aquel legendario comandante cero de la guerrilla de Nicaragua. Soy isleño y conozco las islas últimas, las de Galápagos: la Isabela y la Fernandina.

En Cudillero, que es el pueblo que vino del mar – perdón, de la mar -, me bautizaron de nuevo como pixueto, o sea “de los de los peces”. He arrojado a la mar botellas con mensaje dentro. De hecho y de derecho soy un náufrago que recoge en las playas lejanas lo que va dejando la marea: aquella pata de palo, como les cuento. Y he pedido que aunque contamine más el mar, la mar, que vivo, me hagan ceniza, y que mi ceniza se vaya al fondo cuando me haya ido.

mar

Por eso hoy escribo de la mar donde ahora se ahogan las ilusiones de tantos, tantos…

Llevo siempre una cartera negra con las anclas de Salvamento Marítimo bordadas, siquiera para que se sepa lo que aplaudo y agradezco. Por eso hoy escribo que también puedo ayudar con el salvavidas de la palabra, siquiera eso, a los que ayudan a los que llegan – si es que llegan -, a los que llenan el vientre de la mar con sus ilusiones perdidas, o si tocan tierra con una tierra que despues comprobarán que no es la tierra prometida.

Por eso amo al mar, a la mar, con su belleza, con sus traiciones, con sus islas de San Borondón y ahora con la gran verdad de su drama cotidiano: no hay más que mirar a los ojos, hermosos, bellísimos, de los niños que sobreviven envueltos en mantas en los brazos de quien no es su madre. Y entonces, reclamo que debemos ayudar en el gran naufragio como se debe hacer de todas las maneras, escribiendo incluso. Hoy más que nunca que siguen saliendo pateras, barcos heridos, neumáticos cargados de esperanza, porque cada uno de los que vienen son protagonistas de una historia heroica que no conoceremos nunca.

  • Tico,cada vez que puedo me voy a la mar,por que aunque soy manchega de nacimiento soy hija del mar,el mar me da vida a la vez que me sosega.me hace sentir y pensar cosas que jamás podré expresar como usted que es un genio describiendo,contando y deleitandonos con sus escritos de recuerdos y reflexiones,un beso carińoso de su vecina de la mar

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer