El día que vuelva la Pantoja

Hace unos años, después de su película junto a Arturo Fernández Yo soy esa (que era el nombre de una copla inolvidable), le pregunté al mejor actor galán, un galán eterno, un actor constante, para el que en su día estuvimos a punto de escribir sus memorias (que no pierdo la esperanza de hacerlo porque está el tío mas poderoso que nunca):

-Usted es el primer hombre que ha besado en la boca y para el cine, a una mujer como Isabel Pantoja. Por favor, me ¿podría decir a qué sabe Isabel Pantoja?

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Porque lo primero que debe tener un beso -ese tipo de beso, aunque sea para el cine, que hay muchos tipos de beso, etcétera- es reunir, recoger, envasar… lo que siente, lo qué es, a quién besas. De ahí que yo, que tampoco soy un experto en la materia, asegure que siempre es mejor un beso que dos, porque la boca es distinta a la mejilla.

En fin, que Arturo me respondió en su casa de Guadalmina, tan cerca de esa mujer de toda la vida que le hace mucho más importante:

– Isabel Pantoja sabe, sabe… a hierbabuena.

Vale. Eso entonces. Pero… ¿ahora a qué sabe la que mejor canta lo suyo, en España a esta hora que lo hace todos los días, no para entrenar sino para que vuele ese pájaro sin jaula que uno tiene en el corazón y en el fondo del alma?

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Ahora, sin duda Isabel sabe a memoria. Pero ojo, que también su sabor es de futuro. Ella vela sus armas, sus almas, junto al pozo del recuerdo, sí, pero está preparada para el retorno. Tal vez como dicen, la escuchan cantar, sentir… No se puede cantar como ella canta sin sentirlo, sin dolerlo, sin vivirlo, en voz  suave, los que de esto entienden lo dicen “por lo bajini”. Puede que ella incluso, necesite, o crea que necesita, de un “foniatra”, que la voz es una planta que necesita, como las pilistras de los patios andaluces, del sol y de la sombra, su poquito de ensayo, aunque es más una necesidad de echar fuera el duende, sí, pero ella no lo necesita.

Cuando salga a la calle, al menos sólo para respirar, que no se puede estar tanto tiempo bajo el agua pesada, la Pantoja va a cantar pero, si puede ser, para la gente que la espera, en carne viva, arriba, y en directo. Ella sabe bien (porque tiene buena memoria), que ¡HOLA! y yo su enviado especial, fuimos quienes hicimos aquella portada con lo de dentro, tras la muerte -que fea la palabra, muerte- de Paquirri con el subtitulo de “la viuda de España”, que lo era. Y el día en que nos presentó a la niña, hoy esa Chabeli segunda, que tanta guerra está dando ya y más estos días, nosotros ofrecimos la alegría del rostro de su madre.

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Y la tarde en que nos abrió por primera vez las puertas, de par en par, hasta llegar a su alcoba de Cantora donde aún había y sigue habiendo y me consta, tanto Francisco Rivera, dentro, insisto, que sabe bien. Que este viejo alfarero que es uno va a decir lo que sabe y lo que siente de verdad, avisa, que ya hay dos, tres escritores de música, autores del sentimiento geniales -no sé si José Luis Perales en su torre derruida de Cuenca, o si es Manuel Alejandro, paseando despacio y con bufanda las arenas oceánicas del invierno del Puerto de Santa María, o más que harían interminable este blog nuestro de cada día, –que están escribiendo, el pasodoble, la soleá, la copla, la carcelera incluso del retorno de Isabel, aunque sea por dos días.

Aunque siempre haya que volver de noche a Cantora, con la hermosa tribu, por lejos que ella cante y llore en el retorno. Pero nada es imposible para esta mujer, enorme, única, en sus luces y sus sombras, con sus virtudes y sus pecados, Isabel la catódica, como la llama un viejo tabernero de Sevilla que la conoce como nadie, desde cuando era niña.

El otro día, viajé con su hijo Kiko, al que yo he visto crecer también en su suerte y su desgracia, desde el sur hasta Madrid en el tren. Hablamos poco, casi nada, como si alguien se hubiera sentado entre los dos, como una tapia, cuando era un  lazo, pero Isabel te digo, lo que le dije a tu niño, que no paraba de hablar por teléfono el pobre:

– Aguanta Isabel, aguanta…

  • Leo tu blog y me doy cuenta de lo importante que es en cualquier persona la dignidad , la elegancia , la lealtad , la sabiduría profesional y también porque no la que da la vida y contigo se aprenden estas virtudes y me doy cuenta del gran periodista que eres . Cuanto echo de menos este tipo de periodismo que hoy se hace tan poco . Qe importante es para el que escribe construir e vez de destruir . Gracias Don Tico Medina .

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