Los tres tipos de veraneantes

Hay tres tipos de veraneantes: los que eligen año tras año el mismo destino vacacional durante sus tres semanas libres; los que cambian de destino cada año pero permanecen todo el tiempo en el mismo lugar, y aquellos que como yo, por ejemplo, preferimos pequeños sorbitos en varios lugares. Mi experiencia me dice que pertenecer a un grupo o a otro suele depender de tres factores: tu estructura familiar, tu edad, y del dinero que tengas para gastarte.

Cuando eres joven quieres descubrir mundo; llevas toda tu juventud y adolescencia veraneando con tus padres en el Puerto de Santa María, y necesitas no pasar ahí ni un agosto más. Al menos no entero. Pero claro, tu condición de estudiante te hace ser más pobre que las ratas y , bueno, ya se sabe que las ratas muy lejos no pueden viajar. Así que terminas yéndote con tu novia o algunos amigos, una semana al Algarve portugués o a Mallorca, que no están lejos, no son del todo caros y se pueden alquilar apartamentos a precios decentes.

Cuando cumples la treintena, que ya tienes una independencia tanto económica como de movimientos, vas a querer aprovechar al máximo. Sigues teniendo ganas de conocerlo todo, pero además ahora cuentas con más recursos, así que puedes pasar dos semanas recorriendo Tailandia o conociendo el Templo de los monos en Bali. Es muy posible que el año que viene no repitas, porque aún te queda medio sudeste asiático, Japón y empezar con Latinoamérica: demasiado mundo como para ir siempre al mismo sitio.

La tercera tipología viene claramente marcada porque, ahora sí, la familia es lo primero, por encima del propio destino. Tienes una hija de dos años y el de un año que acaba de nacer. Solo de imaginarte nueve horas metido en un avión con ellos, te dan ganas de pedirle al jefe que te quite días. Así pues, necesitas algún sitio al que se pueda llegar en coche (solo de pensar en los controles del aeropuerto te entran los siete males), en menos de seis horas (es el límite entre que un viaje sea “difícil”  o que sea “para pegarse un tiro”) y que en la medida de lo posible haya una urbanización con piscina donde tus niños puedan jugar con otros niños mientras que los padres puedan hacer cosas de mayores con otros padres, y así pasen las tres semanas lo más tranquilamente y sin sobresalto posible. Porque a tus 42 añazos, eso es lo que quieres: descanso, tranquilidad y ausencia de sobresaltos.

Yo no tengo 42 aún , tengo alguno menos, pero se me hace tremendamente difícil pensar en veranear siempre en el mismo sitio. Y ojo, entiendo que haya gente a la que le guste cogerse siempre el mismo pisito en primera línea de playa en Campello, Alicante, solo digo que ahora a mí no me apetecería nada ese plan. Por mi trabajo, ya sabéis, me tiro el día de un lado a otro, y supongo que es por eso que todo lo que sea más de una semana en el mismo lugar se me puede hacer un poco pesado. Bueno, a ver, no voy a exagerar, que la idea de disfrutar de tres semanas tirado a la bartola y sin hacer demasiados excesos en alguna playa del norte me resulta apetecible, pero creo que lo que me resultaría difícil es repetir año a año el mismo destino. Como digo, seguro que el hecho de tener hijos cambia bastante la forma de verlo.

Este año mis vacaciones serán en Colombia. Me voy 20 días con unos amigos y pensamos estrujar al máximo el destino. Vamos a coger hasta cinco vuelos internos para desplazarnos de un lugar a otro del país, así que tengo ya asumido que llegaré bastante más cansado de lo que me fui, pero tengo unas ganas locas!  

Oye, ¿y vosotros? Contadme, ¿sois fieles siempre al mismo sitio de veraneo? U ¿os gusta explorar nuevos rincones del mundo?

Un besote  y ¡feliz semana !

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