Hablando en noches estrelladas

Gracias a la organización del Congreso Internacional de Infancia Maltratada por invitarme

 

Últimamente he tenido el privilegio de hablar por mí y por otras personas en campos de estrellas.

He tenido ese privilegio y esa responsabilidad, pues aún cuando nos piden la opinión –y los seres humanos tendemos a soltar nuestra visión sobre cualquier asunto sin que nadie nos pregunte, y sin que a nadie le importe- olvidamos que somos responsables de nuestras palabras. De lo afiladas, dulces, rasposas o curativas que sean.

Creo que soy incapaz de dar una charla sentado. Años de karaoke, supongo.

 

Las palabras tienen peso, gusto y tamaño. Y todas deberían indicar el origen de quien las empleó, por aquello de saber a quién dirigir el agradecimiento o la responsabilidad.

Por eso cada vez que he hablado he intentado ser consciente de aquello que contaba, y cuando me han señalado la herida he entendido y reparado. Especialmente porque siempre he hablado a favor de las minorías.

Algunas de las estrellas que conocí en Santiago, demostrando que hasta de día relucen

 

Hablar en público es el segundo mayor miedo del ser humano y últimamente más, pues sentimos que nos hemos adentrado en una nueva edad oscura, en un campo minado, en una noche que no deseábamos.

Pero hablando en Santiago de Compostela entendí que siempre, en todas las ocasiones, había estado comunicando en noches estrelladas.

Recientemente en Barcelona, con falda incluida.

 

Porque allá donde iba y allá donde me encuentro hay gente luminosa. Mujeres que insisten en promover la educación sexual y el buen trato en la infancia incluso en territorios hostiles. Mujeres que buscan la mejor manera de atender a víctimas de violencia, pero también a victimarios. Hombres que habían logrado humanizar los espacios donde se ha de impartir justicia. Docentes que insisten en crear espacios seguros. Activistas que abren caminos en el hielo y en el fuego. Y muchos ejemplos más.

Qué bien que haya gente que te muestre el horizonte.

Hace unas semanas tuve la oportunidad de hablar para escuelas de medicina y enfermería de México y fue una experiencia maravillosa.

 

En Santiago entendí que en la noche idolatramos la luna, pero en realidad son las estrellas quienes nos guían para encontrar el buen camino hasta el amanecer. Y las estrellas están ahí, aunque a veces no las veamos.

Gracias a todas las personas que me han dado el privilegio de hablar estos días y a toda la gente que nos ilumina en esta noche inesperada.

Arropado en la noche estrellada.

 

Un abrazo enorme.

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