Lo veo todo rubio

Así veo yo ahora la vida gracias a la decoloración capilar.

 

Tomé una de las decisiones más apropiadas en estos tiempos: teñirme de rubio. Tal y como está el panorama no se me ocurre mejor respuesta al toque de queda, al cierre perimetral, a lxs negacionistas, a lxs tierraplanistas, a lxs religiosxs radicales y al avance de la pandemia.

¿Las noticias dan miedo? Y a mí qué, yo soy rubio. Ser rubio es mi credo.

Además no soy un rubio cualquiera, no, como dicen mi estilista y Mis Papelicos, grandísima Maestra: yo soy platino, como los discos de Raphael.

Ser rubio no sólo me da la excusa perfecta para hablar de otros temas que no sean el desastre mundial (qué champú uso, cuánto tiempo tardé en decolorarme…) sino que diga lo que diga las expectativas siempre van a ser superadas.

Hay una presión que me aportaban las canas (conocido símbolo de madurez) de la que, afortunadamente, me he librado.

Mis Papelicos es una osada: ¿acaso no se le ocurre mostrar que se puede ser platino y tremendamente sabia e inspiradora? ¡Qué loca!

 

Mi único reto actual es saber quedar bien en las fotos mirando de frente -algo complicado debido a mi ojo vago, no al rubio, que siempre favorece-. Pero hasta eso lo tengo mejor ahora: hubo quien me dijo que no me preocupara, recordándome que Marilyn era miope perdida y que eso le daba un aura especial. Efectivamente, desde que soy platino me comparan con Marilyn en vez de con Emilio Aragón (y aunque sé que habrá quien no lo entienda, lo prefiero).

Una de las pocas desventajas de ser rubio es que los productos para mantenerlo impecable son bastante caros… excepto que sepas dónde los adquiere ese colectivo tan importante y olvidado llamado tercera edad.

Imagen de Mis Papelicos como la “Libertad guiando al pueblo”. Nótese que yo aparezco de rosa, a sus pies. Cómo se nota que yo aún no era platino. Y sí, a mi derecha está PITICLI.

 

La mascarilla anunciada en las revistas femeninas (que no necesariamente feministas) cuesta tres veces más que la de Nelly para cabellos blancos (con igual resultado) en el súper. Y ahora que hablo de ese colectivo: ¿qué podríamos hacer para que no se sintieran tan abandonadxs? Esa gente que ha luchado por el país ahora está asustada en sus casas, aislada en residencias o, lo peor: despidiéndose de este mundo en hospitales solitarios. ¿Nos acordamos de ellxs? Más allá de cuando nos beneficiamos de sus productos, digo. Uy, perdonadme, que ya me están saliendo las raíces.

A veces de tan platino me vuelvo Beige. Por cierto, os comunico que Miss Beige inaugura exposición individual en Madrid, el 5 de noviembre. Lugar: Galería Ponce and Robles (C/ Alameda 5).

 

Volviendo a las ventajas, ser rubio rejuvenece, y ya sabemos que nada nos gusta más que mantenernos en esta adolescencia perpetua, guiadxs por TikTokers y YouTubers donde lo mismo nos inspiran supuestxs triunfadorxs prepúberes arropadxs de marcas y dorados que grandísimxs científicxs sin más título que el del vídeo. Que sí, que sí, que madurar es un rollo, pues implica tomar algo más aburrido que el clorito milagroso: tomar responsabilidades y decisiones (como ser rubio). Ay, disculpadme de nuevo, es que hoy no me he acordado de aplicarme el filtro.

Y hablando de responsabilidades, cuando eres rubio no te lo puedes guardar sólo para ti, pero para eso tienes las redes sociales, donde puedes subir a cualquier hora y lugar tu mejor ángulo: da igual que sea desayunando, trabajando, durmiendo, duchándote o atendidx en un hospital. El pudor sobra cuando tu pelo destaca tanto.

Momento preciso en el que iba a manifestarme pero de repente recuerdo que ahora soy platino y todo me parece ideal.

 

A veces pienso que el rubio quedaría genial en una manifestación o en acciones a favor de una Sanidad Pública de calidad o del Estado del Bienestar, pero luego recuerdo que me comprometí a un challenge de looks otoñales y se me pasa. Y lo mejor: todo el mundo lo entiende.

Por supuesto he dejado de utilizar gafas graduadas, siquiera en mis apariciones públicas. No quiero dar una imagen confusa.

Ahora sólo espero que no nos confinen, porque la semana próxima tengo cita en la peluquería.  Y no quiero ni pensar qué pasaría si dejara de ponerme cosas en la cabeza que me incitan a mirarme más al espejo que alrededor.

¡Cuidaos mucho!

“La rendición de Breda” o “mi rubio artificial supera a tu natural”.

 

Un abrazo muy rubio.

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