Lazos de Orujo

Por si no quedaba claro hoy vamos a hablar de padrinxs. Eso sí, mucho más pedagógicxs que éste.

 

Hay familias que destilan amor, la mía orujo. Concretamente de cincuenta y cuatro grados. Por debajo de eso lo consideran “para experimentos infantiles” y por encima “inapropiado”.

Lo hacen de sabores (endrinas, cerezas, canela…) y puro. Del puro tienen dos versiones: “F” y “S” (intuyo que “fuerte” y “suave” aunque sólo Chuck Norris apreciaría los matices en paladar).

El pasado fin de semana me reencontré con mis padrinos. Fue bonito y una suerte, pues no todo el mundo puede experimentar volver a ser “el ahijado” a los 43 años. Mi madrina tiene actualmente 81 y una mente maravillosa. Mi tío algo menos y un montón de anécdotas, como la de la vecina, que ha plantado 900 cebollas en su huerto… “porque le cabían”. Nosotros intentamos, aparte de disfrutar de la compañía, echarles una mano con la tecnología.

Una visita a mis padrinos implica una esmerada cata de sus orujos (producen a buena velocidad y los metabolizan a similar ritmo), salir cargados de chorizo ahumado de León, queso curado de Sasamón, morcillas de Burgos, perrunas de Ávila y chuletillas de cordero… y controlar para no caminar haciendo eses camino del metro. ¡Cómo no voy a perder la cintura! Aunque siempre será mejor perder la cintura que la cabeza.

Porque mis padrinos ahora nos ofrecen orujo, pero hace unos años me ofrecieron cobijo.

Crecí sabiendo que siempre tendría en su casa una habitación por si me echaban de la mía, y mi tía fue la primera familiar a la que le conté que era gay. Recuerdo perfectamente la escena, un día en que la fui a ver al hospital donde trabajaba de enfermera. Años después yo trabajaría también en un hospital y compartiríamos anécdotas y desesperos profesionales y familiares.

Ahora yo tengo / tenemos cuatro ahijadxs, y aunque el de padrino es un rol desdibujado (cada cual se lo apropia a su modo) para mí es importante no sólo pasar tiempo con ellxs, también que sepan que yo estoy y voy a estar ahí, aceptándoles incondicionalmente, acompañándoles en su camino, escuchando cuando haga falta, hablándoles cuando me ofrezcan la oportunidad. No por ser familia, sino porque asumo encantado el rol.

Lxs cuatro son absolutamente diferentes entre sí, y eso me encanta. Yo también soy diferente con cada unx de ellxs. Pero quiero que mi mensaje sea el mismo: te quiero como eres.

Siempre he creído en los vínculos naturales, en los que se construyen por la voluntad de las personas.

Y a mí me apetece pensar que si dentro de unos años mis ahijadxs necesitan cobijo yo se lo ofreceré. U orujo, lo que haga falta.

Foto del reencuentro, previa a la cata de orujo, y mostrando que dominamos la escala de alturas.

 

¡Sed muy Felices!

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