La cata de vinos

Ayer, por primera vez en mi vida, estuve en una cata de vino. Y digo esto con casi tanta ilusión como vergüencilla; más de 30 años he tardado en ir a una cata, ya me vale.

Como absoluto profano que soy en el mundo de los vinos, y con un paladar y un sentido del olfato y el gusto tan mediocres como los míos, mis expectativas de cara a la cata eran más bien bajas. Muy bajas. Vamos, de hecho propuse que la cata fuera de ibéricos y de totasditas de foie en vez de vino, pero obviamente mis peticiones fueron desoídas. Es más, se me invitó amablemente a cerrar la boca “el resto de la velada, la semana y, a poder ser, el resto de mi vida”.

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Por suerte para mí, que no me callo ni debajo del agua, me levantaron el castigo cuando empezó lo divertido:

Nos sentaron a los invitados en torno a una mesa baja cargadita de copas vacías, un par de libretas sin estrenar y varias botellas de vino tinto, blanco y rosado. Resultó que las desconcertantes libretas no eran para la cata en sí, sino que se las había dejado uno de los camareros mientras preparaba la mesa. Esto lo supe porque fue uno de ellos el que me quitó de la mano el boli justo cuando terminaba el tejadito de una casa muy mona que me puse a dibujar en la página dos de la libreta.

Fue entonces  cuando Bea, la sumiller y brand ambassador de Viña Pomal (Rioja), alzó una copa, se retiró el pelo de los hombros, miró al infinito, sonrió y dijo: “Empezamos”.

La cata, según aprendí el otro día, consta de tres momentos clave: cuando se percibe el aroma (se huele), cuando se distribuye el vino por la boca y la degustación final. Por lo visto, en contra de lo que yo pensaba, el color no es tan importante, porque en parte obedece a modas y a según la época en la que se consuma.

En el proceso, además, se llevan a cabo una serie de rituales que son también importantes para disfrutar del vino a tope: mover la copa para airearlo (yo, en la tercera vuelta del vino en la copa, conseguí que saliera un chorro disparado. Por suerte el resto de invitados, que ya preveían algo, me habían hecho el vacío y me había dejado en un rincón catando solo) Se puede observar también el tema de la lágrima y el cuerpo del vino, pero por lo visto esto son ya palabras mayores, así que con nosotros fueron directamente al grano y pasamos a olerlos y degustarlos.

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Sobre la diferencia entre el tinto, el rosado y el blanco no voy a comentar demasiado: es posible que todos sepáis distinguirlos sin tan siquiera ver el color. Lo que sí quiero destacar es algo que dijo Bea y que me encantó. Dijo que, en realidad, el vino nos puede oler y saber a cada uno a una cosa. Y que todos podemos estar en lo cierto. Habrá algunos para los que tenga un regusto a chocolate, a vainilla o a madera; otros percibirán laurel, melocotón o tomillo. Ninguno de estos elementos está presente en la composición del vino, sin embargo esa es la magia del buen vino.

Yo sugerí que percibía aroma a cebollino, maki de salmón y un poco de puré a la parmentier, y dos amables camareros me invitaron a abandonar la cata, la sala y el país. Yo me fui, pero me llevé los culines de vino que me quedaban en el vaso. 🙂

Y así terminó mi estupenda primera cata de vinos. Hoy sé un poco más que ayer, pero bastante menos que cuando termine las cuatro catas que pienso hacerme este verano.

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Por cierto, supongo que las fotos os han llamado la atención, y es que Viña Pomal decidió organizar el evento de una forma muy original y creó el concepto de Bar-bería en la calle Infantas, en pleno barrio de Chueca, Madrid. Buscaban darle un golpe transgresor al evento, y es que las barberías viven una nueva edad dorada  en el que se han convertido en centros de culto para jóvenes modernos… y clásicos. 😉  Así que ahora, además de retocarte la tupida y frondosa barba o levantarte un tupé rockabilly, puedes tomarte un refresco o un vinito en la barra dentro de la misma barbería. Chapó. 

