Conversaciones incómodas

Sabéis que ahora hay servicios que el usuario tiene la capacidad de valorar y dar puntuación a través de aplicaciones, ¿no? Es decir, que ahora, como consumidor, tienes la posibilidad de poner nota a según qué servicio. Ej: en Booking.com puedes evaluar cómo ha sido tu estancia en un hotel, de manera que luego tú también puedas ver la media que tiene ese alojamiento y, según los usuarios, qué puntos fuertes y qué puntos débiles tiene. Sucede lo mismo con aplicaciones de restaurantes, de compra-venta entre particulares (tú puntúas si tu comprador o tu vendedor ha sido amable, puntual, si el material que habéis intercambiado estaba como el anuncio lo describía, etc) o servicios de transporte privado tipo Cabify o Uber. Y aquí es donde quería llegar.

El otro día cogí un Cabify a la salida de una cena. Yo iba con un amigo y el conductor, un chico muy majete de algún punto al sur de Despeñaperros, nos atendió con la cortesía habitual: —Buenas noches, caballeros, ¿les puedo ofrecer agua? Saben que tienen wifi gratuito todo el trayecto y, si quieren algún tipo de música en especial, por favor no duden en pedírmela—. Hasta aquí, todo normal, todo correcto.

El asunto es que justo diez minutos antes de entrar al coche, mi amigo y yo estuvimos hablando precisamente de todo esto de las puntuaciones y de cómo, si bien era algo muy útil para el usuario, no nos parecía del todo justo para el trabajador. Decidimos, pues, hacer una especie de experimento sociológico/broma al conductor del coche. Básicamente, quisimos jugar con su paciencia, pero de una forma suave y sin que en ningún momento se sintiera atacado.

Hablé yo primero:

—”Ave María” es de Bustamante, no de Bisbal—. Le dije a mi colega.

— ¿Cómo va a ser de Busta? Es de Bisbal 100%, que a mí me pilló en primero de carrera y me acuerdo perfectamente…

Por si había alguna duda 

Yo repetí e insistí un par de veces lo de Bustamante, y para entonces era claro que el conductor me había escuchado porque había mirado un par de veces por el retrovisor; primero con cara de sorpresa, luego había hecho un leve gesto de negación con el cuello.

Habíamos decidido mencionar varios datos populares en los que yo claramente estuviera siempre equivocado, y en los que muchas veces también mi amigo también lo estuviera, para ver si en algún momento el conductor intervenía.

—Amancio Ortega es asturiano.

—¿Asturiano? Yo diría que es gallego, ¿eh? Vamos, estoy casi seguro.

—No, no. Es asturiano porque siempre me acuerdo de que el primer Zara lo montó en Oviedo.

—Pues no sé, tío, será.

Ahora el conductor ya estaba haciendo más gestos. Le veía claramente en conflicto consigo mismo entre intervenir en la conversación, a riesgo de que sus clientes se pudieran molestar por ello, o dejarnos en nuestro error de zoquetes del que nos podría sacar con una sola palabra.

La última fue la prueba de fuego y la que ocupó más tiempo del trayecto (que, por cierto, era prácticamente de norte a sur de Madrid , lo cual nos llevó fácilmente 25 minutos) tuvo que ver con un terreno en el que todos estamos más o menos cómodos: la gastronomía.

Empezamos a hablar de lo que habíamos cenado, y aprovechando que noté un leve interés del conductor, solté: “La diferencia es que el salmorejo no lleva pan y el gazpacho sí”. —Es al revés— , dijo mi colega. —No, no. El salmorejo cordobés no lleva pan, o lleva muy poco. Lo que lleva es mucho aceite, por eso es tan denso. Gazpacho, pan. Salmorejo, no pan. Está claro—.

La bomba estaba activada y solo quedaba esperar a que explotara. Pero no explotó; el conductor se mordió los labios, miró repetidas veces por el espejo, resopló (o eso creí percibir yo), incluso giró levemente la cabeza hacia el lado cuando yo afirmé, por tercera vez, que el salmorejo no llevaba pan, pero el chico aguantó. No dijo ni mu. Por supuesto mi puntuación no iba a tener nada que ver con que dijera algo o no, pero había sido curioso ver su reacción. En realidad es posible que él no dijera nada no por miedo a que lo valorara negativamente, sino por mera educación. Pero había sido interesante.

Justo al salir del coche el chico bajó la ventanilla y me dijo: “Perdona. Bisbal, gallego y.. sí lleva pan, sí. Un huevo”. Y mi amigo y yo casi estallamos de la risa.

Ahora que termino el post y lo releo, he pensado que igual no he sabido transmitir del todo lo que quería, si bien es cierto que tampoco tenía muy claro qué quería contaros, ni si había moraleja, ni si era una narración divertida o una narración sin más. Pero bueno, ya que he llegado tan lejos (y algunos de vosotros también) no vamos a deshacer el camino andado, ¿no?

¡Un abrazo y feliz semana!

 

  • Si tuviéramos que calificar tu blog…… jajajajaja!!!!!! Saldrías ganando te lo aseguro.

    Es una anécdota muy divertida y da para mucho.
    En cuanto a lo de puntuar es muy relativo, porque no todos tenemos el mismo gusto ni le damos importancia a las mismas cosas. En muchos restaurantes el primer comentario acerca del camarero p.ej es muy positivo y el siguiente comentario es lo mismo pero en negativo. Es muy difícil guiarse por ello.

    Te mando un beso gallego con miga de pan y avemarías!!!

    Y en 6 días …..unas cuantas velas y un año más!!!!!

  • Cada dia me río mas contigo,estoy con lagrimones jajajaja…No se te ocurre nada bueno,y eso es lo mejor que tienes .Santa paciencia tuvo el colega para no hablar hasta el final jaja…por favor:seguid así,q si no..os echamos de menos .Miedito me daría cruzarme con vosotros y eso q os pedí,poder fotografiaros para mis prácticas de fotografía,pero ya me lo pienso:capaces de poner una cámara oculta jaja.No te arrepientas de haber colgado esto,es buenísimo.

    • Gracias, Silvia! 🙂
      Ya, el tío aguantó “like a boss” XD
      Efectivamente, ojo porque como estés a menos de cinco metros de mí igual te llevas un sustooooo!!

  • Pues si ahora se valora todo… cuando vas a pagar en EL Corte también te piden que le marques que carita “ha definido” mejor la atención… y yo por ejemplo tengo que cubrir encuestas sobre los profesores de la Uni… si es que ahora todo hay que valorarlo
    Nos queda solo que pongas un apartado en tu blog en el cual tengamos que valorar cada y uno de tus blogs jajaja
    Feliz semana 🙂

    • Cierto. Me pasó el otro día y el chico (señor, más bien) no dejó de mirar la pantalla !jaja. Por suerte me había atendido muy bien y le di a la carita verde..
      Ostrás, valorar cada uno de mis posts me parecería buena idea, la verdad. Me gustaría también saber si yo mismo puntuaría mis entradas como vosotros..
      un besote, guapetona!

  • Javiiiiiiiiiiiiii!!!
    Ave María de Bustamante!!??? Ay madreeeeeeeee…
    Jajajaja me muero con estas anécdotas tuyas,son de 10.
    Un besazo,bombón!

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