Nunca he pasado por ello

Nunca he pasado y nunca pasaré por ello. O sí, pero por cuestión estadística es poco probable. Tampoco tengo nadie de mi entorno cercano que haya tenido  y, honestamente, deseo con todas mis fuerzas que así siga siendo. Pese a que llevo media vida escuchando hablar de ello, no fue hasta hace unos años que empecé verdaderamente a saber de qué iba el tema. Jamás podré ponerme en la piel de una mujer. Jamás podré pensar como pensáis vosotras y, por supuesto, jamás podré sentir lo que sentís.

Lo único que puedo hacer desde la modesta posición que me da este teclado y esta pantalla, es enviar un mensaje de absoluta solidaridad, respeto y optimismo a cada una de las mujeres que tienen que luchar cada día contra el cáncer de mama. Solidaridad, porque esta es una manera, aunque relativamente simbólica, de que vean que no están solas, que su camino, aunque empedrado, podrá ser un poquito menos árido con las personas que las rodean. Respeto, porque soy consciente de que una enfermedad así te lleva al límite: al límite físico y emocional . Sus fuerzas se van, su autoestima empequeñece y, donde antes había sonrisas, paciencia y optimismo, ahora parece que solo existe una inmensa nube gris. Respeto también porque, a pesar de su dolor, tienen que seguir adelante con sus vidas: los niños tienen que ir al colegio, la compra no se hace sola, el lavavajillas tiene que ponerlo alguien, tendrán que seguir entrando en ese vagón de metro repleto en su hora punta y, por supuesto, tendrán que seguir sentándose, cada mañana  a las 9.30, en la mesa de sus puestos de trabajo. Y todo esto arrastrando dolor, incertidumbre y, muy probablemente, miedo.

Y mando también optimismo porque  eso es lo que puede marcar la diferencia entre salir de esto con un trauma emocional incurable, o con una energía y fuerza renovadas que les acompañe el resto de sus vidas. Todos, en procesos de enfermedad y sufrimiento, necesitamos una cierta dosis de optimismo que nos haga mirar en todo momento hacia adelante. Una dosis de valor y de fuerza que nos siga insuflando ganas de hacer frente a los momentos duros. Si en nuestro día a día el optimismo es algo vital, en estos casos es aún mucho mayor: primero toca vivir y salir adelante. El cómo, en qué circunstancias y el desgaste que habrá que sufrir para hacerlo, viene después. Pero lo más importante es saber que queremos seguir aquí y que vamos a luchar incansablemente.

Yo nunca he pasado por una enfermedad grave, así que solo puedo empatizar “de boquilla”, es decir, sé que es duro porque me han contado que es duro. Imagino que es duro, porque en realidad nunca lo he experimentado, pero así como puedo saber (o imaginar) que una guerra es algo tremendamente devastador y demoledor y que no quiero vivir eso nunca, también puedo ser sensiblemente consciente de lo que significa atravesar un cáncer de mama.

Así pues, lo dicho: mando millones de besos y abrazos a todas las mujeres que lo han sufrido, lo están sufriendo y a las que, por desgracia, tendrán que enfrentarse a ello.

  • Unas palabras muy bonitas que inspiran fuerza y aliento… muchas gracias Javier.
    Debido a mi trabajo lo veo muy a menudo: la lucha, la entereza y la constancia de muchas personas aguantando la presión que produce esta enfermedad y no sólo los pacientes, sino también sus familiares que están al pie del cañón.
    Ojalá no existiera el cáncer pero existe, aunque cada día que pasa se anhela una solución concreta para cada uno de sus tipos…mientras tanto un BESO enorme para todos esas personas que lo padecen.

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