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Yo me quedo con el Viña Pomal Reserva. Como he comentado, no soy ningún experto en vinos, pero no sé: me gustan intensos.

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  • Jajajajja!!! pues como gran amante del vino que soy yo, te diré que el tinto mola más, estoy de acuerdo. Al menos en lo que a catas se refiere. Nunca me he tomado una copita en una barbería pero oye, soy de madrid así que igual me paso :):)
    un beso, bonito!

  • Estás locooooo!!! lo que me he reído con lo de “que me fuera del país”.
    yo soy de vinito blanco, que entra más facil. cuiídate muchacho!!!

  • Bar-bería jajajajajajajaj diios cómo me gustan estos chistes malos (sí puedo ser muy tonta pero me da igual soy feliz con esas cosas) xD xD
    En cuanto a vinos no soy una entendida la verdad, aunque con veintipocos te gano en catas ;P y sí he de decir que a mi los vinos que me gustan les encuentro ese olor a vainilla y tacto suave en la boca por lo que tu sumiller Bea está en lo cierto 😉
    Y una cosa más para tus próximas cuatro catas mira a ver si en vez de arreglarte la barba (que no llevas) las buscas que te pongan algo para empapar ese vino un buen jamoncito o algo así y matas dos pájaros de un tiro 😛

    kiiiss Javier de Miguel

    PD. Cuenta que tal fue la experiencia en los cuarenta!! son tan majos como suenan en la radio o es todo postureo?? A mí Pedro Aznar me mata!

    • No, oye, que el nombre no es mío!! jajaj. o sea, que efectivamente hay juego de palabras, pero es en serio. LOL
      Estoy de acuerdo con lo del jamón. La próxima me llevo un papel de plata y me traigo un buen puñado a casa.
      P.D: Así que te enteraste,eh?? Pues te diré que fue muy guay. Quizá lo cuente por aquí un día de estos. Me lo pasé deluxe y sí, son tan majos como suenan!

  • Eres un “boboooooo” y es que me parto contigo
    Habría que verte y es que eres de lo que no hay!!

    Yo he ido sölo a una cata y acabé mareada pero siempre he preferido el rosado y el blanco…. Bueno, y también el tinto….Jajajaja a cada comida su vinito!!!!

    Un enorme abrazo catador!!!!

    • Arantxadue.
      Hay un dicho en Burgoas que dice:
      “La mejor madera de Guinea…,el pino de soria,y el mejor clarete o rosado…,cualquier tinto”.
      Toma nota,guapa.Un beso,Jose Ramon

  • Hola, hola!!

    Cuando vengas a Galicia te invito a un vinito (albariño) de Mar de Frades, que lleva uvas de las viñas de mis abuelos jajaja
    El sitio y las fotos molan muchísimo!!
    Un beso y hasta mañana Javi 🙂

    Por cierto, pronto iré a Madrid.. me recomiendas cafeterias, restaurantes, algún que otro sitio guay para ir? 😉

  • Javiiiii!!!!
    Reserva de Viña Pomal,no sabes tú ná!!
    Como Riojana y AMANTE de los vinos que soy te diré que me ha hecho especial ilusión leer este post.
    Los Riojanos llevamos en las venas el vino y en la manera de catarlo cada vez que nos sirven una copa es donde te delatas: Soy de La Rioja,jajajajaja.
    Por mi parte te diré que mi vino favorito,sin dudarlo es un buen reserva de Bodegas Marqués de Riscal o un crianza de Bodegas Muga.Y si te apetece tomar un vino chispeante y delicioso tómate a mi salud una copita de Líbalis Rosé.
    Un saludo,bombón,por cierto,estás guapíiiiiiiiiiiiiiiiiiiisimo!!!!!!!!!!!!!!

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