Las castañas asadas

No creo que las coma más de ocho o diez veces al año. Es más, si el médico me dijera que no puedo comerlas más, el disgusto me duraría hasta que cerrara la puerta de la consulta  detrás de mí.

Jamás las he comprado en un supermercado, no tengo idea de a cuánto se vende el kilo, y ni siquiera sé de qué región vienen. Pero el caso es que las castañas son un imprescindible del invierno. Durante esta época son tan necesarias como la Lotería (aunque no juegues), tan necesarias como el turrón (aunque no te guste), y tanto como un buen gorro y unos abrigados guantes (aunque vivas en una zona cálida). Las castañas son al invierno lo que los helados son al verano: quizá no los comemos, pero si no están se les echa en falta.

Tenéis que perdonarme las que seáis de climas más templados (Andalucía, Canarias) o incluso de otros continente (tengo una nutrida cartera de lectoras de Argentina, México, Colombia o Venezuela), pero mi invierno solo lo concibo desde el frío y desde la típica estampa invernal de muñeco de nieve, luces de Navidad, vaho saliendo de la boca y bufandas que dan tres vueltas alrededor del cuello.

Hay canciones que relacionamos íntimamente con situaciones o personas, del mismo modo que hay olores que inmediatamente nos sitúan en un cuándo y un dónde. Y con el olor a castaña pasa eso. Este olor es inconfundible y se huele desde varias decenas de metros más allá del puestecito de turno. La castaña huele a ciudad en invierno, huele a abuelos sujetando el cono de papel a sus nietos; huele a frío, a cielo nublado (o soleado, que en Madrid tenemos mucho cielo despejado), y a paseo al caer la tarde con los escaparates iluminados y las calles a rebosar de gente.

Los puestos de castañas, que brotan como champiñones cuando llega octubre, han ido evolucionando al ritmo del consumismo de masas. Si hace treinta años en estos puestos solo había castañas, ahora hay un crisol de productos para tratar de satisfacer a cuanta más gente mejor. Los castañeros han incorporado al brasero, el boniato; una especie de patata, más dulce,  y que es muy sencilla de hacer, aunque yo he de decir que todavía no lo he probado, que soy de la vieja escuela y el olor de la castaña asada me tienta demasiado como para desviar mi atención a otros productos. Como decía, los puestos de castañas del s. XXI han incorporado otros elementos a la venta en sus dos metros cuadrados de superficie comercial. Como la bebida; un buen día, alguien se dio cuenta de que por muy ricas que estén, las castañas se atascan en la garganta como si fueran magdalenas, solo que unas se pueden mojar y las otras no.  Castañas con refresco no suena todo lo bien que debería, pero tampoco es una mala combinación. Además de castañas, boniato y bebidas, los puestos ya suelen vender snacks (patatas fritas, ganchitos, palomitas en bolsa) y alguna que otra chuchería y Chupa Chups.

Recuerdo con mucho cariño como, de pequeño, lo primero que hacía nada más recoger el cucurucho con la docena de castañas, era contarlas a ver si la señora se había equivocado y me había metido alguna más. Y claro que siempre había más. Porque los castañeros contaban con que posiblemente alguna estuviera pocha y que no era justo que si pagabas por doce, te comieras solo diez. He comprobado que esta sana tradición de meter alguna de propina, sigue bastante vigente. Y si no, siempre nos quedará comprar un boniato o una bolsa de patatas fritas para asegurarnos de que no sale pocho. Pero claro, no es lo mismo.

 

 

 

 

  • Javiiiiiiii!!!
    Cada palabra que has escrito me transporta a la Gran Vía de mi ciudad,Logroño,llenita a rebosar de estos puestos.
    Aunque lamento decir que…NO SOPORTO LAS CASTAÑAS ASADAS!!! Me resultan harinosas,me ahogo cuando las como..no sé,no me gustan nada!!! Seré de otro planeta??
    A favor de ellas,diré que,en cambio,me encanta comerlas crudas.
    Definitivamente,no soy humana.
    Jajajajaja!!!!
    Un besazo,bombon!

  • Javiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!
    Cada palabra que has escrito me transporta a la Gran Vía de mi ciudad,Logroño,llenita a rebosar de estos puestos.
    Pero lamento tener que decir que…ODIO LAS CASTAÑAS ASADAS!!! Me resultan harinosas,me ahogo cuando las como…me queman las manos o se me enredan las cáscaras en los guantes…no las soporto. Seré de otro planeta???
    A su favor diré que me encanta comerlas crudas.
    Definitivamente,soy de otra especie,sí.
    Un besazo,bombón!!!!!

  • A mí me encantan. Ese olor en el ambiente… ¡Ohhh! Es invierno. Frío. ‘Humo’ saliendo de la boca…

    Recuerdo de pequeña que mi aita y mi amatxu (mis padres) me compraban y me las metía en los bolsillos para tener calorcito, ahsta que me las pelaban.

    También recuerdo el precio. Veinte castañas, veinte duros. Ahora, la docena, dos euros. ¡Mecachis! Aún así, de vez en cuando caen. Sobre todo porque ahora soy yo la amatxu que las compra y pela 😉

    Besos,

  • Javi!! En malaga tb hay puestos de castañas y lo asociamos al invierno igualmente! Lo q pasa es q claro aquí con unos 13 grados ya nos parece que hace mucho frío. Cuando baja de 10 nos mandamos fotos con grados jaja ayer mi marido me envió una del coche a 2 grados Al amanecer!! Eso nos sorprende..en otras zonas estáis acostumbrados pero la verdad es que aquí frío frío (frío Malagueño) con nieve (tb nieva en malaga Sierra de las nieves, Yunquera, Antequera, Ronda) son 3 días antes de febrero y luego una semana fuerte en febrero. Jaja lo demás estaremos a unos buenos 18/20 grados de media por las mañanas así que no hay mejor sitio para vivir si os gusta el buen tiempo y la buena gente, pescaito… jaja pero bueno que tb comemos castañas! En octubre no por frío, si no por que te entran ganas después de llevar un año sin probarlas. Un besoooo!
    PD. En Granada y Cordoba SI hace frío en invierno ❄️

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