He terminado en comisaría

Si ayer me llegan a decir, mientras cenaba un tiradito de corbina emulsionado con jengibre y carbón, que iba a terminar una hora después en comisaría, no me lo habría creído. Si me hubieran dicho que en el hospital, aún algo de sentido habría tenido (creo que debí haber evitado de esos dos últimos bocados de tarta de queso y limón), pero ¿en comisaría?. Y mira que a lo largo del día fui recibiendo señales divinas de todo tipo que pedían a gritos acelerar mi vuelta a casa (y a la cama), pero no las quise ver; por la mañana, después de cuarenta minutos de carrera en cinta, treinta minutos de exacerbado levantamiento de pesas, otros diez de discusión con un culturista alemán que se empeñaba en utilizar mi espalda como banco de abdominales, y 15 más funcionando de banco de abdominales de culturista alemán (al final ha ganado él la discusión), he vuelto a casa con más ganas de coger la ducha que Tarzán después de 20 años en la selva (qué poco me gusta este tipo de chistes) para llevarme la desagradable sorpresa de que el agua caliente no funcionaba (señal 1). La fría sí, pero como yo no soy muy de pasarlo mal en la ducha y la casa de mis padres no me venía bien, he optado por omitirla hoy de mi agenda.

Horas después, justo antes de comer, yendo de camino al restaurante en el que había quedado, un ciclista con mucha prisa y poco cuidado ha estado a punto de atropellarme. En realidad ha pasado a más de dos metros de mí, pero como yo iba mirando al móvil y cazando Pokemons, me he llevado un buen susto (señal 2).

ci

Es posible que el café que he pedido para rematar la comida me haya hecho quemaduras de tercer grado (o de primero, nunca he sabido cuál es el orden de los grados), pero no en la boca al probarlo sino al contacto en mi hombro derecho al sentirlo cuando el maldito simpático camarero ha tropezado con el portafolios de cuero que mi amiga Andrea tenía en las patas de la silla, y ha vertido el doble espresso machiatto en mi camisa, imprimiendo un punto de transgresión y color al hasta ahora monótono tono celeste de la misma (señal 3).

Cuando por la tarde, a eso de las seis, me han llamado del Dpto. de atención al cliente de una conocida operadora telefónica —cuyo nombre no pienso desvelar pero es sorprendentemente parecido al término inglés (y francés) naranja—, y me han comunicado que procedían al corte de mi línea internet y móvil por impago de las 5 últimas facturas (hay que ver qué carácter tienen estas multinacionales, por un retrasito de nada), y que a partir de ahora tendría que hablar con mi novia por fax o por señales de humo, tenía que haber asumido que mi día iba a terminar mal (señal 4).

k

Durante la cena las cosas no han ido mucho mejor (a estas alturas del relato, me doy cuenta de que la comida tiene demasiado peso en mi vida). Ha sido una cena de estas protocolarias. Un evento al uso en forma de cena en el que te sientan con gente a veces desconocida, a veces amiga, y en el que hablas de cualquier cosa que haga que el tiempo pase lo más ameno posible. Mis vecinos inmediatos esta noche han sido un chico de mediana edad cuyo hobby era recolectar pipas de calabaza para luego secarlas y hacer collares con ellas (ha sido interesante durante los 3 primeros minutos, luego he desconectado), y a la izquierda una chica que trabaja en cine. Perdón, EN EL cine: era la taquillera de los Cinesa Méndez Álvaro y venía de acompañante de otra mujer. La conversación iba muy bien hasta que ha sacado el nombre de Almodóvar a propósito de su último estreno, y nos hemos enzarzado en una discusión sobre si merecía todo el prestigio que tiene o si por el contrario la pizza de alcachofa debería estar prohibida.

Todo esto para contaros que a la salida de la cena, he ido a la moto con unas ganas locas de coger carretera y manta, y resulta que me habían mangado (robado, para los que me leen allende los mares) los cascos (de la moto). Ppppffff…. he estado a punto de coger un taxi e ir a casa sin hacer más, pero he pensado que mi deber como ciudadano responsable que acaba de ser robado y que ha cenado con un coleccionista de pipas, era denunciar el incidente. Y eso he hecho, ir a comisaría.

loca

Deja un comentario

Tu correo electrónico no será publicado.

Featuring WPMU Bloglist Widget by YD WordPress Developer