Nueva York, dulce Nueva York

—Cuántas ganas tenía de volver a Nueva York.

—¿Hacía mucho que no venías?

–Uf, por lo menos año y medio…

Sé lo terriblemente pretencioso y snob que suena esto, pero yo (YO) me sorprendí diciéndoselo hace poco a un amigo. ¿Pero se puede ser más pedante e insoportable? Un año y medio y lo considera una eternidad. Esto es como los que dicen que “en Madrid a nada que sales a cenar y te tomas una copa te dejas 80 pavos”. Pero vamos a ver: ¿¿dónde sales tú a cenar?? En fin. Sí. Yo. Lo dije.

El caso es que la semana pasada estuve en NY. Y sí, los que me seguís de hace años sabéis que es una ciudad a la que he ido muchísimas veces por trabajo y que, además, es de los pocos lugares a los que, siempre que le demando más, me lo da.

Dicho esto, os cuento un poco del viaje: lo que originalmente iba a ser una escapada romántica, finalmente fue un viaje de parejas con Ana (la mejor amiga de Miri) y Juan Carlos, su marido y buen amigo nuestro; 4 amigos, tiempo, ganas, un destino lejano y predisposición a disfrutar. Y eso hicimos y así fue.

Nos alojamos en el Hudson Hotel, al ladito de Central Park y a muy pocas calles de Times Square. El hotel tiene “mucho rollo” y mucho ambiente y si además tienes suerte y te toca en un piso alto -como fue nuestro caso- desde donde se disfruta de unas impresionantes vistas a Manhattan,  la experiencia del hospedaje puede ser mucho más inmersiva. Pero claro, toda moneda tiene su cruz,  y la de este hotel estaba en la habitación: creo que es la habitación más diminuta en la que he estado nunca. Y cuando digo diminuta, digo que prácticamente yo tocaba de un lado a otro de la pared si ponía los brazos en cruz. Y que, literalmente, no había espacio para abrir la maleta (y encima teníamos dos). Que para meternos en la cama, Miri y yo teníamos que hacer turnos e irnos haciendo señales para entrar. Honestamente, pagamos 200 euros por noche (sin desayuno), así que por ese precio estoy seguro de que se puede encontrar alguna opción mejor. Es verdad que nosotros lo sacamos un poco a matacaballo, y las opciones de última hora no eran mucho mejores que esta. En cualquier caso, como digo, el hotel en sí era chulo y muy cosmopolita y urbano.

La habitación es lo que veis: cama, 30cm a cada lado, y luego el baño (que no se ve en la foto pero que si saliera se vería exactamente lo mismo que aquí). 

Justo debajo del hotel encontramos un bar para desayunar, el “Fluffy´s Cafe”, que no nos pudo gustar más. Típico dinner americano en el que te hacen desde unos huevos revueltos hasta unos pancakes de lo más ricos. Y de ahí, nos íbamos a lo que uno suele hacer cuando va de turismo a Nueva York: “patearse” la cuidad. Como todos ya habíamos estado allí varias veces, básicamente repetimos los sitios que más nos gustaban a cada uno. Cogimos un pequeño ferry en la 34th St. que nos llevó al barrio de Dumbo, en Brooklyn, desde donde disfrutar de las vistas del skyline. Dimos el típico paseo en bici por Central Park; un paseo por el Soho, por el East Village, parada en la zona de Time Square, en Wall Street (la estación que diseñó Calatrava en la Zona Cero me impactó de lo brutal que es). Algún museo, alguna exposición en la que caímos casi de casualidad,

 

Y por lo demás, comimos mucho, aprovechamos para descubrir mil restaurantes que teníamos en la lista. Si tuviera que recomendar algo sería las mazorcas asadas y gratinadas en la calle Elizabeth , Café Habana. Un cóctel en el Boom Boom Room del hotel Standard (digno de una película de los años 30). Y los famosos Mac and cheese en el Mac Bar en el Soho. Las míticas hamburguesas del Shake Shak, la pizza de alcachofa (y nata) de Artichoke pizza… Uf, solo de pensarlo babeo..

En fin, que no hablo más de la ciudad porque ya escribí un montón de posts hace unos años y me da la sensación de que si no aburro. XD

Un besote grande y feliz finde!

 

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