Ese ángel llamado Angelina

La noticia de hoy mismo, de que Angelina Jolie se había sometido a la dura cirugía de una operación de ovarios, cosa que ya había avisado hace tiempo, porque desea que el cáncer no la habite después de aquella otra intervención suya que dio la vuelta al mundo cuando detectó que era una más en una familia de enfermos oncológicos, deja atrás algunas otras cosas que habría deseado comentar con vosotros/as, que ya se, que desde hace unos días, me buscáis en este castillo de palabras, que es en el fondo y hasta en la forma, lo que es este blog, que poco a poco va tomando cuerpo. Alma tiene desde el primer día, y en el que voy contando aquellas historias que más o menos nos pueden interesar.

Es por eso, que hoy, sobre la luz de luna, de la que les quería comentar, a veces como buen andaluz que soy, creo, os hablaré de usted y a ratos también de tú, después del eclipse de sol de hace unos días, lo de Angelina.

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Me sorprende, aunque era ya una crónica anunciada y sobre todo me vuelve a poner cerca de este raro resplandor, entre lo divino y lo humano, que emana esta mujer, y que me atrae, desde aquel día que su padre Jon Voight, en Hollywood, en la casa de un amigo común, Ricardo Montalbán, aquel mexicano del cine que vivía en una de las fortalezas más hermosas que nadie pueda vivir, en aquel gran jardín de las hortensias, en flor, donde de perfil, parecía, un inca de los tiempos de sus antecesores, un nuevo Atahualpa del siglo, todavía veinte.

Recordaba al actor, como no, de muy buenas películas de aventuras, pero después de saludarle, había guacamole y tequila en cantidad, que me presentaba Ricardo, príncipe entonces de Hollywood, pero sobre todo me llamó profundamente la atención la nena que le acompañaba. Su mirada era única, transparente, tal vez la vi otra vez, en los ojos de aquella mujer que enamoró a BORGES, Maria Kodama, que como una medusa transparente, le acompañaba.

“Esta es mi niña, Angelina, que está llamada a ser una de las grandes actrices del cine de todo los tiempos, por bajo su piel mágica, esconde uno de los valores más grandes del ser humano, por encima de su ambición, su talento”.

Bien recuerdo que la crónica de aquel día, hace ya mucho tiempo, se llamó Cuando hay más estrellas en el suelo que en el cielo, y en ella, creo que fue para el diario PUEBLO, donde ya se notó mi arrebato por aquel ángel, -su nombre corresponde a su belleza- escribí entonces que uno es preso de la cárcel de sus metáforas.

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Era novia de un extraño personaje, que hacía música, vivía en una rulote, que iba cubierto de tatuajes y que obligaba a las personas que le seguían a que hicieran lo mismo sobre el mapa de su cuerpo. Una de ellas era Angelina y su tatuaje era misterioso, escondido, sorprendente… se lo había bordado en un lugar escondido de su piel, y muy pocos conocían su mensaje. Angelina lo ha guardado hasta hoy mismo. Y con él continua.

Pero sobre todo, era la especial filosofía de la vida y la actitud de su manera de convivir. Era aquella niña de aquel día en lo alto de los suaves paisajes de Hollywood, solidario. Siempre lo ha hecho, por encima de la inmensidad de su dinero, de sus viajes, de sus túnicas o, como acabo de verla, para recodarla mejor, en Maléfica, esa película sin gran éxito económico pero brillante, donde hace de la reina de las ciénagas que lo pierde y lo gana todo, por amor.

Su última decisión -rodeada, además, de niños recogidos de todo el mundo- de hacer pública su operación, que además la exime de poder tener hijos suyos, es realmente valiente y, sobre todo, solidaria. Porque no lo hace por que sea bueno para ella, sino porque según sus propia confesión mediática, de esa forma, con el ejemplo, según ella, se ayuda a muchas mujeres que están en su misma dramática coyuntura. Al menos según ella cree.

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Vestida de caqui, militar, que se lleva, o descalza dentro de una túnica de plata sobre una alfombra de oro, Angelina vuelve a ser noticia en la doble cara y cruz de la moneda de la fama. De entonces recuerdo su mirada bellamente asesina. Porque me mató aquel día. Y en el fondo entendí que haría honor a su nombre, no solo en el cine, sino en la vida, y desde entonces, en la noche siempre volví a decir, como cuando era niño en mi pueblo del sur antes de ir a los sueños que nunca se hacían realidad… “Cinco angelitos tiene mi cama…”

La oración decía cuatro. Pero por soñar que no quede. ¡Qué bien que haría la Jolie de Santa Teresa de Jesús ahora que estamos celebrando su año. Si, por Dios, no se me enfaden ustedes. Así era la santa cuyo corazón yo he visto en esa vitrina de Alba de Tormes, que hay quien asegura, late cuando llega la hora de la luna…

TM.

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