¿Khaleesi era asturiana?

Asturias es una tierra mítica, no hay duda.

 

Khaleesi era asturiana. Fijo. Pero antes de “la traca final”, que conste. Este verano lo vi claro. Por eso pudo la susodicha sacar adelante huevos de dragón cuando se lo propuso. Buenas son las asturianas cuando deciden algo.

Porque están las mujeres – madre florero sumisas, y luego están las asturianas, que te cuentan que de pequeñas algunas ya iban a la mina a llevarle el bocadillo a su padre (no a la entrada, no, sino a la galería donde estuvieran picando), han hecho huelga aun estando embarazadas (como vieron hacer en casa) y pueden seguir el ritmo a sidras como el que más.

Asturias consigue que me abstraiga de todo.

 

Esa fortaleza de carácter la aplican eficazmente para que sus hijxs no se conviertan en unos salvajes (he observado las órdenes más contundentes y asertivas a un pequeño gremlin ever); para que las niñas presten atención a las letras del reguetón y no caigan en la trampa de la objetificación (he comprobado cómo varias madres, preocupadas por lo que tarareaban y bailaban unas niñas les hacían reflexionar sobre ello) y hasta para corregir respuestas con una sola mirada.

Cuando pregunté a una niña de unos ocho años qué le gustaría hacer o ser de mayor, su primera respuesta fue: whatsappearme con mi novio”. Ante mi sorpresa, le pregunté si no quería hacer algo más. Me soltó: salir de fiesta”. En éstas que la madre se percató, y con una simple mirada la niña se resituó y me dijo: “pediatra”. Obviamente todas las opciones eran compatibles, pero la mirada de Khaleesi funcionó.

¿Puede ser Cudillero más fotogénico? Lo dudo.

 

En estos tiempos esquizofrénicos, en los que conviven las mentalidades abiertas y pro igualdad junto a las posturas más machistas y casposas en cualquier franja de edad, es para mí siempre curativo visitar Asturias, especialmente la Cuenca Minera o Xixón (por nombrar dos escenarios habituales en mis estancias), lugares donde la mujer no es objeto, sino sujeto clarísimo. Y pobre de quien lo dude.

Algunas me miran con cara de: “¿pero acaso esto no es lo normal?”, como Pili, que regenta una sidrería inolvidable en Sama de Langreo, en la que no se usa la cocina (te llevas tú la comida), sólo se sirve una sidra deliciosa. Pili puede escanciarte una botellina, pero también dio clases a medio pueblo.

Gran parte de la familia asturiana en el Bar Cima. Fue una noche inolvidable.

 

O Patricia, que regenta junto a Pedro, su compañero, de igual a igual y con increíble dulzura ambos, un hotel rural en Rioseco que me tiene enamoradísimo. O María, que pese a su juventud gestiona (¿o debería decir gobierna?) el bar de la plaza de dicho pueblo con mano firme y a la vez cálida para que no sólo su local, sino toda la plaza, funcione como debe ser (a nosotros nos da de comer, básicamente, lo que ella considera, y siempre acierta).

Rioseco se ha convertido en mi refugio asturiano preferido, y el Don Félix Hotel en nuestro segundo hogar.

 

O una de las mayoresinfluencers rurales” (usando sus propias palabras) que se puedan conocer: Belén –o Belenismos-, que aúna su faceta de farmacéutica, fashion victim, madre, esposa, amiga y activista por los derechos animales y del medio ambiente con una entereza admirable. La veréis cambiarse regularmente de peinado, pero nunca con pelos en la lengua. Y con criterio claro. Seguidla, no os decepcionará.

Os animo a que sigáis a esta fiera de la comunicación. ¡Y que no os perdáis sus stories!

 

Khaleesi seguro que era asturiana. Pero es que todas las mujeres (cis, trans*, pan, bi, hetero, les, madres o no…) lo deberían ser.

Puxa Asturies!

En la Playa del Silencio, poco antes de perder el sombrero por un golpe de aire. Riesgos del postureo.

 

Nota: esta semana el post sale antes porque… ¡andaré por Madrid en los actos de presentación de la Escuela CURSIVA – Penguin Random House en la que participo junto a tremendas Primeras Figuras! ¡Qué nervios! ¿Habrá croquetas? ¿Estará Isabel Preysler? ¿Podré hablar con Rosa Montero! ¡Os lo contaré!

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