¿HABÉIS VENDIDO ALGO POR INTERNET?

¿Habéis vendido alguna vez por Wallapop? Wallapop, segundamano o alguna de estas apps que te conectan con cualquier ser aleatorio que esté a un radio prudencial de tu casa y que tenga interés en comprar alguno de los trastos de los que quieres deshacerte?
Yo sí, claro, y todo lo que tiene de útil y práctico, lo tiene muchas veces de tedioso y puñetero. Yo, de hecho, he decidido que no vendo ya nada que cueste menos de 20€, más que nada porque con el tiempo que pierdo y los nervios que cojo, no me sale a cuenta.
Una de las cosas que he comprobado a lo largo de mi tiempo como usuario de estos servicios, además de que la gente es capaz de vender hasta su propio corazón, es que los potenciales compradores (o mareadores, como deberían llamarse), siempre (siempre) van a empezar la conversación bajando el precio del artículo. Siempre (insisto), van a ofrecer menos dinero del que pidas. Además, da igual que pongas que el precio es “no negociable”, porque esta gente tiene un filtro en la retina que anula esas dos palabras. No lo ven. Ni te esfuerces en ponerlo.
*Botas de esquiar, casi nuevas, 30€. Precio original, 110€. No negociable.
—Hola, te escribo por lo de las botas. Te doy 20€.
—Hola, amigo. No, el precio es no negociable, lo pone. Están casi nuevas y creo que el precio es suficientemente bajo.
—Ya, pero no puedo llegar a 30, ¿lo dejamos en 25€?
—No, en serio. Si finalmente consigues esos cinco euros extra ya me avisas,¿ eh? Si ves que puedes prescindir de dos cafés, o del pincho de tortilla que te vas a comer en Sierra Nevada cuando estés en las pistas, o que en vez de venir a recogerlas en Uber vienes en metro, o que en vez de comprarte una tele de 55 pulgadas de 820€ te la puedes comprar de 815, me dices. Yo te guardo las botas mientras.
Y ojo, lo malo de esto (lo peor) es que ese raterío, esa tacañería, ese querer arañar unos euros independientemente de que el artículo cueste 100 o 12€, se pega. Sí, en serio. Luego, cuando eres tú el que vas a comprar algo, te sorprendes ofreciendo por defecto menos dinero del que piden por el artículo. ¡Tú! ¡Con la rabia que te da cuando te lo hacen a ti. Sí, amigos, es la perenne incongruencia e inconsistencia humana.
Se produce lo que yo llamo el “efecto regateo”. Es regatear por regatear, solo por la satisfacción que te produce saber que has ganado esa especie de batalla digital del orgullo. ¿Qué ganas? ¿5 euros? ¿15 quizá? Pero claro, es que luego descubres que no es la cantidad lo importante, sino tu propio ego. Tu ego de ganador. Que no sirve para nada más que para hinchar el pecho. Como cuando en un restaurante protestas porque han tardado más de la cuenta (el mal ya está hecho) y te invitan a un postre, la ganancia no es tanta, pero, ¿y lo bien que sabe?
Por cierto, al final acabé vendiendo las botas a 25. Sí, me tragué mis palabras, mi orgullo, y claudiqué. “Total, —pensé—, me las quito de en medio, y ya en la próxima compra que haga araño yo la diferencia y todos en paz”. Al final es como lo de dejar propinas en Estados Unidos, si estás en su sistema, hay que jugar con sus reglas. Aunque jorobe.
  • Hola, antes de nada agradecerte que compartas tu experiencia vendiendo por Internet. Me ha gustado como lo enfocas, llevo tiempo vendiendo cosas por Internet y es totalmente así, es necesario ceder si quieres conseguir algo. A veces va mejor otras peor, pero al final merece la pena.

    Un cordial saludo.

  • A mi me resulta útil para deshacerme de cosas que no uso, se regatea muy a la baja, y yo soy de las de no bajarme del burro, tampoco pido mucho, total realmente mejor venderlo que llevarlo al punto limpio.

  • Una cosa de Wallapop que me ha llamado la atención es la cantidad de veces que alguien inicia una conversación y la abandona, no volviendo a responder más. No sé si será el efecto de un comprador que mira muchos vendedores a la vez.
    Otros, simplemente, tardan días en responder.

  • Hola, un post interesante, corto pero bastante chulo. Yo me dedico más o menos al comercio online y detesto a las plataformas tipo Wallapop. Al principio vendía en Ebay y bien, pero desde hace un tiempo para aquí he notado una caída brutal, luego me metí en wallapop y me cansé de que todo el mundo quisiera regatear precios. Les dices que es el precio fijado y no lo entienden. Al final me pasé al ecommerce, es más difícil pero creo que para un vendedor profesional es lo mejor

  • Hola, nosotros con la actual crisis estamos bastante “tiesos” la verdad. Antes de ella solíamos vender a diario gran cantidad de producto (somos un ecommerce, tienda online) y ahora desde hace 1 mes vendemos a cuenta gotas. Esperemos que este bache pase pronto y recuperemos lo perdido en este año (aunque no lo creo). Buen artículo.

  • Si, anteriormente eh vendido por medio de Mercadolibre, un par de cosas solamente, Wallapop tiene una app muy bonita pero eh escuchado malas criticas por lo que no me interese mucho. Probablemente en este momento la plataforma que más me interesa para vender online es Amazon

    En trabajos si que eh vendido por medio de Woocommerce.

  • Hola. Llevo más de 30 años comprando y vendiendo entre particulares (no como negocio, sólo objetos míos). Empecé con una revista, D’Ocasión, que con los años cambió de nombre y acabó como Primeramano, creo, y desde hace años uso Milanuncios (Vibbo me falló en muchos aspectos).

    Con la crisis del 2008 disminuyó el nº de gente que me contactaba, y desde que apareció Wallapop, el movimiento es ya residual (agravado por la crisis actual).
    Por ejemplo: Durante los últimos años acumulé cientos de libros (comprados, intercambiados, regalados, etc.) y desde “la crisis” no he podido venderlos ni a 1/4 de su precio, ni a 1€ por volúmen, ni siquiera proponiendo al comprador que me hiciera su propia oferta. Resultado: La semana pasada tiré unos trescientos al contenedor de papel (después de mirar opciones de donación a bibliotecas, etc.).

    Lo más desagradable de todo es cómo ha cambiado el tipo de persona interesada que me contacta (en mi caso, por email). Sobretodo los jóvenes: No entienden lo que leen, no hacen caso de lo que leen, no responden contestes lo que les contestes, se expresan de pena (a veces ni entiendo lo que quieren decirme), quedas con ellos y no aparecen, hacen ofertas ridículas, etc.

    Con el tiempo he ido aprendiendo la lección. Ahora muchas veces ya no contesto, o lo hago a su estilo (sin saludar, sin explicaciones, en una o unas pocas palabras, sin implicarme…), o según cómo percibo o intuyo lo que se me viene encima, directamente bloqueo al remitente y me olvido del tema. Se lo han jugado a pulso.

    Eso sí: Al que escribe y hace la gestión como una persona normal, se lo agradezco de corazón (y se lo digo). Porque, hoy en día, es muy de agradecer relacionarse con per-so-nas. Un saludo y felicidades por el blog.

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