La isla que no creía en los aislamientos

Respirando Lanzarote, medicina para el alma.

 

Existe una isla que no cree en los aislamientos.

Un lugar tan cálido como el interior de la tierra, como el interior de sus gentes.

Donde florecen los volcanes y éstos se abren para que puedas adentrarte en su corazón, para abrazarte. En un silencio sólo interrumpido por el viento. O quizá no fueran volcanes, sino personas.

Un escenario al que si un extranjero respetuoso acude a una romería o celebración local se le incluye y, si se deja, se le cita para la siguiente. Y quien dice la siguiente celebración dice también un café aromático, o unas papas, o un vino milagroso o una puesta de sol.

Una tierra donde la solidaridad permanece, donde se acude a un convento a regalar las entradas que no usarás para un concierto de música clásica. Donde la misma gente recuerda cuando no había más comida que una sopa de callaos y defiende la protección de una playa virgen.

Un lugar donde conocer a mujeres maravillosas dedicadas a rescatar del olvido a gentes, edificios, canciones o historias.

Una tierra donde puedes alojarte en uno de los espacios más bellos y generosos con lxs artistas que he visto, para que puedas alimentarte observado por el arte, dormir arropado por el mismo o pasear rodeado de obras.

Casas blancas, suelo fértil oscuro, mar libre azul… y tantos rincones y tesoros que no podría terminar.

Una isla que te enseña que el aislamiento no depende de estar rodeado de mar, sino de cuántos puentes tiendes a otras almas.

Gracias Lanzarote, gracias amigxs.

Caleta de Famara, superando el cinemascope.

El patio de nuestro apartamento (el 50) del Nautilus.

Nuestro solárium.

El milagro de la Geria.

Nuestra mesa habitual en Playa Quemada.

Noches de malvasía en El Charco de San Ginés, Arrecife.

En el interior del Volcán del Cuervo.

Yendo hacia la puesta de sol. De fondo se escuchan cernícalos.

Probablemente el mejor plan que te puedan ofrecer. Y el más mágico.

Cuando soñar y despertar son sinónimos.

 

Este post está dedicado a Saro, Inés, Arminda, Leda, Ana, Ludi, Antonio, Atchen, Ayatima, Manuela, Dévora, María Ángeles, Ángel… y a todas las personas que nos arropan y crean la magia de Lanzarote.

Aterrizar y encontrarte con gente así es un lujo. ¡Gracias!

 

¡Sed muy Felices!

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