Expandiendo horizontes

En Avilés intentamos hacer el “Idol Challenge” de BTS (grupo de K-Pop). Parecemos más de “Grease” pero la pose estiliza, que no es poco.

 

Fui al norte a ampliar mis horizontes y lo conseguí con creces. Empecé por los pantalones, reventando dos. Sí amigxs, estas navidades lo peté. Lo peor fue que los primeros explotaron ANTES de la cena del 24, concretamente de camino, así que imaginad el resto de mis vacaciones en Asturias, una caída libre de báscula en picado.

Salimos para Tarazona el día 21 de diciembre y éste fue el pistoletazo de salida. Imaginad el resto.

30 años ha durado la restauración de la catedral de Tarazona. Me temo que tardaré otros tantos en recuperar mi talla de pantalón.

 

Afortunadamente pude pillar el botón que salió disparado antes de que hiriera a nadie más que a mi amor propio. Los segundos pantalones reventaron mientras cenaba cachopos con mis cuñados en un restaurante. Lo hicieron por el costado derecho, mostrando, gracias al universo, unos calzoncillos limpios y nuevos. Lo bueno de Asturias es que su gente es muy comprensiva y nadie dice nada a no ser que te quedes con hambre.

Si os fijáis bien llevo el pantalón desabrochado (y no hay botón alguno).

 

Con ese panorama, cuando quise agradecer a una marca de vino unas botellas que me había regalado lo tuve que hacer con el pantalón desabrochado.

Como las digestiones han sido un tanto lentas y las sobremesas largas, algunas noches hemos cenado sólo gintónics, que es muy digestivo y da alegría pero fijo que no aparece en ninguna dieta.  Eso sí, hace muy escritor, muy Hemingway, y ya sabéis que la apariencia lo es todo en estos tiempos.

Ah, también fuimos a Santillana del Mar. Aquí nos veis impactados por sus mentiras y su belleza (vamos, igual que instagram).

 

¿Qué más he ampliado?

Mis conocimientos sobre el mudéjar, arte que me tiene fascinado. Nuestra primera parada fue Tarazona y la ciudad, más allá de su fascinante catedral, nos encantó. Cómo no, probé sus torreznos y otras virtudes. Como veis tuvimos un buen pistoletazo de salida.

El claustro mudéjar de la catedral de Tarazona es una JOYA.

Bueno, toda la ciudad lo es.

 

Mi percepción de la tercera edad. Nuestra segunda parada fue Vitoria, para reencontrarme con mi familia paterna. Ahí quedé fascinado con mi tía Leo, que con  ochenta y cinco años sigue yendo a manifestaciones (la última por los derechos de la mujer) y nos llevó a PITICLI y a mí a cenar fuera ajena a pereza y frío. “Si tengo dolor lo mismo me duele en casa que en la calle, así que mejor en la calle”, es uno de sus lemas. Grande.

Como no sé si cuento con la autorización de mi tía Leo para subir su foto os pongo ésta del casco antiguo de Gasteiz.

Y esta otra, de la Plaza de los Fueros, que nos quedó la mar de poética.

 

Mis conocimientos de TikTok , YouTube y de la repostería instagramable. Nuestra súper sobrina Inés, con sólo diez años, es una crack del TikTok y nos estuvo dando clases. Gracias a ella hicimos algo de deporte, unos vídeos que han tenido un éxito rotundo (encontraréis una sección completa en mi instagram) y mi primer bizcocho de unicornio. Quien diga que sólo las personas adultas enseñan miente.

Aquí nos veis en plena coreografía Made in Inés. La edición y postprodrucción también es suya.

Os muestro dónde encontraréis todos los vídeos.

También os enseño lo bien que combinamos postureo y actividad de cocina.

 

Mi flexibilidad horaria. En Asturias es normal comer en un restaurante a las 16h o reservar mesa para cenar a las 23.15h. Incluso con niñxs. También es habitual quedar para vermús felizmente eternos o cambiar madrugar por trasnochar. Al principio me desconcertaba pero luego descubrí que puede ser una de las fórmulas de la felicidad.

Avilés, 15.30h, la gente vermuteando porque es pronto para comer. Porque luego comen, no nos engañemos.

Nuestro primer plato en Avilés. Por supuesto terminamos todo. Y el segundo. Y el postre.

 

Maneras de cocinar el arroz, o que nunca es suficiente queso. En el precioso pueblo de Lastres comí un arroz con zamburiñas que emocionaba. En cuanto al queso, ante tanta variedad decidí que cada día probaría uno distinto. En Rioseco comí un Cabrales incomparable y en Langreo un Afuega’l pitu roxu adictivo.

Hablemos del arroz con zamburiñas.

Y de la fabada. Ésta nos la tomamos al bajar de los Lagos de Covadonga. Quizá hubiéramos debido bajarlos caminando.

En los Lagos. Aquí aún nos podíamos mover.

 

La importancia de ser agradecidx. Estas vacaciones he vuelto a ser consciente de lo afortunado que soy, de la suerte que tengo por la gente que me rodea. No me lo he guardado para y lo he verbalizado.He dado las gracias a familiares, amigxs, compañerxs e incluso pacientes. Ahora lo hago con quienes estáis ahí.

En Langreo me topé con esto. ¿Una señall?

 

Deseo que este 2020 también sea tremendamente expansivo y abundante para vosotrxs.

Invierno, sol, y playa asturiana. Afortunado es poco. Por cierto, me retoqué el cuello digitalmente para hacerlo más esbelto.

 

¡Sed muy Felices!

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