Motivos para enfaldarse

Hay que enfaldarse.

 

A veces me enfaldo.

Cuando se estigmatiza a un adolescente en el instituto por su forma de vestir.

O cuando se insulta a una pareja de chicos en una terraza por besarse, haciéndonos creer que mostrarse es ponerse a tiro.

O, y esto es gravísimo: cuando se agrede a un pequeño de once años en la escuela “por maricón“, dejándolo hospitalizado y traumatizado.

La dura vivencia de Mikel y la estupenda respuesta de miles de jóvenes el pasado 4 de noviembre no dejaba indiferente.

 

A veces me enfaldo.

Cuando se pretende oprimir con clichés que son corsés, en los que sólo hay un modo de ser hombre, violento. Y una forma de ser mujer, sumisa. Y nada más entremedio.

Cuando molestan los hombres con falda, con pluma o con sentimientos, pero también las mujeres que no se depilan ni se doblegan. Y, anteriormente, las que usaron pantalones o decidieron ser independientes laboralmente.

Pues debo recordar que algunas de las personas más admiradas y que más han aportado a la sociedad son las que han logrado escapar a esos estereotipos.

Mucho tenemos que avanzar en materia de expresión de género. Pero ejemplos como éstos son esperanzadores.

 

A veces me enfaldo.

Cuando se dice que otras maneras de expresarse son un peligro social, por contagioso, porque puede influenciar a lxs menores. Y yo reconozco que sí, que la libertad es contagiosa.

Me enfaldo cuando se pretende que aceptemos que normal es lo mismo que habitual, y que lo habitual es lo natural. Pero lo natural es la diversidad. No podemos pretender que sólo exista un tipo de rosa, cuando hay 30.000.

Me enfaldo porque ese odio cambia de aspecto pero sólo tiene un nombre. Y sus etiquetas son barreras que parece que calman, cuando en realidad interrogan y castran. O matan.

Sí, a veces me enfaldo.

Porque querría más monumentos a personas cuidadoras, creativas o inventoras que a batallas.

Me enfaldo por ese escudarse en leyes cargadas de moral sin ética. Porque esas mismas leyes prohibieron votar a las mujeres, el reconocimiento del amor en todas sus formas consentidas o la simple identidad.

Me enfaldo porque debo presenciar cómo hay quien se apropia de una bandera que deja de amparar a quien no la sostiene con la misma fe.

Me enfaldo… y entonces decido que lo mejor que se puede hacer con esa bandera es agarrarla, humanizarla. Y con el trozo de tela construir una pancarta. O, aún mejor: una falda.

Todo mi apoyo a Mikel, a las personas que se expresan libremente y, especialmente, al pequeño de 11 años agredido en Cartagena y a su familia.

 

Un abrazo muy fuerte.

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