Verano de la oca, verano del parchís

Os voy a hacer un poco de spoiler: esta sonrisa pelirroja estival me duró un día.

 

Si este verano ha sido ha sido azaroso / accidentado para mucha gente yo no iba a ser una excepción. Y eso que he podido disfrutar de vacaciones, que no es poca cosa con la que está cayendo, pero cada vez que avanzaba unas casillas volvía para atrás. Parecía una metáfora de la evolución humana. Os cuento.

Yo creo que la pose era premonitoria.

 

Empecé con la ficha roja, o lo que es lo mismo: le pedí a mi estilista que me tiñera pelirrojo, que tenía ya curiosidad por saber cómo me sentaba el rollo escocés. El tono quedó muy bien y yo ya me veía desfilando. ¡De hecho hasta me salió un anuncio!

Pero no, no fui directo a la pasarela (ni al spot) sino a urgencias, pues me caí bajando una escalera en el trabajo. Radiografías, resonancia y verme rogándole al traumatólogo cual Carmen Maura en La Ley del Deseo. Que si ella gritaba“riégueme” yo suplicaba “no me escayole”.

Lo bueno que tiene ver y rever una barbaridad de series es que terminas por querer hacer algo productivo. Y en mi caso me puse a escribir 🙂

 

Volví a la casilla de salida. O lo que es lo mismo, a casita, con reposo absoluto y confinamiento. Pero sin escayola, algo es algo. PITICLI me atendió muy bien y tuvo a buenas no recrear Misery. Como no podía hacer mucho terminé poniéndome a escribir y avancé una barbaridad una novela.

Gracias a los cuidados de PITICLI pude pasar de dar mis primeros pasos aquí…

… a aquí.

 

Pasaron los días, tiré los dados y el traumatólogo tuvo a buenas sacarme del pozo y concederme poder ir de vacaciones (con muletas y prudencia, eso sí). Asturias con muletas viene a ser como una prueba de trial con triple avituallamiento. Suerte que la gente es majísima y que mi farmacéutica cubana me había dado unas cápsulas para metabolizar mejor las ingestas moviéndome tan poco. Porque allí es como el parchís inverso, avanzas una y te comes veinte.

Aprendí a posar con la pierna a lo flamenco. Aquí rodeado de gente curativa.

 

Asturias premió mis primeros pasos a una sola muleta y mis esforzados chapoteos dessincronizados con un impagable momento celebrity – fologüer. En una de las zonas más remotas y bellas del Principado (Taramundi), el chico que atendía la oficina de turismo resultó ser un seguidor mío y nos reconoció. Surrealista.  ¡Qué subidón!

Caminar por la orilla del Cantábrico es la mejor rehabilitación y la distancia de seguridad.

 

Tiré los dados (las muletas no, ojo) pensando que avanzaría hasta la siguiente oca (o vaca) pero el azar me echó para atrás de nuevo. Sí, una alerta sanitaria relacionada con el Covid nos envió de regreso a Barcelona. Galicia y la Ribeira Sacra tendrán que esperar.

Atención a las vistas de nuestra habitación en Taramundi. Eso sí, de aquí de otra vez a la casilla de salida.

 

Otra vez en casa, confinados y pendientes de PCR no tuve más remedio que escribir, así que avancé enormemente de nuevo, pero en mi novela. Para cuando pudimos movernos (en éstas yo ya caminaba hasta sin muleta alguna) decidimos imitar a los artistas de antaño y alquilar un apartamento en la Costa Brava.

 

Nuestra cota de sencillez y naturalidad en la Costa Brava alcanzó niveles estratosféricos.

Lo que yo os diga.

 

Sintiéndonos Chagall y Truman Capote y con todo nuestro arte por montera (sin quitarnos los sombreros, para dar más peso –ejem- a los personajes) nos dedicamos varios días a pintar, escribir y pimplar botellas de vino en la terraza. Sin móviles ni series. A lo cliché.

En pleno proceso creativo y fingiendo no estar pendientes del auto disparador.

 

Finalizamos nuestras vacaciones y yo terminé mi novela, que hasta la he enviado ya a mi agente. Y decidí cambiar de ficha por la amarilla. Sí, le pedí a mi peluquera estilista ser rubio platino. La pobre tardó cinco horas (os lo juro) en eliminar los restos del tinte anterior, pero ahora el mundo –al menos el de instagram– me sonríe.

Terminar en el Paraíso Azul de Chagall no está nada mal. Quizá sea verdad eso de que “no hay mal que por bien no venga”.

 

Voy a cruzar los dedos antes de tirar los dados para la vuelta al trabajo, que es en breve. Pero si no avanzo tengo claro que me teñiré de verde, así al menos habré recreado un semáforo al completo y me pintaré la cara color esperanza. Que no nos viene nada mal.

Con mi nuevo look y mirando de frente. Casi ná.

 

¿Cómo estáis? Espero que lo mejor posible. Y que hayáis podido tener momentos enriquecedores. Y que si estáis en una mala casilla el dado os regale un avance triunfal.

Tenía muchas ganas de reencontraros.

A veces tú quieres ir a Disneyland pero la vida te lo cambia por Astorga, y gracias a eso descubres que te encanta el Cocido Maragato. Aprendamos a surfear todas las olas.

 

Un abrazo virtual enorme.

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