Intermitentes. Cosas que he aprendido por las carreteras del sur del sur de Italia.

Posando súper naturales en Matera, poco antes de probar sus aperitivos “de tres pisos”. Más adelante os mostraré la imagen del delito.

 

Un viaje en coche por el sur de Italia da para mucho. Sobre todo si sobrevives. Es como un curso de meditación en vena.

Para empezar tiene la virtud principal de que aprecies la vida y vivas el momento presente, con tanto kamikaze adelantando en continua, isleta (no sabéis lo que gusta una isleta para conducir aquí) o rotonda.

En este viaje nos ha dado por hacernos un montón de fotos imitando bailes. Aquí a lo “Dirty Dancing” en Nardò, uno de los pueblos más bellos que vi.

Esta “coreografía” la realizamos en Presicce, un pueblo muy bonito pero donde los coches iban por el casco histórico como si fuera el circuito de Montecarlo.

 

Otras enseñanzas: dado que en ocasiones no hay una línea clara, o no hay línea alguna que seguir o delimite, deberás conectar con tu ser interior y seguirlo, creyendo en ti, en tu instinto.

Si buscas señales… tendrás que estar muy atentx, pues como en la vida, pueden ser sutiles y pasar rápido, de forma que te las podrías perder. De todos modos no pasa nada, siempre hay rutas alternativas con las que puedes descubrir lugares maravillosos e inesperados. ¡Disfruta del rodeo y de lo que encuentras o aprendes! O da media vuelta.

Rincón idílico de Presicce. Aquí derrapaban a lo París – Dakar.

A lo “Call me by your name” en Galatina, un pueblo precioso y mucho más relajado.

 

Algo utilísimo que tienen las carreteras italianas es que ofrecen la posibilidad de parar cada dos por tres, así puedes descansar, vaciar o, una de las grandes actividades italianas: buscar un lugar donde comer o tomar un café.

Esta región es famosa por la llamada Cocina Pobre, sabrosísima. Aquí he probado una de las pastas más deliciosas de mi vida: la que elaboran con cigalas y pistachos. Por no hablar del café. Si hay algo que me ha seducido es el caffè leccese (café, hielo y leche de almendras).

Caffè leccese en Lecce (café, hielo y leche de almendras). DELICIOSO.

Gnocchetti conn marisco y pistachos. Para morirse de placer.

Aperitivo “completo” en Matera: 3 pisos de nada. ¡A ver quién cena luego!

 

Otra de las grandes pasiones aquí es hablar, en persona o por teléfono. Pueden hablar por el móvil en el agua (¡y qué playas!), en bicicleta o, por supuesto, conduciendo. Y nunca, nunca, con manos libres o auriculares. ¿Deberíamos tomar nota de su pasión por la comunicación? Probablemente, aunque mejor teniendo el volante bien asegurado.

El manos libres o los auriculares se ven menos que los intermitentes, que ya es decir. Y centrándonos en los intermitentes… ¡mira que es útil en la vida avisar de algunos de tus movimientos, más que nada para que al resto del mundo le dé tiempo a situarse! Pero no, aquí te lo que te enseñan es a aceptar lo que viene. Y a manejarlo.

Posando como si habláramos en Lecce. Ay, la comunicación.

Leyendo en la súper bañera que tuvimos en una de las casas. Fijo que ellxs aquí hablarían por teléfono.

 

En el sur del sur en vez de intermitentes tienen el acelerador, que también les va muy bien. Saber cuándo acelerar y cuándo poner el freno es otro de los impagables aprendizajes de la vida y de Italia.

Como aparcar los problemas. Aquí saben aparcarlos, no les dan vueltas y vueltas hasta que encuentran el espacio y el lugar. No, cuando tienen que aparcar aparcan, así sea sobre una acera o a un lado de la carretera. Y se acabaron los agobios.

Pizza ideal para aparcar los problemas. Y para quedarse varadx después.

Mi helado preferido en Lecce: meloncella e higo chumbo.

 

De hecho hasta gritan menos de lo que imaginaba, y ni siquiera utilizan tanto el claxon.

Hay quien dirá que estas carreteras parecen más bien un Via Crucis, pero no es así. De hecho se ven pocos accidentes. Quién sabe si porque confían mucho en sí mismxs o en lxs demás… o en todxs lxs Santxs que les rodean por doquier.

Hacerte un “carneporfollowers” allí ha de ser muy estudiado: entre las rocas y las digestiones… eso sí, la gente posaba de manera súper estudiada y favorecedora en la playa. Yo aquí imitando a unas chicas cercanas.

Nadando en una gruta de Otranto y realizando una pose estival instagramera básica.

Una opción mucho más fácil es posar “intensito” con el aperitivo del atardecer. Aquí en Gallipoli.

 

Más peligrosos son algunos pueblos (maravillosos pero llenos de escaleras y de fitipaldis) o determinadas playas rocosas. Hacía tiempo que no me daba tantas Ostunis como en Ostuni.

Ostuni tiene un aire a Vejer o a Taxco, y pese al Ostuni que me di salimos muy bien en la foto.

 

Pero es que Italia no sólo te abre la cabeza, sino la mente. Qué belleza, por favor, qué belleza. En mi lista de imperdibles: Nardò, Matera, Otranto, Lecce, Galatina. Y el agua de sus playas todas (con o sin tumbonas).

Playa del molino de agua. Sin filtros. Para alucinar. Eso sí, no busquéis muchas playas nudistas por la zona.

 

En las playas te preparan unos bocatas o una pasta con marisco que alucinas. Perfectas para reponerse del “bricomanía playero”: ahí lxs bañistas van a la playa “libre” con sillas, nevera pero también ingeniosos sistemas de contrapesos para que no vuelen las sombrillas y que han de enterrar.

Otranto (léase Ótranto), nuestro campamento base. Atención a la cara de gustito vacacional.

Pose “matrimonio a la italiana” en mi rincón favorito de Otranto: la placita de San Pedro.

 

En Puglia la gente es habilidosa y espabilada. Y alcanzan un tono de moreno tizón irreal. Bueno, todo es tan bonito que parece irreal. Como su conducción.

A veces pienso que en Italia no te dan un carné de conducir, sino de vivir.

Esta foto brincando tiene casi más mérito que las de la playa, porque estamos en Alberobello y no aparecen las hordas de turistas que nos rodeaban.

 

¡Vivamos!

¡Sed muy Felices!

¡A bailar y a vivir!

 

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