Un país en erupción

Erupción del volcán de La Palma

 

Sangra un volcán y se escurre este pensamiento: a quién le importan nuestras vidas importa.

Hablo de las vidas de quienes habitan la Palma, pero no solo.

Sé de personas que lo han perdido todo. O casi todo. Gente canaria, gente esforzada que supo implantarse una sonrisa, habitantes de una tierra que labró su libertad y trazó su camino en el olvido de un país que la miraba (cuando lo hacía) con ojos coloniales. El mismo país que no se da cuenta de la sabiduría de su gente, de todo lo que debemos aprender de ellxs. Un país, desde hace un tiempo, en erupción.

Una erupción que escupe una violencia antigua que creíamos soterrada, que busca cubrir de lava la piel de quien considera diferente o fuente de pecado. Que mide la escala humana en dinero y en abundancia de moral, en vez de cuánto aporta una persona a la sociedad.

Y mientras surgen de la tierra autodenominados machos ibéricos de raza pura, un hombre sabio canario me susurra que allí, afortunadamente, los hombres son distintos, pues para empezar ni ibéricos son. Y mientras emergen voces cruzadas que buscan crear muros y privilegios, armadas de creencias que abortan derechos, una sabia mujer canaria me canta, con su música hablada, cómo su tierra está cubierta de mujeres libres, hijas del mar, ése que se llevaba durante meses a sus padres pescadores y dejaba los pueblos en manos de las madres firmes.

Y es que saben en Canarias (como tantas otras cosas saben) que tras la erupción queda el rastro de un malpaís, esa superficie irregular, cortante y caótica, por la que resulta extremadamente difícil caminar.

Y saben en Canarias (como tantas otras cosas saben) que tras la erupción llega el silencioso olvido. Y ni mal país ni olvido deberían quedar.

Y saben en Canarias (como tantas otras cosas saben) que tras la erupción también aparece el picón, formado por gotas de magma, que bajo su aparente fragilidad, es de una calidad extraordinaria para la construcción, resistente al fuego, fértil y buen aislante acústico y térmico.

Por lo tanto no olvidemos y aprendamos, cuidemos y construyamos, frenemos a quien derechos y convivencia recorta.

Porque a quién le importa nuestras vidas importa.

Un abrazo enorme a toda la gente de La Palma, de Canarias, a quienes tanto debemos.

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