Teresa de Jesús hace de Concha Velasco

No, no nos hemos equivocado en el titular de hoy, no. Responde, creo, a una realidad. Anoche vi de nuevo a Concha -Conchita ya es demasiado pequeño para ella- haciendo de La Santa de Ávila cuyo quinto centenario se está celebrando España, y bien que lo merece. Tanto es así que hasta el Santo Padre, que es muy teresiano según su propia confesión, ha estado a punto de acercarse, por lo menos, hasta Alba de Tormes, donde uno ha visto el corazón de la monja “de la razón de la sinrazón” en su vitrina, viejo corazón herido por el amor, la locura divina. Tanto es así que cuando me preguntan por la mujer que me habría gustado entrevistar a lo largo de medio siglo entrevistado mujeres maravillosas, de todo tipo y condición, siempre dije que sobre todas, a Santa Teresa de Jesús, sin duda.

1

Porque era valiente, defendió a la mujer en un tiempo de hombres, sufrió tanto como amó y fue una caminera única, que recorrió los difíciles caminos de su tiempo, cantando, en el dolor y en el amor, lo que nadie se atrevía a decir. No pedía, exigía, y hasta se permitió, en su momento, el gesto de arrancarse las sandalias conventuales y sacudir el barro que albergaban para demostrar, sin lugar a dudas, que no quería volver “allí donde su voz no fue escuchada”. Solo fue injusta consigo misma, y castigó su cuerpo, y fue juzgada y odiada, pero fue ejemplo, líder, dama de su fe, Santa Teresa.

Bueno, pues anoche volví a comprobar que ninguna como ella. En la dos, ahí estaba de nuevo, eterna como la santa, Concha Velasco, a la que conocí, y casi descubrí -permítanme esta presunción- hace muchos años.

3

Ella era casi una niña, de piernas esplendidas, que trabajaba junto a Celia Gámez, una figura de la escena, de cuando a la revista se le llamaba comedia musical, en el segundo plano de las coristas. Pero ya tenía el resplandor de las grandes. Hija de militar, había bajado desde Valladolid porque “mamá, quiero ser artista”. Y lo fue, creciendo en la escena, haciendo cine, llorando y riendo al mismo tiempo, tan linda, en los papeles más duros y en las versiones más difíciles, en el teatro clásico bajo las columnas romanas de Mérida, o en el bulevar, en las cuatro esquinas de esas que se llamaron las mujeres de vida fácil, pero que no es verdad, porque su vida siempre fue la más difícil, como es amar sin amar, ni ser amadas.

Cómica total, de las de leyenda, como las más grandes. Trabajadora emérita, sin suerte en el amor aunque amó mucho. En uno de mis libros, Humanas y Divinas, que fue primero una serie de verano en ABC, aparece la Velasco bajo el título de La Concha tatuada recordando a la Magnani en su rosa tatuada de la película inolvidable. Sé, porque ella misma me lo descubrió un día, que durante tiempo llevó aquel recorte de periódico en el bolsillo de mano para leérselo a las visitas, como quien lleva un escapulario de Fray Leopoldo de Alpendeire, santo fraile de mi especial devoción granadina.

4

Venció al cáncer, que es casi siempre invencible, ganó todos los premios del mundo, siempre sin hacer otras cosa que sus grandes papeles, más que sintiendo, siendo, su personaje inolvidable.

A veces nos vemos para presentar algo juntos, o para recordar aquel día que me dijo hace ya muchos años, “por dios, Tico, cuando mi marido Paco te recomiende un buen pintor abstracto, no le compres un cuadro”. Tuvo que luchar como una loba, amó como una loca y sobre todo interpretó como nadie el papel de una de las heroínas de la más hermosa de las locuras de la historia de España: Santa Teresa, ahora de enorme actualidad.

Enseñando su pierna con aquella media negra rota de hace medio siglo o mostrando las llagas sangrantes, o escribiendo mejor que Françoise Sagan, a la que conocí descalza, conduciendo su descapotable camino de su castillo por las carreteras de Normandía, aquella que escribió Buenos días, tristeza.

2

Concha, doña Concha, la gran superviviente, de sí misma incluso, ha sido y es capaz de hacernos pensar, en este país experto en definir y reconocer a los mejores y a los peores, que a Teresa de Ahumada no le hubiera importado hacer de la Velasco (al fin y al cabo castellanas las dos) en alguno de aquellos teatrillos ambulantes, de las viejas piedras, al pie de las altas murallas de su reino. Patrimonio de la Humanidad, sin duda.

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer