De tal palo tal Bastilla

París nos ha sentado divinamente.

 

Esta es la historia del 70 cumpleaños de mi madre (más conocida como Lady Laca) en París.

Lady Laca y servidor, arrodillándonos ante la majestuosidad del Louvre y demostrando la salud de nuestros meniscos.

 

Esta es la historia de una mujer que tuvo que empezar a trabajar a los trece años y que desde pequeña leía y releía un cuento cuya protagonista se llamaba Violeta.

A Lady Laca, como a tantas personas, el avión le da pavor. Por eso cuando supo que nos íbamos a París… ¡en tren! Se le puso esta cara.

Una de las ventajas de viajar así es que no tienes que apagar el móvil. Una de las desventajas de viajar así es que mi madre iba escribiéndose whatsapps con sus 50 mejores amigas. Bueno, también leyó la guía, como muestra la foto en esta imagen tan natural.

 

Violeta soñaba con una vida mejor, con conocer el mundo, con subir a la Torre Eiffel. Mi madre también.

Esta es la historia de una serie de gente que se alió conmigo para que Lady Laca pudiera conocer París cuando ya no contaba con ello.

París nos recibió con un chaparrón. Afortunadamente pasó rápido y lo mejor: los del hotel, al saber que era el cumpleaños de mi madre y su sueño ver París, nos dieron una buhardilla con vistas a la catedral.

Como no podía ser de otro modo, su laca nos acompañó.

Lo primero que le mostré fue el Panteón y los Jardines de Luxemburgo. Pero ella lo que quería ver era Notre Dame.

 

Y este es el reportaje, porque una imagen vale más que mil palabras.

Fue bonito comprobar que Notre Dame, como tantas damas de una cierta edad, resiste a todo.

Una vez constatado el estado de la catedral hicimos el típico recorrido en barco para disfrutar de la iluminación de la Torre Eiffel… y del poder beber mientras tanto.

 

Han sido unos días intensos y emotivos, en los que afortunadamente no ha terminado rodando ninguna cabeza.

 

Al día siguiente nos pusimos nuestros uniformes de parisinos y nos fuimos a posturear a Shakespeare & Company.

Posteriormente fuimos a recorrer Le Marais. Queríamos hacernos una foto con barras de pan bajo el brazo pero luego nos dio cosica y simplemente nos fotografiamos fingiendo esta charla.

Dos cosas impactaron a Lady Laca: el precio del vino y el minúsculo tamaño de los lavabos.

También le sorprendió cuánta gente viaja en el metro de París y las líneas elevadas.

En Montmartre fuimos a visitar los molinos, los viñedos, la casa rosa… pero no os preocupéis que nos os voy a poner todas las fotos.

En este barrio mi madre me hizo unas fotos muy artísticas. Y naturales, por supuesto.

Con lo que mi madre no contaba era con tomar un café en “Des 2 moulins”, el local donde trabajaba la protagonista de Amélie. ¡Le encantó!

Frente al Moulin Rouge bailamos un can-can. Como veis en nuestra familia no conocemos la vergüenza y nos sobra histrionismo.

Lady Laca estaba tan contenta que accedió a acompañarme al lugar de París que más ganas tenía yo de conocer: ¡el barrio asiático más grande de Europa! Eso es amor de madre.

Antes de cenar fuimos a descansar un rato a la habitación… y atención a la fotaza que me tomó mientras yo disfrutaba del balcón. ¡Ni Helmut Newton!

 

He confirmado que a mi madre le gusta una cámara más que a mí y que aún habla más que yo. También que las relaciones maternofiliales son un arte, y que al final, tras las expectativas y las mochilas, sólo somos personas haciéndolo lo mejor que sabemos y podemos.

 

Tras una cena pantagrüélica en la Rue Mouffetard (súper recomendable), a la mañana siguiente nos invadió el existencialismo.

Tras el café vino la sorpresa: ¡nos encontramos con unas amigas suyas en el Louvre!

En Palais-Royal quisimos simbolizar con una performance nada sutil los retos de la comunicación madre-hijo. Fue un éxito de público.

Unas obras en Place Vendôme nos obligaron a trepar el murete de un parking para conseguir el encuadre deseado, pero… ¿a que quedó bien la foto?

Clásicos que nunca fallan: las Galeries Lafayette. Un dato: ahora han colocado una pasarela en la cuarta planta para que puedas contemplar su cúpula desde el aire.

En cuestión de gustos Lady Laca viene a ser lo contrario a la Bauhaus, por eso la llevé a conocer el puente Alejandro III. Y le encantó.

La gran ilusión de Lady Laca era subir a la Torre Eiffel. Aquí, momentos antes de lograrlo. Quizá no haga falta que os lo diga pero… ¡sacad las entradas con antelación!

En el observatorio de la cima mi madre se emocionó muchísimo. Sí, al fin París estaba a sus pies. ¡Cómo nos acordamos del cuento de Violeta!

 

He confirmado que vale la pena hacer estos viajes.

Muchísimas gracias a RENFE SNCF y a TRYPTIC COMUNICACIÓ por implicaros con tanta ilusión desde el primer momento en esta aventura. No podríamos haber tenido mejor carroza de Cenicienta.

¡GRACIAAAAAAAAS!

 

Muchas gracias a los responsables del hotel que pensaron desde qué habitación mi madre tendría mejores vistas. Muchas gracias a PITICLI por sus itinerarios y paciencia.

Muchas gracias a Marta Ypunto por conseguirme un trípode exprés.

Un consejo de Lady Laca: da igual los tiempos que corran, que siempre te pillen con tu mejor presencia.

 

Y muchas muchas muchas gracias a todxs vosotrxs que habéis seguido nuestros stories con tanta participación.

¡Ha sido precioso!

Otra ventaja del tren: las conversaciones en la cafetería. Nada como hacer kilómetros juntxs para sentirnos más cerca.

 

¡Sed muy Felices!

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