Vivir como Plan B

 

Llegaron con la resaca de las olas. Venían de casas hundidas, de casas que arden.

En sus ropas, rastros de la sequía. Económica, de empatía.

Quienes estábamos cubriendo el temporal empezamos a improvisar campamentos.

Cada vez más gente, más jóvenes. Cuerpos empapados de ansiedad. Almas que habían tragado demasiado. Algo de aliento. Poco, pero algo de aliento permanecía.

Se iban acumulando en una orilla gastada, casi sin arena por los azotes del temporal.

Con la voz que conservaban nos decían que vivir se había convertido en su plan B.

Yo, como otrxs, corrimos arropadxs en nuestras batas, dispuestxs a alumbrar su cielo sin respuestas, un sol tapado por la sombra del miedo y del ya no puedo más.

Manchas de impotencia salpicaron por todos lados. Nos cogimos los egos y los unimos ante un objetivo común. Buscamos brújula y timón. Nunca una empresa tuvo a tantas almas orientadas en la misma dirección.

Metimos los guantes hasta el fondo de nuestros bolsillos, en busca de semillas con las que sembrar oportunidades y tejados. Tronaba el colapso, respondimos con paraguas inventados.

Hay muchas formas de dar la mano.

Una voz sabia se abrió entre los campos de desesperación. Mantenerse a flote, mantenerse a flote, hasta que pase el temporal. O hasta que llegue el rescate. O hasta que sepamos construir una balsa, o un futuro, con los restos del naufragio.

Grietas y goteras. Batas que se van rompiendo. O eran emociones.

Hay que achicar. No sólo con las manos. Llorar también es un modo de desaguar.

Y entonces sabes que lo más importante es mantenerse en pie, convertirse en faros.

Escuchar, entender, ofrecer esperanza, un horizonte cuando éste no se ve.

Par que una voz que diga que vivir ha pasado a ser su plan A.

A pesar del temporal.

El suicidio se puede prevenir. Teléfono de la Esperanza: 717 003 717

 

Siempre he pensado que trabajar en un hospital es un privilegio, una escuela magnífica y una gran responsabilidad. Estos días están siendo especialmente difíciles, pero sigo creyendo que en tiempos de agotamientos y oleadas, debemos intentar, como sociedad, ofrecer esperanza a tanta gente que siente que vivir es su plan B, y ayudar a que sea el plan A.

Yo, en la medida posible, intentaré colaborar, escribir y resistir.

Dedicado a todxs mis compañerxs de la trinchera.

 

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