Yo te deseo esa patria

Imagen de Miss Beige titulada “Las banderas empequeñecen”. Foto: María Dain.

 

Dicen que nuestra patria más pequeña es nuestro propio cuerpo, y ni siquiera en ese caso tenemos siempre una relación fácil con él.

Dicen que somos de donde crecemos, nos nutrimos, encajamos, aportamos o nos tratan bien. Y eso puede ser nuestro barrio, nuestra familia, nuestras amistades o ninguna de esas opciones sino un entorno futuro al que no hemos llegado aún.

Y toda esta palabrería para empezar a hablar de por qué me cuesta celebrar una bandera o una identidad nacional.

Mi patria, mi bandera, sería aquella en la que cupiésemos libremente tú y yo. Donde tuviéramos la oportunidad de desarrollar nuestros talentos. Un lugar en el que cooperar y aportar. Yo te deseo esa patria.

No puedo celebrar banderas por lo mismo que, aunque me considero una persona espiritual, no celebro religiones: porque me aterra que me digan quiénes son lxs enemigxs en base a ideologías o líneas sobre un mapa. He conocido gente maravillosa proveniente de países supuestamente malvados, y personas con muy poco respeto a la vida y a las libertades en mi mismo código postal.

He contemplado atónito cómo se asimila un cuerpo profesional -el militar- al orgullo patrio, desfilando con seguridad bajo enormes banderas que empequeñecen a un público reputado. Sin embargo no he visto que luego desfilaran otrxs profesionales, otrxs ciudadanxs de a pie que también construyen nuestra sociedad: personas cuidadoras, profesionales de la educación, de los servicios sociales, de la investigación, de los supermercados, de la agricultura, activistas medioambientales, artistas… de hecho algunxs ni siquiera podrían dejar sus puestos ni delegar en nadie para desfilar. Y les debemos todos los desfiles y los festivos del mundo.

Si en mi día a día lucho es contra el prejuicio en mí arraigado, por otro palmo de libertad.

He visto cómo se intentan borrar algunos episodios históricos reprobables mientras otros se dulcifican, cómo nos vestimos con una imagen propia sobredimensionada y ficticia, que nos nubla como un tóxico, en vez de revisar y reconocer, de construir y de agradecer (y eso sí nos haría grandes).

Con todo esto no quiero decir que no esté bien pertenecer a una religión, a un sentimiento nacional o a un ejército. Creo que la clave está en poder elegir libremente y podernos complementar. Desde el respeto a la diferencia, sin pretender apisonar, homogeneizar, negar. Lo contrario a igual no es diferente, sino desigual. La diferencia está bien, enriquece, la desigualdad no.

Lo que pretendo es aprovechar la oportunidad que nos ofrecen ciertas fechas para invitarnos a mejorar (como persona y como grupo), a ser menos altivxs, menos antisociales y a cooperar y a mirar a nuestrx vecinx, cualquier vecinx, como a alguien a quien necesitamos y a quien le desearíamos lo mismo que a nosotrxs mismxs: lo mejor.

Yo a ti te lo deseo.

Porque todos los colores puedan salir a bailar.

 

Un abrazo virtual enorme.

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