¿Dónde encontrar el optimismo?

A veces el optimismo aparece donde menos te lo esperas.

 

Andaba yo mirando dónde había puesto mi optimismo -que no lo encontraba- cuando sucedió algo surrealista. Tanto que tuve que cambiar la dirección de este post, como quien da un volantazo en mitad de la carretera.

Para que os hagáis una idea: el texto de hoy trataba de mi escasa fe en la humanidad tras comprobar la poca cabeza de algunas personas nada más entrar en la fase 1 (la primera noche, en la plaza que vivimos, tuvo que venir la policía a poner orden y la segunda lxs vecinxs acabaron tirando huevos pasada la medianoche a lxs fiesterxs).

Así estaba yo, pero con menos cantidad de fijador. Bueno, quizá la misma.

 

Yo quería hacer un texto crítico e ingenioso, haciendo un paralelismo entre el cambio de armario y el encerrar unos valores solidarios hasta el invierno. Mi optimismo tenía todos los números para estar en el bolsillo interior de uno de los abrigos, pero al final, como los calcetines desparejados, terminaría por aparecer. Ah, también hacía un juego sutilísimo entre el riesgo de que apareciera la polilla y la caspa.

Yo, para ser feliz, tengo que tomar mi dosis de optimismo.

 

Y mientras yo escribía eso, en el ático de enfrente un grupo de jóvenes con un humor muy diferente al mío (y mucha menos ropa) se lo pasaba teta. Entre la sorpresa y el contraste decidí subir un stories dando a entender que estaban rodando una peli para adultxs. Cuál fue mi asombro cuando les oigo gritar mi nombre desde el ático. Sí, alto y claro. Resulta que una persona en común les había reconocido y alertado de mi stories.

Lo que en otro momento hubiera terminado fatal se convirtió en una divertida e insólita conversación entre balcones, una invitación a la fiesta (resultó ser una fiesta de cumpleaños –mucho más sensual que cualquiera que me hayan organizado a mí, eso os lo aseguro-), un montón de risas, nuevas amistades de instagram e incluso un grupo de whatsapp en mi honor.

Tener un whatsapp así en mi honor no es poca cosa.

 

Ina y Joan cambiaron mi humor y me recordaron que lo que las personas anhelamos es la conexión y la celebración; también que por mucho que nos arropemos en los nubarrones, de repente puede aparecer una ráfaga de viento que haga aparecer el sol y las risas (a la vez que nos desviste).

La verdad es que ya sé dónde encontrar el optimismo: si te fijas bien lo tienes justo enfrente.

Feliz cumpleaños, Ina. Gracias por tu frescura.

A disfrutar y que nuestras diferencias nos complementen en vez de alejarnos.

 

Un abrazo virtual enorme.

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