Mi viaje a Perú

Alguna vez habéis ido a un parque de atracciones con el “pase de tarde”, que te sale por la mitad de precio que la entrada normal, pero ¿con el que solo puedes entrar a partir de las 17.00 o las 18.00? Yo sí. Una vez.  Y ¿sabéis lo que pasa? Que te quedas sin subir en la mitad de las atracciones porque no te da tiempo.

Pues algo así me ha pasado a mí con Perú: que me saqué “el pase” de una semana y me habría hecho falta el de dos o tres. Claro, es lo que tiene cogerse un avión al otro del mundo y no pararse un segundo a ver las dimensiones del país  que vas a visitar, y que resulta tener prácticamente 3 veces el tamaño de España. Bueno, el resumen del viaje sería ese: que nos quedamos cortos de tiempo. Hay mucho que ver y las distancias, como digo, son enormes. Al final hemos cogido cerca de 6 vuelos en 8 días y todos los días teníamos que pasar entre dos y tres horas en un mini-bus para hacer las excursiones…

Dicho esto, Perú me ha encantado. Me ha encantado su gente, su gastronomía, su clima (relativamente moderado pese a ser invierno) y, por supuesto, su tierra.  No voy a haceros una guía de mi día a día allí porque para eso hay mil páginas en Internet que lo explican todo más y mejor, de lo que lo pueda hacer yo. Sí os diré que, como puse en el pie de foto de la fotografía que subí a mi Instagram de Machu Pichu, todo lo bien que se hable de este lugar es merecido. Sin duda, y como todo apuntaba, el complejo arqueológico y el monte de Machu Picchu fue el claro vencedor, dentro de nuestro grupo sobre el conjunto de las cosas que vimos.

Dedicamos los tres primeros días, después de aterrizar en Lima y coger un vuelo interno al aeropuerto de León, a visitar los alrededores de la región de Chachapollas (sí, lo sé, creedme que cualquier comentario o chiste que se pueda hacer con este nombre ya lo hicimos nosotros XD) . Pros de esta zona: está aún poco explotada para el turista, y aún permanece la sensación de “exclusividad” en cuanto a que, como digo, no está masificado. Contra de esta zona: las carreteras aún no están del todo asfaltadas -si bien la mayor parte del recorrido sí lo está- y, precisamente el hecho de que esté todo poco masificado, hace que las instalaciones pensadas para el turista y los estándares a los que estamos acostumbrados, aún les falte un poco . Dicho esto, en todo momento sentimos disponer de aquello que necesitábamos.

Y, por aquí, pasamos por la Ciudadella de Kuelap, un complejo arqueológico enorme que nos deja entrever una ciudad preinca que reposa a 3.000 m de altitud.

En la zona de Chachapollas está también una de las sorpresas (joyas) del viaje: la catarata de Gocta que, sin hacer demasiado ruido en las guías o los libros de récords, resulta que alcanza un honorífico tercer puesto dentro del as más altas del mundo. Más de 700 m, toma ya.

Difícil hacerse idea del monstruoso tamaño de la cascada sin ninguna referencia comparativa cerca. Fue especial no solo por la enormidad de sus dimensiones, sino porque para llegar a ella tienes que hacer un camino a través de la selva (eso sí, camino bien preparado para la marcha humana) de casi 3h. Tienes la opción también de coger un caballo durante una hora y , el resto, hacerlo a pie.

Como veis, nosotros optamos por hacer un tramo a caballo.

La catarata también dio para hacernos alguna foto un poco menos… digamos, corriente…

Al cuarto día (aproximadamente, que no me he puesto a calcular con detenimiento), cogimos el avión a Cuzco (Cusco para ellos). Una ciudad de la época colonial española, grande, llena de vida y movimiento, y de la que nos llevamos un estupendo recuerdo. De ahí, un trayecto en coche de una hora y media hasta llegar a la estación desde donde se coge el tren al pueblo de Aguascalientes, en las mismas faldas del Machu Picchu.  Este tren en sí es una gozada: un viaje de casi dos horas que transcurre en paralelo a un río y entre montañas. Tiene enormes ventanales y un vagón panorámico desde el que hacerte fotos tan chulas como las que nos hicimos nosotros.

Después de pasar una noche en el pueblo de Machu Picchu (o Aguascalientes, como os comentaba), un pequeño madrugón para coger el bus que, después de 20 minutos de trayecto entre valles espectaculares, te deja en el acceso a la zona sagrada del Machu Picchu. En realidad yo estaba un poco nervioso porque, honestamente, este es el plato fuerte del viaje. Cuando alguien va por turismo a Perú sabe que lo único que seguro no se puede perder es esta montaña. Las expectativas, por tanto, son muy altas. Y bueno, os hago un spoiler: no lo hace.

La montaña, que sube hasta los dos mil y pico metros, tiene una planicie de varios miles de metros cuadrados donde reposan los restos de todo un pueblo inca. Si a la espectacularidad del solo hecho de imaginar cómo levantaron todo eso y ahí, en medio de la nada, hace 650 años, le sumas cómo es el entorno, ya la estampa se vuelve algo impresionante. Kilómetros y kilómetros de montañas y valles, de picos , selva y hasta un río en la ladera. Todo es magnífico y apabullante; todo es mágico.

Como os he dicho al principio, no voy a hacer una guía turística, que para eso ya tenéis toda la información del mundo en Internet, así que solo dar un par de pinceladas más a mis sensaciones con el país. Por supuesto uno de los puntos fuertes es la gastronomía;  quién no ha oído hablar de la “causa limeña”, de las más de doscientas variedades de patatas que se cultivan en Perú, del ceviche (o cebiche, que está aceptado de las dos maneras) con todo tipo de pescados o del ají amarillo o el ají de gallina. Lo cierto es que de las aproximadamente 14 comidas y cenas que hicimos, la inmensa mayoría fueron muy buenas: platos que tienen cientos de años y que han perfeccionado hasta el límite. Ñam!

Por cierto, no he dicho nada de las llamas ni las alpacas (por lo que he entendido son como llamas pero más pequeñas), pero ahí estaban. Estaban en algunos puntos turísticos (Cusco, en un mirador de la carretera, en el el propio Machu Picchu, como veréis en las fotos) y las podías ver también por el campo pastando (lo haciendo lo que sea que hacen ellas). A nosotros, como turistas que somos, nos llamaban mucho la atención, pero es verdad que en el fondo tienen cara de camellos (o sea, muy guapas no son), su pelo es grueso y no es suave, y además corres el riesgo de que te escupa una como se le cruce el cable, XD. Pero vale, sí, son monas…

Y hasta aquí el viaje a Perú, creo. O sea, hay más (que fueron 7 días), pero contar más por aquí podría ser ya cansino. Como puntuación general, le daría un 7´5 al viaje. Lo que más ha tirado en negativo ha sido tener que coger varios vuelos internos y mini bus cada día. Por lo demás, como destino, Perú es una pasada.

¡Feliz semana!

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