Cuando hablas del calor que hace

Gracias a todas por los pedazo de sugerencias que me hicisteis a propósito del viaje a Menorca. No he tenido tiempo de visitar todas, ni mucho menos, pero entre lo que he leído por aquí, lo que he escuchado por allá, el segundo libro de Harry Potter, un bocadillo de mortadela que me llevé para el viaje de ida y que el sol se pone por el oeste, algo he apañado. 

Volví ayer, y Madrid me ha recibió con unos abrasadores 38º (“lo raro es que nevara”, que diría el listillo de turno). Por eso, a estas alturas quejarse del calor en julio sería como ir a un estadio de fútbol y protestar porque hay demasiados puntapiés y muy pocos pases de cabeza. Si alguien se cruza conmigo, por favor, que se evite la conversación vacía y de relleno (paradójico que siendo de vacío sirva de relleno) sobre el bochorno que hacelo mal que se duerme sin viento y las muchas ganas de que hay de que pase esta ola de calor. Llegado el caso de un eventual cruce de caminos, prefiero que se mantenga el silencio entre nosotros; que nos lancemos una mirada de duelo y hagamos un combate con objetos que tengamos a mano (como un polo de Frigo o la toalla de piscina); que intercambiemos opiniones sobre si el aguacate o el tomate deben ser considerados fruta o verdura o que, simplemente, me ignoréis. Cualquier cosa menos hablar del tiempo. Ni que decir tiene que sería exactamente igual si el encuentro se produjera en pleno enero: chitón sobre los frentes fríos, las heladas mañanas en Ávila o lo caro que está tener la casa caliente todo el día.

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El caso —si es que me liáis—: ayer por la noche, estando mi nevera triste y sola (como Fonseca) después de mi ausencia, decidí que ante la opción de comer macarrones con mostaza y horchata (ya os he dicho que la nevera estaba vacía) o unas galletas Campurriana caducadas en la Guerra de los 100 días, lo mejor sería ir a picar algo fuera: un gazpachito, un poco de sepia, unos carabineros, algún percebe, langostitas -quizá-, langostinos -seguro-, unas lonchitas de 5J y un Marqués de Riscal (nada de cenas copiosas, que luego la digestión pesa).

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Una vez asumido y aceptado que mi economía no estaba para demasiados excesos, suprimí el gazpacho del menú, que no quería que el resto de comensales me acusaran de abusón, y comencé el festín de vuelta de vacaciones. El caso es que estaba por el segundo plato (ahora dudo de si el segundo llegó después de las nécoras o de los dátiles con carbón y foie) cuando el señor de dos mesas más allá (siendo “más allá” la zona pegada a la cristalera y más alejada de la cocina), se levantó, lanzó un vaso al suelo, y ante el susto mío, la sorpresa de mi acompañante, el pequeño infarto de miocardio de una mujer centenaria que pasaba en ese momento por detrás del señor mientras se dirigía al baño, y el gesto de aprobación de dos adolescentes que se sentaban en la mesa contigua y que por lo visto estaban un poco aburridos y querían jarana, gritó:

— Mercedes, no vuelvas a decir una sola palabra de mi madre o tú y yo tenemos un problema.

Yo pensé que, quizá, el problema ya lo tenían, pero luego recordé que mi psiquiatra me había dicho que lo que para uno son problemas para otro son soluciones, y que no había términos absolutos en las cosas del amor, así que interpreté ese bocinazo del señor como un aviso más dentro de su acalorada relación de pareja. Lo gracioso vino después, cuando la señora que lo acompañaba y que había sido objeto claro del embiste de ese animal de bellotas, se levantó, tiró la servilleta sobre la mesa de una forma un poco teatral (sobreactuada, diría yo),  llenó con mucha calma la copa de vino blanco, y lanzó acto seguido el contenido sobre la barrigota del señor. Desconozco por qué eligió hacerlo sobre la barriga y no sobre la cara, como habría cabido esperar, pero creo que al final resultó un final mucho más inesperado y divertido para la audiencia, o sea, para ese entonces el resto de comensales, que no dudamos en arrancar a aplaudir cuando terminó la escena.

Al final resultó que estos dos personajillos eran actores y que todo formaba parte de una performance que organiza el restaurante en las noches de verano, supongo que con el fin último de que la gente no tenga que hablar del tiempo y pueda, por fin, hablar de cosas interesantes.

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  • Alaaaa!!!!! Q guay! Jeje me imagino la cara de la gente uf..
    Javi yo tb hubiese suprimido el gazpacho, puestos a comparar con el jamón y el marisco pues… Lo más caro esta claro lo que era y es lógico que lo suprimas jaja..
    Queremos el video que nos prometiste el otro día de tu viaje a Menorca!
    Bueno un beso! Uf… Que calor hace estos días no?? X aquí x malaga mucho jaja!!
    Muaks!!

    • Querida! El vídeo ya está listo, que lo sepas. No sé si lo sacaré en la próxima entrada o dentro de un par, pero viene dentro de poquito seguro!
      un besote 🙂

  • Hola! hace poco que leo tus post y echando un vistazo al histórico veo que este es uno de los mejores (en mi opinión, claro…) así que felicidades! Muy bien hilado todo, y sobre todo muy entretenido. Salu2.

  • Javiiiiiiiiiii!!!!!
    Menudo teatro en el restaurante,jajajaja…así te da igual comerte unos percebitos que un McPollo,jajajajaja…(nota mental:no digas bobadas…) Juas,juas..
    Me ha encantado tu alusión a mi vino favorito como buena riojana!!
    Un besote,bombón,se te quiere!!! 🙂

  • totalmente de acuerdo!!! nada más pesado que la gente hablando del tiempo, mucho mejor quedarse en silencio, ya sabes esa frase “no hables si no es para mejorar el silencio”

    bss.

    marta.

  • Hahahaha. Not talking about weather but just saying. Porto es más fresquito, deberias venir hacer unos dias de vacaciones aqui.

  • Hola Javier!!!!!

    Que situación tan divertida!! Ya sé a qué me puedo dedicar si dejo la Enfermería…aunque claro, trabajaría por dos pues ya me veo haciendo las maniobras de parada de la abuela centenaria debido al infarto provocado por una actuación estelar , JAJAJAJAJA!!

    En fin, que me alegro muchísimo que lo hayas pasado bien.Llena la nevera y disfruta de todo lo que tengas alrededor.

    Yo me voy a Asturias, que estoy deseando conocerlo.SÍ……, no me preguntes más….. Aún no se ha decidido Paco a llevarme a Roma…snif…..

    Abrazo goooooooooordo.

    • Hola, Aran!! Pues nada, disfruta mucho Asturias, que si no lo conoces bien vale un viaje de verano (en Roma hace mucho calor, te lo digo yo) un besote!

  • Mi querido Javier.Me hace gracia ver que te quejes del calor cuando estoy con los brazos abiertos esperando que vengas a tu casa a tu casa gallega en Ares,y sino te gusta,a la de tus abuelos enLerma.Cualquiera de ellas en lugares ,lo suficientemente acojedores como para pasar unos dias de ensueño.
    No lo olvides que aun tienes verano por delante,para disfrutarlo.
    Un beso

  • Yo que tenía para mí que las únicas soluciones para el calor post vacacional de nevera triste serian 1, baño en el mar o 2, comer un helado en el paseo marítimo (si posible, después del 1)… pero un restaurante así de animado también parece una buena solución 🙂

  • Jejejejejejej gracias por alegrarme está tarde de estudio tan aburrida!!!! Jejejejeje. Me estoy riendo sola mientras hago un descanso!
    Un beso

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