Por Año Nuevo, retoquitos estéticos

Pues sí, como lo leéis. Este año, por Navidad (por Papá Noel, Reyes, Año nuevo y todo lo que pueda justificar un regalo), me auto regalé un pequeño retoque estético.

Y vamos a ver. Tengo que reconocer que me ha llevado algo de tiempo decidir si tenía (o quería) hablar de esto aquí, en mi blog, y de una forma tan abierta y pública como eso supone, pero luego he llegado a la conclusión de que por qué no iba a hacerlo, y de que no hay absolutamente nada malo ni nada que tenga que esconder; muy al contrario, creo que tenemos que seguir el camino de la normalización de los retoque estéticos.

Creo que si a día de hoy os dijera que me he puesto aparatos en los dientes para corregir una desviación en uno de mis colmillos, lejos de asombrarse o escandalizarse nadie, lo más probable es que me apoyarais firmemente en mi decisión. Del mismo modo, si os contara que me voy a hacer la depilación láser en el pecho o que he decidido hacerme un injerto de pelo, esto no tendría mayor relevancia y desde luego nadie se echaría las manos a la cabeza. Pues bien; por algún motivo, todo lo que tiene que ver con estética, aún genera cierta desconfianza o rechazo en la sociedad. Pese a que los retoques con bótox o ácido hialurónico cada vez son más frecuentes (por supuesto más de lo que nos pensamos, pero, de nuevo, ahí está el secretismo que hace que no nos enteremos de la misa la media), seguimos arqueando las cejas con cierto escepticismo cada vez que alguien nos cuenta (casi nos reconoce) que ha pasado por manos de un doctor.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué todo este mundo aún es tan hermético y tan cerrado en lo que a reconocer un retoque estético se refiere? La conclusión a la que he llegado yo mismo (que puede no ser del todo certera, pero seguro que no está equivocada), es que por un lado hay aún bastante desconocimiento (poca gente sabe qué son exactamente el bótox o el ácido hialurónico, qué hacen y para qué sirven) y por otro lado hay cierta dosis de envidia -que muy posiblemente sea involuntaria e inconsciente-. Y digo esto con cautela pero habiéndolo pensado bastante. Y lo explico: si alguien se pone bótox en las patas de gallo para neutralizarlas, por ejemplo, o decide ponerse un poco de ácido hialurónico en las ojeras para que las antiestéticas marcas negras desaparezcan, significa que su aspecto físico va a mejorar. (por favor, sacad de vuestra cabeza todas esas aberraciones estéticas de señoras y señores a los que se les ha ido la cabeza por completo y se han desgraciado la cara a golpe de talonario, profesionales de saldo, y de muy poco sentido común). Decía, que con los retoques nuestro físico -nuestra cara, normalmente- va a mejorar. Esto, impepinablemente y porque hay gente así, despertará envidia y malos comentarios. Porque si tú te ves mejor, puede que yo -si tengo la autoestima tocada-, me vea proporcionalmente peor. Y como no quiero que eso pase, cuando me dices que te vas a retocar la nariz, o las arrugas de la frente, mi parte envidiosa te dirá que “no hagas eso, hombre, si tú no lo necesitas, déjate de chorradas de esas”.

No sé si lo estaré explicando bien, porque el concepto este de envidia es muy retorcido, pero supongo que es parecido a cuando alguien decide darse un capricho y comprarse un coche nuevo, siempre hay detractores que critican esa decisión: “seguro que se ha hipotecado para comprárselo”; “para qué necesita un coche así”; “qué cosa más hortera y ostentosa…”. Muchas críticas que, nos guste o no, nacen de la envidia.

Dicho esto -que tampoco quiero darle más bombo-, el caso es que sí. Que yo decidí darme un caprichito y decidí que quería mejorar algo que, a mí personalmente, me estaba “molestando” desde hacía un par de años. No era nada traumático, ni mucho menos, ni nada que me generara complejo o me hiciera sentir incómodo, pero sí algo que pensaba que, en cierto modo, me hacía verme menos bien de lo que me gustaría. Y algo que, de cara a las fotos (es decir, a mi trabajo), a veces me penalizaba. Hablo de las ojeras.

Y en este ejercicio por normalizar todo el mundo de la estética y también por contaros más cosas personales sobre mí, pensé que sería bueno -también de cara a gente que tiene dudas o que quizá no se atreve a dar el paso por desconocimiento u otros motivos- contaros de manera detallada mi experiencia personal y mi visita a la Clínica Vieira que, ya os adelanto, fue de diez. Dado que ya solo con esta introducción me he extendido más de lo que tenía previsto (es lo que tiene saber que no hay limitación de caracteres en las entradas del blog), y que no quiero saturar demasiado con el tema, he pensado dividirlo en dos partes, y entrar más “en faena” en el siguiente post. Por cierto, ahora sería buen momento para, si tenéis alguna duda, me las dejéis aquí en los comentarios para intentar contestar (hasta donde lleguen mis conocimientos o mi experiencia) en el desarrollo del próximo post.
A todo esto (perdonad el desorden en la narración), no he matizado que yo en estos post (y en mi caso personal) estoy hablando de retoques sin cirugía; sin quirófano, post operatorios, salas de hospital, etc. Hablo de meros retoques que se pueden ejecutar de una manera rápida, indolora y sin operaciones. Me limito a esto porque es de lo que va mi caso personal, no porque tenga nada que objetar a la cirugía. Simplemente, no es mi guerra.

Y ahora sí, un besazo!

  • ¡Feliz año nuevo!
    Pues sí que sí, si tú no te gustabas condesas ojeras y hoy en día se pueden corregir, pues a ello. Además, si tú cuerpo es tu herramienta de trabajo, tendrás que cuidarlo más que nada. Aishh, ¡la envidia que mala es!Yo no me hago nada, porque aunque no soy perfecta, no hay nada en mi cuerpo que me acompleje o me desagrade como para pasar por retoques, y por dinero, quizás sea por falta de información.

  • Pues yo debo ser envidioso, porque me gustas como estás. Tienes unos rasgos tan bonitos que cuando acentúen signos de la edad no te van a hacer sino aún más interesante!!!

  • Mientras toda decisión se tome desde el sentido común, desde una profunda reflexión y, en el caso concreto de la estética estética, que existan expectativas realistas, bienvenido sea.

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