Milagros, polvo y Vitamina C

Lo mejor de esta Semana Santa ha sido no poner el despertador. Bueno, eso y otras cosas.

 

Creo en los milagros de Semana Santa. Si no no me explico cómo nos ha dado por emplear esos días en algo inaudito… ¡limpiar! Claro que igual no era milagro sino penitencia.

Desde el inicio del confinamiento vi cómo otras personas hablaban de lo limpias que habían dejado sus casas, pero yo me lo miraba como el que disfruta de una peli de superhéroes o del cine erótico, sabiendo que aquello no es real. Hasta que nos dio el parraque y nos tiramos varios días en plan Freddie Mercury y su I want to break free.

 

Esto, más que un “antes y un después”, es un “toda semejanza con la realidad es pura coincidencia”.

 

Sinceramente vivía mejor antes, porque aunque todo es muy bonito reluciente y ya no tienes que tomar antihistamínico en casa por el polvo, eso no dura nada limpio y terminas unido a un plumero y a la frustración. Y lo que menos necesitamos ahora es frustración extra.

Nos fue muy bien como deporte, eso sí, que hasta agujetas nos salieron. Porque tampoco nos ha dado por el deporte en casa. Intentamos jugar al tenis en la Wii pero al tercer día descubrimos que también podíamos hacerlo sentados en el sofá -a la vez que tomábamos cerveza y patatas fritas con la mano libre- y ya no hubo vuelta atrás. Hemos perdido en ejercicio pero hemos ganado en rutinas motivadoras, y eso es bueno. Estamos deseando que terminen los aplausos para lanzarnos al tenis.

Lady Laca sigue con sus partes diarios cargados de genialidad. ¡La mejor influencer!

 

Otra rutina motivadora es hacer fotos para instagram, con foco profesional y todo. Me lo paso bomba y desde que puedo quitarnos papada igual que elimino las arrugas de la camisa o borro todo a nuestro alrededor creo que me van a dar el Premio Avatar por los mejores efectos especiales. Ésa es toda la creatividad de mi confinamiento. Podría crear más pero no me sale, tengo el cerebro en hibernación y toda mi sangre en el estómago. Del “pienso, luego existo” hemos pasado al “engordo, así resisto”. Pero ideas no me faltan, que en cuanto sea rico y ocioso por placer voy a escribir un novelón.

Lo titularézumo de naranja”, que es una teoría de Wayne Dyer (soy adicto a sus audios) que me encanta. Según él, si apretamos una naranja sólo puede dar jugo de naranja, siendo imposible que salga zumo de otra fruta. Y lo mismo con la gente: si nos presionan surge lo que tenemos en el interior, y con un poco de suerte podemos hacer que surja o se revele lo mejor que hay en nosotrxs.

Así que os animo a sacar vuestra mejor parte y a tomar mucha Vitamina C, como me recomienda la farmacéutica de nuestra plaza, una cubana sensacional que pone sesiones de jazz por las tardes en la farmacia y de la que os hablaré otro día, porque ésa es ya otra historia y otros milagros.

Cuidaos mucho y un abrazo virtual enorme, especialmente a quienes hayan sufrido alguna pérdida.

Otro ejemplo de creatividad y de rutina milagrosa: ¡una copa de buen vino!

 

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