Hasta que nos volvamos a ver

Ayer te vi. Tardé menos de diez minutos en encontrarte entre las más de cuatrocientas cabezas que había en la sala. Sala Desdén, se llamaba; no fue hasta varias horas más tarde, bien entrada la madrugada, cuando me di cuenta de lo paradójico y premonitorio del nombre.     Te vi mucho antes de que nos encontráramos; te eché el ojo casi una hora antes de que nos saludáramos (con dos

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